(C) Japan Times

Paul Martin es un rostro conocido entre los aficionados al coleccionismo de la espada japonesa antigua. Comisario del departameno japonés del British Museum y traductor residente del Museo Nacional del Sable de Japón, este londinense llegó al mundo del katana de rebote: karateka profesional, entró en el Museo como guardia de seguridad.

Como la mayoría de gaijines absorbidos por la cultura tradicional de Japón, Martin lleva una década colaborando con la BBC y Discovery Channel en sus documentales sobre armas japonesas, así como publicando y traduciendo guías y catálogos. Era natural que su siguiente proyecto personal fuera TheJapaneseSword.com, un magazine digital que esta semana ha lanzado su segundo número en vídeo. En inglés y pensado para occidentales.

La sencillez de los medios de Martin no acusa amateurismo, y al contrario que otros documentalistas que se están pasando a Internet, conoce bien el lenguaje del vídeo online: nada de interminables colecciones de imágenes de 40 minutos; en su lugar reportajes independientes, bien realizados y montados, que no pasan de los ocho o nueve. La web como soporte de contenido y repositorio, y un perfil de Facebook para asegurar a los usuarios que no se pierden ninguna novedad. Y una careta interesante, con el inglés en medio de una abarrotada plaza urbana, rodeado de colegialas y salarymen, espada al hombro.

Sin embargo, conviene recordar que la fragmentación de los contenidos no debería ser excusa para ir rellenando un canal de Youtube sin un enlace órganico que los aglutine. Un vídeomagazine no puede ser sólo una colección de clips, más en un caso como este, que gira en torno a un área de conocimiento tan específica y con temas muy estrechamente relacionados entre sí.

La culpa de todo la tiene Facebook: la distribución de vídeos a través de los muros acaba por provocar que los shares y likes no se terminen de traducir en visitas. Si uno hace estas cosas fundamentalmente para que otros las vean, la falta de feedback real, de gente que vea un episodio y busque el siguiente, son las que acaban matando los proyectos.

Por lo pronto, y a falta de corregir algunas deficiencias de sonido, los diez vídeos del proyecto recorren varias escuelas de forja, poniendo rostro a los artesanos que todavía se dedican a la espada japonesa. En la web se pueden encontrar glosarios, tiendas licenciadas en Japón, consultoría de antigüedad y una sección dedicada fundamentalmente al público norteamericano: la posibilidad de devolver nihontos o guntos a sus dueños.