¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Tag: música

Los jueves, foto: el ritmo del dôjô

Taiko

Tambor Taiko

NUESTRO tambor taiko, importado de Chiryu, Japón, es el que nos recuerda cuándo debemos iniciar o terminar un combate o una clase. No lo vinculamos a los que había en las galeras romanas. El sonido de este taiko lo vinculamos a nuestra disciplina y su retumbar es un sonido que resulta agradable a nuestros oídos de budoka. Entrenar con él en el dojo anima nuestro espíritu.

Los miércoles pop: lo hacemos entre todos

Ha venido a quedarse unos días una bonita faringitis como un piano de grande. Os dejo algunas fotografías de los posts que se han quedado a la mitad, y el texto lo ponéis vosotros, ¿vale?

Hala, ahí lo lleváis, majos. A Adivinar.

Y anda que esta.

(fuente del vídeo: Kendo World)

Los miércoles pop: too close

No sé si Too close podría denominarse un hit, pero desde luego ha sido una de esas canciones que empiezan a sonar, las ponen en el anuncio de Internet Explorer 9 y  LO PETAN. Al menos en el Reino Unido: casi cuarenta millones de clicks tiene el vídeo.

Puristas, no se ofendan todavía y guarden hasta haber leído un poco más. En una entrevista para el Huffington Post de julio de 2012, Clare manifestaba con total honestidad por qué esta ensalada de guarrazos, brincos y saltos mortales:

Me and a friend of mine were discussing samurais and he really wanted to put like samurai’s cutting each other up in the music video. But the budget wouldn’t stretch so we had to settle with kendo fighters instead. I think samurais with swords slopping off pieces of each other would have been much more entertaining. But, you know, budget and viewer discretion can never be guaranteed.

Más adelante Clare especula sobre la identificación de “lo samurai” con el conflicto, que es de lo que asegura trata su tema. Yo no consigo identificar tal conflicto y no escucho más que un no-eres-tú-soy-yo de cuatro minutos. Más atractivo para estos miércoles pop es por qué samurai significa para ellos acrobático: este mashup de Wushu, Juyo y béisbol tiene poco que ver con la esgrima japonesa.

Lo interesante es que dos practicantes de kung fu habrían conseguido una espectacularidad marcial perfectamente apropiada para un vídeo como este. Sin embargo Clare y su amigo (al que presumo Ian Bonhôte, director del clip) querían samurais. ¿Por qué? El samurai de la cultura popular se identifica con la muerte. Ante los ojos de los occidentales contemporáneos el vínculo del honor bushi con el suicidio era de tal fuerza que, si de estos occidentales (y de sus equivalentes mishimas) dependiera, para cuando el Comodoro Perry desembarcó se habría encontrado Japón vacío.

Aunque Clare no lo confiese, era la muerte lo que estaban buscando. Muerte violenta (exageradamente violenta) en medio de las ruinas de los Docklands para representar la muerte de una relación en ruinas; más aún, matar la relación antes de morir asfixiado.

Curiosamente, el clip ha tenido muy mala aceptación y no de parte de la comunidad kendoka, que se lo ha tomado con bastante salero. Los fans y la crítica musical destacan la inoportunidad de los luchadores y su nula relación con la letra. Incluso algún crítico ha llegado a intuir la poca gracia del combate.  Nada que ver con el cuidadoso, sugerente y pícaro trabajo de los pobres DelaVega hace casi diez años, que paradójicamente recibió mejor respuesta fuera del kendo. Al menos hemos aprendido a relajarnos y hacer nuestros mashups:

No estáis contentos con nada

Algunas apropiaciones pop del kendo viralizan rápido. La suerte de este vídeoclip, que tiene ya unos años, ha sido dispar. Muy pocos aprueban ver al campeón de Bélgica y su esposa dándole muy duro al nuki mientras Lize Accoe canta put your hands between my legs and I’m sure I’m going to get high…

Firmaban esto los flamencos DelaVega, formación que arrancó en 2004 con este tema, Surely, y que se disolvió en 2007. Surely es su canción más conocida, recibió críticas más que elogiosas en el círculo de la música independiente europea, y el vídeoclip fue nominado en el Cut Film Festival de Brighton precisamente por todo lo que me hace amarlo, y a muchos kendokas odiarlo: sus contrastes. “Un aire a Kill Bill sin adulterar” (bueno, aquí la crítica patinó un poco); paisaje industrial, blancura de hospital y la luz saturadísima mientras dos samurais contemporáneos combaten _casi casi llegados desde una realidad diferente_. Bajo, cuerdas y metal convierten su geiko en dub jazz.

Desconozco si alguno de los miembros de DelaVega tenía relación con el budo, aunque intuyo que, de no ser así, quedaron fuertemente impresionados. No sólo rodaron el clip con el dojo Ko Jika de Gante sino que dedicaron al kendo la portada de su EP. El joven de la foto también aparece en el vídeoclip, aunque sus protagonistas son inequívocamente los dos guerreros: Wesley Haecke y su mujer, Yano Chieko. El detalle aumenta el… calor, por así decirlo, del trabajo, pues la canción gira, como hemos dicho, en torno a la seducción:

I don’t know why
you always try to deny
this intensively
journey of two bodies
with one mind.

¿Y quién no ha tenido ese subidón en un geiko? ¡Porque yo sí!

Sin embargo, como decía, el vídeo despierta suspicacias en todos los idiomas. “¡La letra no tiene nada que ver con el kendo!” “¡Es pop, no es el espíritu samurai!” “Pero pero pero… ¡si dice que le ponga LA MANO AHÍ!” “Qué pena que salga una gorda” (mi favorito). Me temo que los occidentales estamos poco acostumbrados a las obras que toman elementos del Budo con algo de distancia. Hay muchos más ejemplos en Japón, que iremos viendo; pero muy pocos por aquí. Resulta paradójico que lo que más incomode a los occidentales sea la combinación de sexo, kendo, saxos y guitarras.  Porque ése el problema: que no hay ikebanas sino regletas de enchufes, baldosines en vez de madera de roble, tuberías en vez de paulonias y que todo en este trabajo es anti-japonés.

O al menos, contrario a la idea que tenemos de lo japonés. En realidad, la melodía tiene muchos puntos en común con las músicas icónicas del género, sin ir más lejos el Shura no Hana de Lady Snowblood _y en definitva de Kill Bill, ya que lo menciona el crítico_. Tampoco vienen a descubrir la rueda: la metáfora del sexo como combate es tan vieja como el mundo. El Kuinumi, la leyenda fundacional de Japón, incluye un coito y una lanza. Y en la cultura popular contemporánea tenemos tantos ejemplos como queramos. A mí me gusta este: kendo no hacen, pero tiran un edificio.

Alguno podrá argüir que el clip representa al kendo en un entorno falso. No sé qué podemos entender por falso, pero, ejem, sin acritud: nuestra espada es de madera. Venga ya: ¿no hay nadie más en la sala harto del tambor y de la flautita al final?

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