Por Saki.

Estos últimos meses he asistido a diversos cursos tanto nacionales como internacionales: Valencia, Castellón, Versalles… desde maestros que ya conocía como Franck Cengizalp, Juan Tormo o Emilio Gómez (¿cuántas veces hemos hablado ya de ellos por aquí?) hasta un conclave entero de maestros europeos y japoneses. Pues bien, en todos ellos se ha hecho hincapié en la etiqueta.

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La servilleta SIEMPRE por debajo del keikogi

 Algunos ejemplos en la forma de vestir: atarse correcta y horizontalmente los lazos del x-dogi (iaidogi, kendogi, aikidogi… esto vale para todos nosotros).  nos explicaron el significado que tiene la lazada en forma vertical: esto significa que se está de luto. Para nosotros un detalle, pero para un maestro japonés que nos visite, por ejemplo, no.

Así sí

Otro detalle, importante en ese primer momento de la mañana que acabas de llegar y todavía no te ha hecho efecto el café, es recoger o dejar el arma sin agacharnos, es decir ponernos en seiza o en su defecto arrodillados con una pierna de lado, para poder colocar la espada en taito shisei al levantarnos.

 De la misma manera, nos dijeron que a la hora de quitar o poner la funda a nuestras armas y también limpiarlas, nunca lo hiciéramos dando la espalda al kamiza, colocándonos de frente o a un lado.

 Como anécdota también nos contaron que si alguna vez íbamos a Japón y acabábamos en casa de un maestro japonés o de alguien que tuviera una espada antigua y decidiera enseñárnosla, que jamás la tocáramos con las manos, por supuesto; dada la forma de ser de un japonés no te dirían nada, pero se considera una gran falta de respeto.

Al principio piensas “¿otra vez?” Pero en realidad, es como siempre en iaido: los pequeños detalles no son ni tan pequeños ni sólo detalles. Desde la forma de ponerse vestirse adecuadamente, comportarse en el dojo, limpiar el sable hasta matices que puedan parecer de menor importancia o incluso carecer de ella. Todo al fin y al cabo es la forma en que demostramos respeto: hacia lo que hacemos y hacia los demás.