¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

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Mamá kendoka semanas 16 a 22: Mamá iaidoka

Ya están ahí. ¿Las oís? Son LAS HORMONAS.

Ya están ahí. ¿Las oís? Son LAS HORMONAS.      Y eso que sólo estamos presupuestando el carrito...  Entre ellas, la tensión y los 42º a los que hemos llegado en este mes de julio, Lo Inevitable ha acabado por llegar. En mi dojo de kendo, los horarios de fin de temporada se basan en mawari geiko, keiko libre sin clase técnica. El hecho de que tus compañeros estén haciendo combate no elimina las oportunidades para aprender, pero acudir al dojo a 40 grados para hacer midori geiko requiere una buena dosis de voluntad.  No es que no se pueda hacer keiko durante el embarazo: cada embarazo lleva su proceso y yo aquí cuento simplemente mi experiencia sin estrapolar. Yo llevo desde mayo sin hacer combate y me siento muy feliz y enfocada en el aprendizaje y no lo echo de menos nada.  Además, siempre nos quedará el iaido, ¿no?  Hacer iaido durante el embarazo ha sido más difícil que hacer kendo: añadido al hecho incontestable de que yo soy una kendoka que hace iaido y no una iaidoka, el iaido requiere mucha concentración; y ésta no es fácil de conseguir cuando estás lidiando con las náuseas del primer trimestre, los cambios de temperatura corporal y la tensión arterial del segundo en adelante.  Por supuesto, conforme avanza la gestación empiezas a adaptar tu entrenamiento. Se acabó subir y bajar 15 veces por kata y bajar a seiza como la gente normal. Si mi equilibrio es de natural un poco caprichoso, con la apertura progresiva de la pelvis se ha vuelto imprevisible, y me bastó una caída de culo al principio para darme cuenta de que tenía que hacerme la geisha una temporada.  En cuanto a los katas de suelo tenía dos opciones: trabajar todo el tiempo de pie o al contrario, no ponerme de pie. Escogí esta última opción tras comprobar que puedo seguir profundizando en detalles como el ritmo, los movimientos o la propia inclinación del cuerpo. Con el kata Uke Nagashi no hay negociación posible: se hace el kata menos veces de lo habitual, mucho más despacio.  Los momentos más festivos del iaido durante el embarazo los han dado los detalles posturales: la espada ya no puede ir en su sitio y la medida de "los puños" que utilizamos para colocar la tsuba directamente desaparece. Mi tsuba ya está a la altura de Calasparra. La hakama de iaido ha ido bajando de forma inversamente proporcional a cómo ha subido la hakama de kendo, aunque en iaido hay menos riesgo de pisársela. Hace un par de semanas, compartiendo entrenamiento con los amigos de Makoto Shin Kai, desapareció también el obi: a esa altura no puedes llevarlo todo y pretender hacer saya biki alrededor de este pedazo de circunferencia.  Queda una semana de clase de kendo y de iaido: no hay kendotour para mí este año. Algo tendré que hacer.

Y eso que sólo estamos presupuestando el carrito…

Entre ellas, la tensión y los 42º a los que hemos llegado en este mes de julio, Lo Inevitable ha acabado por llegar. En mi dojo de kendo, los horarios de fin de temporada se basan en mawari geiko, keiko libre sin clase técnica. El hecho de que tus compañeros estén haciendo combate no elimina las oportunidades para aprender, pero acudir al dojo a 40 grados para hacer midori geiko requiere una buena dosis de voluntad.

No es que no se pueda hacer keiko durante el embarazo: cada embarazo lleva su proceso y yo aquí cuento simplemente mi experiencia sin estrapolar. Yo llevo desde mayo sin hacer combate y me siento muy feliz y enfocada en el aprendizaje y no lo echo de menos nada. Qué va. Qué va. Qué va.

Además, siempre nos quedará el iaido, ¿no?

Hacer iaido durante el embarazo ha sido más difícil que hacer kendo: añadido al hecho incontestable de que yo soy una kendoka que hace iaido y no una iaidoka, el iaido requiere mucha concentración; y ésta no es fácil de conseguir cuando estás lidiando con las náuseas del primer trimestre, los cambios de temperatura corporal y la tensión arterial del cuarto mes en adelante.

Por supuesto, conforme avanza la gestación empiezas a adaptar tu entrenamiento. Se acabó subir y bajar 15 veces por kata y ponerse en seiza como la gente normal. Si mi equilibrio es de natural un poco caprichoso, con la apertura progresiva de la pelvis se ha vuelto imprevisible, y me bastó una caída de culo al principio para darme cuenta de que tenía que hacerme la geisha una temporada.  En cuanto a los katas de suelo tenía dos opciones: trabajar todo el tiempo de pie o al contrario, no ponerme de pie. Escogí esta última opción tras comprobar que puedo seguir profundizando en detalles como el ritmo, los movimientos o la propia inclinación del cuerpo. Con Uke Nagashi no hay negociación posible: se hace el kata menos veces de lo habitual, mucho más despacio. He dejado de hacer Tsuka Ate, porque lo que necesito trabajar del kata es precisamente lo que ahora no puedo trabajar.

Los momentos más festivos del iaido durante el embarazo los han dado los detalles posturales: la espada ya no puede ir en su sitio y la medida de “los puños” que utilizamos para colocar la tsuba directamente desaparece. Mi tsuba ya está a la altura de Calasparra. La hakama de iaido ha ido bajando de forma inversamente proporcional a cómo ha subido la hakama de kendo, aunque en iaido hay menos riesgo de pisársela. Hace un par de semanas, compartiendo entrenamiento con los amigos de Makoto Shin Kai, desapareció también el obi: a esa altura no puedes llevarlo todo y pretender hacer saya biki decentemente alrededor de este pedazo de circunferencia.

Ya están ahí. ¿Las oís? Son LAS HORMONAS.  Ya están ahí. ¿Las oís? Son LAS HORMONAS. Y eso que sólo estamos presupuestando el carrito... Entre ellas, la tensión y los 42º a los que hemos llegado en este mes de julio, Lo Inevitable ha acabado por llegar. En mi dojo de kendo, los horarios de fin de temporada se basan en mawari geiko, keiko libre sin clase técnica. El hecho de que tus compañeros estén haciendo combate no elimina las oportunidades para aprender, pero acudir al dojo a 40 grados para hacer midori geiko requiere una buena dosis de voluntad. No es que no se pueda hacer keiko durante el embarazo: cada embarazo lleva su proceso y yo aquí cuento simplemente mi experiencia sin estrapolar. Yo llevo desde mayo sin hacer combate y me siento muy feliz y enfocada en el aprendizaje y no lo echo de menos nada. Además, siempre nos quedará el iaido, ¿no? Hacer iaido durante el embarazo ha sido más difícil que hacer kendo: añadido al hecho incontestable de que yo soy una kendoka que hace iaido y no una iaidoka, el iaido requiere mucha concentración; y ésta no es fácil de conseguir cuando estás lidiando con las náuseas del primer trimestre, los cambios de temperatura corporal y la tensión arterial del segundo en adelante. Por supuesto, conforme avanza la gestación empiezas a adaptar tu entrenamiento. Se acabó subir y bajar 15 veces por kata y bajar a seiza como la gente normal. Si mi equilibrio es de natural un poco caprichoso, con la apertura progresiva de la pelvis se ha vuelto imprevisible, y me bastó una caída de culo al principio para darme cuenta de que tenía que hacerme la geisha una temporada. En cuanto a los katas de suelo tenía dos opciones: trabajar todo el tiempo de pie o al contrario, no ponerme de pie. Escogí esta última opción tras comprobar que puedo seguir profundizando en detalles como el ritmo, los movimientos o la propia inclinación del cuerpo. Con el kata Uke Nagashi no hay negociación posible: se hace el kata menos veces de lo habitual, mucho más despacio. Los momentos más festivos del iaido durante el embarazo los han dado los detalles posturales: la espada ya no puede ir en su sitio y la medida de "los puños" que utilizamos para colocar la tsuba directamente desaparece. Mi tsuba ya está a la altura de Calasparra. La hakama de iaido ha ido bajando de forma inversamente proporcional a cómo ha subido la hakama de kendo, aunque en iaido hay menos riesgo de pisársela. Hace un par de semanas, compartiendo entrenamiento con los amigos de Makoto Shin Kai, desapareció también el obi: a esa altura no puedes llevarlo todo y pretender hacer saya biki alrededor de este pedazo de circunferencia. Queda una semana de clase de kendo y de iaido: no hay kendotour para mí este año. Algo tendré que hacer.     Y eso que sólo estamos presupuestando el carrito...  Entre ellas, la tensión y los 42º a los que hemos llegado en este mes de julio, Lo Inevitable ha acabado por llegar. En mi dojo de kendo, los horarios de fin de temporada se basan en mawari geiko, keiko libre sin clase técnica. El hecho de que tus compañeros estén haciendo combate no elimina las oportunidades para aprender, pero acudir al dojo a 40 grados para hacer midori geiko requiere una buena dosis de voluntad.  No es que no se pueda hacer keiko durante el embarazo: cada embarazo lleva su proceso y yo aquí cuento simplemente mi experiencia sin estrapolar. Yo llevo desde mayo sin hacer combate y me siento muy feliz y enfocada en el aprendizaje y no lo echo de menos nada.  Además, siempre nos quedará el iaido, ¿no?  Hacer iaido durante el embarazo ha sido más difícil que hacer kendo: añadido al hecho incontestable de que yo soy una kendoka que hace iaido y no una iaidoka, el iaido requiere mucha concentración; y ésta no es fácil de conseguir cuando estás lidiando con las náuseas del primer trimestre, los cambios de temperatura corporal y la tensión arterial del segundo en adelante.  Por supuesto, conforme avanza la gestación empiezas a adaptar tu entrenamiento. Se acabó subir y bajar 15 veces por kata y bajar a seiza como la gente normal. Si mi equilibrio es de natural un poco caprichoso, con la apertura progresiva de la pelvis se ha vuelto imprevisible, y me bastó una caída de culo al principio para darme cuenta de que tenía que hacerme la geisha una temporada.  En cuanto a los katas de suelo tenía dos opciones: trabajar todo el tiempo de pie o al contrario, no ponerme de pie. Escogí esta última opción tras comprobar que puedo seguir profundizando en detalles como el ritmo, los movimientos o la propia inclinación del cuerpo. Con el kata Uke Nagashi no hay negociación posible: se hace el kata menos veces de lo habitual, mucho más despacio.  Los momentos más festivos del iaido durante el embarazo los han dado los detalles posturales: la espada ya no puede ir en su sitio y la medida de "los puños" que utilizamos para colocar la tsuba directamente desaparece. Mi tsuba ya está a la altura de Calasparra. La hakama de iaido ha ido bajando de forma inversamente proporcional a cómo ha subido la hakama de kendo, aunque en iaido hay menos riesgo de pisársela. Hace un par de semanas, compartiendo entrenamiento con los amigos de Makoto Shin Kai, desapareció también el obi: a esa altura no puedes llevarlo todo y pretender hacer saya biki alrededor de este pedazo de circunferencia.  hakama_iaido_embarazada     Cómo será de largo el iaidogi y NI ASÍ  Queda una semana de clase de kendo y de iaido: no hay kendotour para mí este año. Algo tendré que hacer.

Cómo será de largo el iaidogi y NI ASÍ

Queda una semana de clase de kendo y de iaido: no hay kendotour para mí este año. Algo tendré que hacer.

Ponte bien el obi

Resulta que Saki y yo nos vamos a vivir juntas.

No será hoy ni mañana, y de momento seguiremos actualizando en nuestros respectivos blogs (y por eso, querido compañero que te estás enterando ahora mismo, no os hemos pasado users nuevos), pero en el dominio propio nos podremos permitir cosas como este vídeo, gestionar otro tipo de contenidos que hasta ahora corren en Facebook y tener algo más de autonomía.

Nos gustaría que le echárais un vistazo al clip y que nos digáis qué os gustaría ver, qué echáis de menos y cómo hacerlo mejor la próxima vez. Mientras tanto, como sabemos que no somos las únicas iaidokas a las que se les cae el hakama, os dejamos nuestro primer truco, que pasa por llevar el obi bien puesto.

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