Andaba ya con ganas de dedicarle un post (que ya ves tú) al trabajo que Antonio García Piñar y su equipo están llevando a cabo en la revista digital Dokkodo, y la colaboración de nuestro amigo Marcos Sala en el último número es una excusa más que apropiada.

Portada de Dokkodo n. 8

Portada de Dokkodo n. 8

Hace años que los artistas marciales estamos huérfanos de publicaciones específicas para un campo como el nuestro, a medio camino entre lo deportivo y lo artístico. Queda por redefinir cómo encaja el deporte en general en el mundo de la cultura, y por qué, en mi opinión injustamente, se habla de cultura Y deporte, como si éste fuera un fleco que va colgando. Y del fleco colgamos nosotros, que además nos tenemos que batir con la Era de Acuario y el mundo otaku, tan voluntarioso pero (en ocasiones) tan alejado de la realidad. En este estado de cosas, escasean las revistas de artes marciales en español y los escasísimos ejemplos que han sobrevivido al boom de los 80 son más bien un catálogo de productos que publicaciones de actualidad o investigación. Y es razonable que así sea, porque a sus editores les interesará comer tres veces al día y pagar el servidor o la imprenta. Pero el caso es que esa es nuestra realidad, y en este panorama llegó Dokkodo.

Dokkodo es una revista de artes marciales, pero no sobre artes marciales japonesas, ni tradicionales, ni sobre deportes de contacto. De hecho resulta muy gratificante ver contenidos frecuentes sobre esgrima española. No se trata de artículos académicos pero sí de investigaciones detalladas, en las que los autores ponen años de experiencia al servicio de la comunicación, sin concesiones al Flipaojutsu y con todo el rigor de que son capaces. Se echa de menos algo de edición en los textos, a veces un poco demasiado entusiastas.

Marcos y Shimizu sensei en un gasshuku en Alicante (c) Dojo Seishukai

En este espacio se sitúa la última contribución de Marcos Sala, dedicada a su escuela de Naginatajutsu, Ryo En Ryu,  y más específicamente a su maestra, Shimizu Nobuko sensei. Acusa la exhaustividad a que Marcos nos tiene acostumbrados, en sus intervenciones aquí y en sus aportaciones académicas, y que en ocasiones pueden resultar un tanto apabullantes.

Sin embargo, la entrevista con la maestra es aguda y francamente interesante. Destruye algunos de los mitos que nos hacemos sobre las escuelas antiguas: Shimizu comenzó a practicar a los 31 años, nada que ver con esas leyendas de niñas pequeñas hiriéndose las manos en un patio bajo la lluvia de otoño. Las preguntas nos muestran a una mujer respetada en el campo marcial y en el académico, a una investigadora de carrera y una pedagoga de amplias miras. Sobre el papel de las mujeres en el Budo (un tema que aquí no interesa absolutamente nada), la maestra sugiere un rol proactivo, relacionado con la iconografía tradicional japonesa de lo femenino. Valores que representan a ese tipo de mujer en grupos mixtos, más que adaptaciones del Budo a las mujeres.

Dokkodo es una publicación gratuita que se financia con publicidad. Habría que preguntarse si, para garantizar la continuidad de estas iniciativas, los lectores podríamos (o deberíamos) firmar suscripciones. Si no, el panorama divulgativo del Budo continuará a merced de la voluntad y el entusiasmo de sus practicantes.