¿que haces QUÉ?

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Mamá kendoka: los primeros cuatro meses

Dicen que un bebé te lo cambia todo. Ya verás si cambia que este post tenía que haber sido CUATRO, uno por cada mes… y así estamos. #Bebékenshi nació en los primeros días de diciembre, en un parto natural asistido en hospital.

40 HORAS DE PARTO, COLEGAS

La primera semana: Estás feliz, estás pletórica, estás en una nube, estás emocionada y estás sangrando a base de bien. O puede que no, porque servidora vio que los sangrados eran escasos, que mi hija dormía como lo que es y se enganchaba a la teta nivel pro, y a los ocho días empecé a hacer vida normal. Salir, entrar, paseos largos bajo el sol de diciembre con nuestra niña a cuestas. GRAN ERROR, porque esto derivó en

La segunda semana: Al noveno día, hemorragia puerperal tamaño Lago Michigan y al hospital echando puñetas. Mamás kendokas, reposad. No hay prisa por hacer kendo ni por hacer nada: dejaos mimar. Eso lo aprendí un poco a trasmano, pero estuve dejándome mimar junto a #Bebékenshi las semanas siguientes antes no ya de coger un shinai sino de caminar más de seis metros.

Cuarta, quinta, sexta y séptima semanas: Decidimos prolongar las vacaciones de Navidad en mi pueblo y ahí sí, comencé a hacer ejercicio. Como no tenemos carrito podemos movernos con bastante libertad. Caminatas diarias por los huertos, al ritmo de los últimos meses de embarazo: si algo tiene mi tierra es que es todo llano.

Mamá kendoka: los primeros cuatro meses

Más o menos así fueron las visitas a la familia

Y a la séptima semana volví a entrenar.

Confieso que no lo esperaba tan, tan duro. Volver a kendo ha acarreado cambios drásticos más allá del hecho de ser madre. Cambio de dojo, y consecuentemente cambio de horario, cambio de sistema de enseñanza, de suelo, de relaciones y de rutinas físicas. Medir los tiempos al milímetro para separarte de tu bebé el menor tiempo posible y no comprometer la lactancia… porque la evolución juega en contra de tu kendo, mamá kendoka. TODO te grita que corras junto al cachorro; y lo oyes por encima de los kiais.

En cuanto a la técnica, he perdido menos de lo que creía: hacer kendo durante el embarazo me permitió centrarme en varios problemas. Los errores siguen ahí, pero he podido pulir varias cosas durante este último año y eso lo notas al volver. Haber entrenado embarazada también te ayuda a recuperar tu rutina: no vuelves después de un año sino después de cuatro meses. Eso sí, no te libras de las ampollas en los pies (¡y en las manos!) ni de ese dolorcillo del día siguiente. Pero es una gozada cuando puedes ponerte el hakama en su sitio, ¡y ponerte el bogu!

Eso sí: tu cuerpo ya no es el mismo.

¿Qué ha significado esto para mí? Fundamentalmente que han regresado mis problemas de equilibrio. Con los años uno aprende a hacer kendo con sus mierdas: yo tenía una serie de anclajes y trucos para reequilibrar mi cuerpo, que ahora se me han olvidado y además mi centro de gravedad ha cambiado. Así que ahí ando, trabajando sobre mis pies. Cuánto abrir, desplazamiento, kamae, y mirar para abajo de cuando en cuando para comprobar que siguen paralelos.

Lo mismo ocurre con la punta. Soy diestra… y cuando digo que soy diestra quiero decir que soy MUY diestra, ya me entendéis. La pérdida de práctica y de tono muscular hace que tenga que estar muy pendiente de mis suburis. Lo mismo ocurre con las espóradicas clases de iaido que he hecho hasta ahora.

Y supongo que huelga decirlo: el físico tiene que recuperarse POCO A POCO. No sólo acabo de parir, estoy criando. Eso quiere decir que comparto mis nutrientes con otra persona, y mi resistencia lo nota. Al final es una cuestión mucho más mental que corporal. Estás acostumbrada a entrenar cinco días a la semana, y ahora apenas puedes acabar un par de clases. En los keikos me falta cuerpo: durante el embarazo hacía algo de ji geiko, pero sin tai atari y con mucho cuidado. Reacostumbrarme al contacto es otra de las grandes dificultades de volver a kendo.

Lo que nos lleva a lo que quizá sea más duro de volver a kendo: los OBJETIVOS.

En circunstancias diferentes habría regresado a iaido antes que a kendo después de dar a luz, pero papá también es budoka y hay que repartirse los tiempos. Tenemos al menos la suerte de entrenar en días alternos. Una vez has vuelto a entrenar y tomado conciencia de los cambios, hay que replantear los objetivos. No lo veo como una renuncia a todo, sin embargo. Simplemente he marcado un par de fechas en mi calendario y a continuación he ido a entrenar: el objetivo, al fin y al cabo, es seguir haciendo kendo con mis nietas.

Veremos si cuando #Bebékenshi empiece a gatear puedo rascar el tiempo para ir a clase.

Mamá kendoka semanas 28-39: Papá Iaidoka

Tras nueve meses, y a punto de parir Mamá Kendoka, ¿qué tiene que decir Papi? Nada, para papi sin problemas. O bueno…

homer

“¿Que este año TAMPOCO vamos a Fontenay?”

Nos enteramos de que íbamos a ser padres al segundo mes. Coincidía con un cambio de dojo así que este cambio, siempre muy profundo para cualquiera, para nosotros lo fue todavía más: cambio de horarios, de sistema de enseñanza, de objetivos… y seguimiento de Mamá Kendoka (y iaidoka), de sus náuseas, bajadas de tensión, y alguna vez tener que ir corriendo detrás de ella para recordarle que ESTÁS EMBARAZADA, COPÓN en medio de algún keiko o kata.

Pero el embarazo es una gran experiencia para compartir entre dos. Gracias al trabajo que tengo he podido seguir el nuestro día a día. En cada consulta, en cada nueva vivencia del proceso. Durante esos nueve meses papá Iaidoka tiene que ayudar, apoyar… pero también hacer más que eso, y preparar todo para cuando nazca Bebékenshi, que es como nos ha dado por llamar a la Bebé en la red. También significa tomar decisiones difíciles, como dónde y de qué manera entrenar, o dejar a un lado la preparación de mi examen de iaido porque tengo que pasar más tiempo con mi hija y su madre. Pero eso significa ser un equipo, y nosotros somos un equipo. Dentro de poco, uno de tres.

Entrábamos en el segundo trimestre cuando tomamos una de esas decisiones difíciles: Huesca a tomar por saco. Huesca + mujer embarazada de cinco meses conduciendo + entrenamiento = complicado. Pero viajamos a Valencia a visitar a nuestros amigos, que nos reciben a los tres con los brazos abiertos, incluyendo una inolvidable clase de iaido en Makoto Shin Kai, aunque era su horario de kendo, para que pudiéramos entrenar ambos. Y eso que la espada de mi señora empezaba a necesitar su propio espacio orbital para hacer saya biki alrededor de ESO.

En verano, entre el segundo y el tercer trimestre, también comenzaron las clases de preparación al parto. Estas clases no son sólo para las madres, sino para los dos. Si además eres un papá o mamá con discapacidad, es bueno que acudas a tus clases porque ayudarás a otras parejas a vencer el miedo a la diversidad.

Y sobre todo, si piensas parir, haz Iaido, o Kendo.  Cuando te das cuenta que el “empuja” del parto es hacer seme en Mae, tu vida cambia. Te enseñan a poner la cadera para empujar a la vez que tu compañera… y es e-xac-ta-men-te nuestra forma de mover la cadera. Las kendokas, que tiráis men, que hacéis tai atari, lo sentiréis más, pero los iaidokas también tenemos que hacerlo. También la respiración es parecida (coge aire rápido, suelta aire leeeeeeeeeeento). Y sobre todo te sientes mucho más suelto, no tienes el miedo al ridículo que otros papás de la clase sí tenían. Por cierto, pocos padres todavía acompañando a sus embarazadas.

Y llega el tercer trimestre, el “parto del hombre”. Las limitaciones de movilidad de tu señora que te da la brasa cuando deja de entrenar, que se agobia, que insiste en hacer midori y claro, no la vas a dejar sola por Madrid con su propio campo gravitatorio. Pero tu vida sigue: ser padre no es sólo ser el compañero de la madre; en mi caso, la Universidad, el carnet de conducir que ahora nos hará falta. Fabricar una cuna y pintar y preparar la habitación de la nena. Prioridades que siguen cambiando y que van a más. Vamos, que en septiembre y octubre ha hecho iaido Rita.

El parto ya casi ha llegado, y en él comienza realmente el trabajo de papá. Después hay que ayudar a que la Mamá se recupere presta. A la  hija la ha llevado nueve meses la madre, con lo cual Papi Iaidoka tiene doble tarea, cuidar a su bebé y a su mujer. El doble de trabajo para él y la mitad para ellas.

Y aunque no hago kendo, tengo claro que a partir de ahora iremos a kendo los tres, que para algo es nuestra segunda casa.

“Pero no le digas a mamá que es mucho más molón el iaido”

Guerreras: Sari Turinen

Guerreras_kenshi_women

Aunque llevábamos un tiempo coqueteando con esta sección dedicada a las mujeres kenshi más destacadas, la idea, el impulso y toda la documentación de este aperiódico que arrancamos hoy fueron de Gala Álvarez, buena amiga de este blog y kenshi del dojo Shion de Málaga, España. Nosotros sólo ponemos el envoltorio.

Este fin de semana se celebra el I Seminario de Kendo y Iaido en Castellón, dirigido por Emilio Gómez. Quien haya tenido la inmensa suerte de conocer a Emilio sensei sabe del valor de compartir un minuto con él, ya sea entrenando, mirando o escuchando en uno de esos tiempos muertos de los cursos y sayonaras.

En el dojo Butokukan de Bruselas cuentan con doble suerte, pues junto a Emilio entrena y enseña Sari Turunen, quinto Dan en Kendo y Nidan en iaido, que forma parte del comité del Butokukan casi desde su fundación.

El Comité del Butokukan Kendo y Iaido Bruselas. Sari Turunen es la primera por la izquierda.

El Comité del Butokukan. Sari Turunen es la primera por la izquierda.

Apasionada de la naturaleza y la fotografía, resulta paradójico que en Internet se puedan encontrar sus increíbles trabajos como paisajista, pero apenas imágenes suyas como kendoka y iaidoka. Es un trabajo duro encontrar información, cada vez que buscamos a una de las precursoras que nos marcan el camino a las demás. Tampoco es sencillo encontrar mucho más contenido sobre las kenshis japonesas.  Y, como muchos ya habréis leído, atesoramos estos dos textos que publicó hace unos años en la red, que han sido traducidos al español por otra mujer kenshi, Asun González:

¿Cómo será volver a empezar a practicar kendo después de un shiai como este, especialmente cuando no hay garantía de que mi estado físico vuelva a ser el de antes? Los primeros meses serán un gran reto, porque mi mente quiere practicar de la misma manera que antes, pero eso no es posible. La siguiente fase en la práctica de ser paciente, será comenzar el entrenamiento reposadamente, empezando por la base de nuevo, como un principiante. Por supuesto, es el mejor momento para concentrarse en corregir los errores de siempre.
El ayer ya no existe y el mañana aún no ha llegado, ¿por qué hay que preocuparse?

(Shiai Interior)

 

Algunos amigos me han hablado sobre la relación vivir-vencer y morir-perder. Según esto, quien “vence” al cáncer y continúa viviendo es un vencedor; mientras que, el que muere en la batalla sería un perdedor porque ¿cómo podría un muerto ser un ganador? Me he parado muchas veces a pensar seriamente sobre mi propia vida y muerte. La vida y vivir han adquirido gran importancia para mí y, por otro lado, he llegado a comprender que la muerte es parte de la vida. Todos y cada uno de nosotros tenemos un mismo final: muerte física. Esto no significa que vayamos a ser unos perdedores.

Cuando hablamos de vida, qué significado tiene vivir o morir; de la misma manera, ¿cuál es la importancia de conseguir puntos comparada con hacer un buen combate? Es esencial vivir cada momento de manera que estemos siempre listos para morir sin remordimientos del tipo: no he hecho lo que debería haber hecho o viceversa.

La cuestión no es cuántos años vives, sino cómo vives.

(Kiai Silencioso)

Creemos que esta carencia se debe en gran parte a la humildad, y no queremos convertir esto en una intrusión. Se descubre un trocito de su historia en este ejemplar de la revista Tengu, de la Federación Finesa de Kendo, en 1999. Entonces ya había mujeres abriendo el camino en un entorno en el que, como en muchos otros, seguimos siendo una minoría. Pero incluso en los momentos en los que podamos sentirnos más solas, hemos de pensar en nombres como Sari Turunen, y recordar que no lo estamos.

Mamá kendoka semanas 22 a 27: midori loco

-Es imposible_ dijo el orgullo.
-Es arriesgado_ dijo la experiencia.
-Es el veranillo de San Miguel y estamos a 35 grados _dijo la razón.
-Es el séptimo mes, tía _ dijo la ley de la gravedad.

Y con el do todavía bien colocado y el hakama a la altura de las rodillas, el martes fui a entrenar.

La kendoka pocha: midori del hamor

Y así paso las tardes

En abril ya sabía que este momento tenía que llegar. De hecho, entrenar kendo durante el embarazo es un camino lleno de concesiones: vas prescindiendo del men, del tare, del obi para el iaito, del fumikomi, del keiko… Vas adaptándote a los cambios en tu cuerpo adaptando lo que en cada momento vas a poder hacer. Y con todo, puedes aprovechar ese tiempo para hacer pequeñas mejoras, o cuanto menos ser más consciente de tus errores, ya que te has dejado por el camino también la velocidad y la fuerza. Con todo, creo que ha habido pocos días de kendo en mi vida en que lo haya pasado peor.

La fatiga física no es el mayor de los problemas: cuentas con ella, porque El Bebé se mueve y cuelga de ti dentro y fuera del dojo. No me canso más tratando de tirar men pequeño que caminando. Lo peor, como en muchas lesiones, es que no pules tus errores: al contrario, estos parecen agrandarse. ¡Vuelves a casa con agujetas en el brazo derecho, demonios! Las piernas te las han cambiado por dos palos de surimi y tu cadera… bueno, se supone que la cadera y el centro de gravedad siguen en el mismo sitio, pero por algún motivo te ves pasando de medio lado. Estoy en el tercer trimestre: mi pelvis se va abriendo poco a poco, y el ciático lo empieza a notar. La cadera debería seguir en su sitio, sí… pero yo ya no lo estoy o me veo aflojándome como un pudding mientras tiro la técnica.

Otro aspecto que se ha vuelto cuesta arriba es la recuperación: lo que hasta julio llevó como mucho un par de horas más de lo habitual, esta semana fueron tres días. Es natural que la presión arterial baje un poco durante el embarazo, y que el ejercicio la baje todavía más. Pero que sea natural no significa que no sea molesto, y que día y medio viendo bailar los posters del despacho tenga gracia.

Y la cabeza. La cabeza que sigue funcionando sola. Que ve tu palidez reflejada en la cara de tus compañeros y de tus instructores, que te conocen lo bastante bien para saber qué significa para ti la imposibilidad de entrenar y no se atreven a sugerite que quizá Lo Inevitable ya está aquí. El pavor de no mejorar sino empeorar, de no saber si podrás volver a hacer un keiko decente en tu vida. Los diez años de frustración que habías olvidado y que de pronto se te echan otra vez encima. El pánico. Los que me conocéis en persona sabéis de lo que hablo, así que no voy a extenderme más.

Y las petardas del grupo de preparación al parto que te sugieren que qué más da, si total no vas a hacer kendo cuando seas madre, porque tu lugar ya no está ahí.

La mayoría de las kendokas que he sabido que entrenaron durante el embarazo fueron retirándose más o menos en este momento, alrededor del séptimo mes. Sé de al menos una que entrenó hasta el octavo. Aunque nada parece ir fuera de lo normal, me temo que estas serán mis últimas semanas de práctica.

Lo único que no está equivocado aquí es el disco de KISS

La mayoría de las kendokas que he sabido que entrenaron durante el embarazo fueron retirándose más o menos en este momento, alrededor del séptimo mes. Sé de al menos una que entrenó hasta el octavo. Aunque nada parece ir fuera de lo normal, me temo que estas serán mis últimas semanas de práctica. Entrené solamente un día esta semana, y volveré la semana que viene. Mientras, trataré de comprobar hasta dónde puedo llegar en iaido, que será lo que más se complique cuando tenga al Bebé conmigo. Después, seguiré mis rutinas horarias y haré midori en las horas de clase: es lo que he tenido que hacer en los keikos desde junio. Mirar no sustituye a hacer, pero me permite seguir concentrada en kendo y pensando en mis propios objetivos.

Mientras, Miyuki, una compañera japonesa, le ha regalado el primer tenugui de mi Bebé.

Seis cosas que quizá no sabías sobre el descanso

Ahora sí, los dojos han cerrado, apenas queda alguna cita suelta del kendotour  y en general nuestras familias han entrado en ese mes del año en que nos dicen OYE, YA VALE, PESAO. Al contrario que desesperarnos por no tener clases de kendo en las próximas cuatro o seis semanas, quizá deberíamos reflexionar un poco sobre la necesidad de descansar.

 1.- La falta de descanso es uno de los factores más altos de lesión en los deportistas amateur.

Hay pocas frases menos afortunadas en artes marciales que esa de mientras descansas, tu enemigo entrena. O sea, que donde los profesionales tienen un preparador que les dice lo mismo que nuestra familia nosotros no lo tenemos, y compensamos fallos con más entrenamiento.

Al final te vas a hacer daño

Para obtener buenos resultados en cualquier deporte (y el kendo tiene mucho de deporte aunque alguno no quiera oírlo) es necesario entrenar a tope… pero planificando bien. Los especialistas en Medicina del Deporte y tres o cuatro páginas que hemos pillado por ahí aconsejan descansar al menos un día a la semana y un mes al año: la Academia Americana de Pediatría recomienda dos días de descanso a la semana, y dos o tres meses de vacaciones, para niños y adolescentes.

En el tiempo de descanso podemos y debemos acondicionar nuestro cuerpo: el último punto de este post se lo dedicamos al descnaso activo. Pero vamos, que no nos va a pasar nada por no hacer kendo cuatro semanas al año.

 2.- Tu cuñado el cortisol.

Llaman al cortisol “la hormona del estrés”. Se produce de forma natural en las glándulas suprarrenales como respuesta al estrés muscular: una de sus funciones es incrementar los niveles de glucosa en sangre y aumentar así la disposición de energía cuando entrenamos. Si no descansamos, nuestro cuerpo sigue produciendo cortisol y nuestros músculos no se recuperan: incluso puedes acabar perdiendo masa muscular. El descanso, sobre todo llevar constancia en las horas de sueño, es el momento en que el organismo reduce la cantidad de cortisol.

3.- El entrenamiento mejora con el descanso, y no al revés.

Si aprendemos a descansar correctamente nuestro entrenamiento mejorará. No sólo en lo tocante al rendimiento físico sino también el psicológico: al esfuerzo tenemos que añadir las pesadillas, las técnicas que no nos salen, el calendario de competiciones y exámenes de grado. Todo eso repercute en nuestro trabajo.

El dr. Selye, muy relajado

 

Esto lo estudió el descubridor del estrés, Hans Selye, ya en 1946: el exceso de estímulos acaba por degradar nuestra respuesta. Te vuelves más lento, te cuesta más mejorar una técnica concreta, llega la desmotivación y detrás de ella las lesiones. Ahí has entrado ya en el territorio del sobreentrenamiento: la mayoría de artistas marciales lo sufrimos antes en la cabeza que en los pies.

4.- El descanso, como el entrenamiento, tiene su rutina.

Igual que planificamos la calidad de nuestras clases de kendo y procuramos equilibrar técnica y físico, el descanso es mucho más que tirarse a la bartola. Las vacaciones son un buen momento para adquirir hábitos que podamos incorporar durante la temporada. Los dos últimos puntos pueden servirte para empezar:

5.- Tu amiga la siesta.

En general poca gente duerme bien. O al menos poca gente duerme las ocho horas de rigor. Al cabo del tiempo eso pasa factura en el kendo: sobre todo porque durante la temporada sacamos tiempo para entrenar después del trabajo o las clases, y nuestros horarios no son todo lo saludables que quisiéramos. Ahora es el momento de aprovechar los cambios de jornada o las vacaciones para recuperar sueño.

Para los que no disfrutan de la siesta, están las técnicas de relajación y meditación: eso que haces como que te concentras mucho al final de la clase pero estás pensando en la excusita que vas a poner para prolongar las cervezas. ¿Qué tal si te sientas en mokuso cinco minutos antes de cenar?

Parece una tontería, pero te enseña a respirar

6.- Técnicas de descanso activo.

Se llama descanso activo al reposo de nuestra actividad alternando con ejercicios de bajo rendimiento: los especialistas recomiendan especialmente actividades al aire libre. Aunque alguna vez ya hemos hablado de crosstraining, en este caso se trata de descansar haciendo algo, que también tocamos a principios de verano. Estiramientos, natación, coger la bici, alterar incluso las rutinas de físico…

Como veis, una vez más trabajar con el cuerpo pero dejando a la mente tranquila. Además, adaptar el organismo a condiciones diferentes o medios diferentes como el agua mejora la capacidad de respuesta a los estímulos. Y por último, seguro que todos tenéis ya vuestro fisioterapeuta o quiromasajista de confianza: aprovechad para visitarle y no le dejéis sólo para el verano.

Y total, antes de lo que tardais en leer esto vamos a estar dándonos bambú…

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