El palo. El casco. La reja. La falda con vuelo. Esto es lo que ven desde fuera. Hacia el exterior, los kendokas transmitimos, fundamentalmente, misterio. Y no hay nada que venda más que el misterio: por eso a los occidentales les fascinaban las geishas.

(c) LABHomme. La firma australiana LAB llamó a su colección otoño-invierno 2012 Kendomalia, en un juego de palabras sutilísimo que debió de costarles por lo menos diez minutos. Según su portfolio, la estética que buscaban era llevar los elementos clásicos de la sastrería masculina al escenario de la modernidad. Igual al revés: que prendas posmodernas como el bermuda pasen por el sastre y se conviertan en prendas de caballeros. Y para eso, decían, se inspiraban en el kendo, en tanto que reinterpretación de la tradición en el contexto contemporáneo.

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Hemos visto en posts anteriores cómo la estética budoka se ha convertido en el vehículo de venta ideal dentro y fuera de Japón. Y nota para los puristas: vende tanto e igual de bien dentro que fuera. El azul del kendo tiene el valor añadido del estilo. No vendemos whisky sino hombría. No cuchillas de afeitar, sino trascendencia. Tampoco vendemos ropa de hombre, sino orden de caballería.

La firma australiana LAB llamó a su colección otoño-invierno 2012 Kendomalia, en un juego de palabras sutilísimo que debió de costarles por lo menos diez minutos. Según su portfolio, la estética que buscaban era llevar los elementos clásicos de la sastrería masculina al escenario de la modernidad. Igual al revés: que prendas posmodernas como el bermuda pasen por el sastre y se conviertan en prendas de caballeros. Y para eso, decían, se inspiraban en el kendo, en tanto que reinterpretación de la tradición en el contexto contemporáneo.

(c) LABHomme

La firma australiana LAB llamó a su colección otoño-invierno 2012 Kendomalia, en un juego de palabras sutilísimo que debió de costarles por lo menos diez minutos. Según su portfolio, la estética que buscaban era llevar los elementos clásicos de la sastrería masculina al escenario de la modernidad. Igual al revés: que prendas posmodernas como el bermuda pasen por el sastre y se conviertan en prendas de caballeros. Y para eso, decían, se inspiraban en el kendo, en tanto que reinterpretación de la tradición en el contexto contemporáneo. Una pieza de sinceridad que sorprende y es de agradecer, cuando lo usual es escuchar (a veces de los mismos kendokas) referencias a sabidurías milenarias, espíritu inconmensurable y esas cosas.

LABHomme_Kendomalia_7-A-LR. La firma australiana LAB llamó a su colección otoño-invierno 2012 Kendomalia, en un juego de palabras sutilísimo que debió de costarles por lo menos diez minutos. Según su portfolio, la estética que buscaban era llevar los elementos clásicos de la sastrería masculina al escenario de la modernidad. Igual al revés: que prendas posmodernas como el bermuda pasen por el sastre y se conviertan en prendas de caballeros. Y para eso, decían, se inspiraban en el kendo, en tanto que reinterpretación de la tradición en el contexto contemporáneo.Lo que ya no me queda tan claro es dónde ve la revista Push it (a través de la cual supe de esto) la inspiración romántica en los principios del kendo. ¿Inspirarse románticamente como sinónimo de inspirarse libremente? ¿Inspirarse “en los principios” porque las prendas en sí se parecen al keikogi casi tanto como un huevo a una castaña? ¿O “inspirarse” porque necesitamos dar alguna explicación al nombre y al atrezzo cuando todo, todo en la colección, nos recuerda mucho más a Retorno a Brideshead que a Sol Naciente?

Pareciera que los estilistas de la campaña buscaron conjugar la esgrima europea con el azul índigo y los colores oscuros del kendo. Todo en el escenario llama a pensar en un salón de esgrima más que en un dojo, empezando por los inclasificables calzones de la primera fotografía; y terminando por la etnicidad, mayoritariamente anglosajona, de los modelos. Pero, como en ocasiones anteriores, resulta innegable la atracción, quizá por exotismo, que la combinación despierta. No es la primera vez que el kendo, el bogu en realidad, se emplea como elemento de contraste; una pieza de atrezzo con sabor, con misterio. Y es justo reconocer que funciona.

No es el único ejemplo. Tampoco es sólo nuestra estética lo que atrae a los diseñadores. Uno de mis primeros descubrimientos relacionando kendo con moda fue esta chaqueta llamada Kendo. Y no porque tenga nada que ver con el corte del keikogi, sino porque es de hecho un keikogi. Reciclado y repatronado aprovechando toda la pieza, incluso el tejido del forro interior. Ya sé que más de uno está haciendo bromas con el olor, pero reconoced que la prenda tiene estilo. El diseño es japonés, de la firma Porter Classic.

Kendo Jacket. Uno de mis primeros descubrimientos relacionando kendo con moda fue esta chaqueta llamada Kendo. Y no porque tenga nada que ver con el corte del keikogi, sino porque es de hecho un keikogi. Reciclado y repatronado aprovechando toda la pieza, incluso el tejido del forro interior. Y ya sé que más de uno está haciendo bromas con el olor, pero reconoced que la prenda tiene estilo. El diseño es japonés, de la firma Porter Classic., viene de James R McNally.

Kendo Riders Jacket. (C) Porter Classic

Y tanto da para las mujeres, pero eso lo dejamos para otro miércoles.