El mito ha vuelto.

Es Águila Roja. Es el ninja toledano. Es el paladín de lo que se ponga por delante, el vengador del Rey Felipe ¿IV? y lleva un ninjato. No, una katana. No, una espada samurai. Bueno, qué puñetas. Es una serie de aventuras que lleva cinco temporadas en máxima audiencia, varios premios internacionales, repito una serie ES PA ÑO LA de aventuras que lleva cinco temporadas en horario de máxima audiencia, y ha sido vendida a 20 países, entre ellos Corea del Sur.  ¿Nos vamos a poner pajeros ahora con el tema de la espadita?

¡Chúpate esa, dr. Jones!

TVE la llama La Aventura Con Mayúsculas, que para eso es su serie estrella. Sus seguidores nos aseguran que el prota es monísimo, y está trufada de frases míticas como “¡Amo dónde va con ese ancla que se va a ahogar!“. Es Águila Roja. Es el ninja toledano. Es el vengador del Rey Felipe ¿IV? y lleva un ninjato. No, una katana. No, una espada samurai. Bueno, qué puñetas. Es una serie de aventuras que lleva cinco temporadas en máxima audiencia, varios premios internacionales, repito una serie ES PA ÑO LA de aventuras que lleva cinco temporadas en horario de máxima audiencia, y ha sido vendida a 20 países, entre ellos Corea del Sur.  ¿Nos vamos a poner pajeros ahora con el tema de la espadita?

En Águila Roja cabe casi todo y por eso la quieres ver: hay caballos, leones, chistes, amor, celos, brujería, necromancia, zulúes, conspiraciones palaciegas tipo Alatriste (otro despropósito, este en papel, al que incomprensiblemente se le han perdonado todas las licencias históricas), Y esta temporada ¡gladiadores! Emulando sin complejo alguno las últimas tendencias en el género; en este caso, la loquísima y maravillosa Spartacus.

FIGHT

Pues sí. Nos vamos a poner pajeros porque es lo que hacemos los miércoles, porque este no es un blog de producción audiovisual, y porque Globomedia nunca vendió el Palomo Rojo como una serie de época. No saber si lleva un daito o un ninjato resulta tan verosímil como que el protagonista sea maestro de Primaria en el Madrid del siglo XVII. A ver, su primera línea de diálogo fue “¡Mañana cae un dictado sobre el Apocalipsis!

En Águila Roja cabe casi todo y por eso la quieres ver: hay caballos, leones, chistes, amor, celos, brujería, necromancia, zulúes, conspiraciones palaciegas tipo Alatriste (otro despropósito, este en papel, al que incomprensiblemente se le han perdonado todas las licencias históricas), Y esta temporada ¡gladiadores! Emulando sin complejo alguno las últimas tendencias en el género; en este caso, la loquísima y maravillosa Spartacus.

¿Queréis Nito? Pues tomad dos tazas (y leed este post de Hernán Migoya)

Y eso que nos horroriza a algunos es uno de los mayores valores de la serie. En Águila Roja cabe casi todo y por eso la quieres ver: hay caballos, leones, chistes, amor, celos, brujería, necromancia, zulúes, conspiraciones palaciegas tipo Alatriste (otro despropósito, este en papel, al que incomprensiblemente se le han perdonado todas las licencias). Y esta temporada ¡gladiadores! Emulando sin complejo alguno las últimas tendencias del género; en este caso la loquísima y maravillosa Spartacus.

Como concepto, un tipo haciendo justicia con una katana al hombro por los alcázares tuvo que ser una audacia cuando Daniel Écija la presentó, pero tiene un atractivo indudable. Importa muy, muy poco que el ninja lleve en realidad una espada larga, que nunca le veamos desenvainar pero sí cortar, porque la cosa esta que lleva a la espalda parece más pesada que un mandoble, y que le cuelgue un plumero de estos chinos para la sangre.

PERO.

Toma ya

Lo cierto es que yo sí echo de menos algo más de rigor (rigor que por ejemplo sí cuida Spartacus entre todas sus amputaciones y culos al viento). En un siglo XVII donde ya había habido misiones diplomáticas entre España y Japón; y en una serie donde un fraile da saltos por los tejados que ya los quisiera Chow Yun Fat, parece poco o nada aprovechada la experiencia oriental de Gonzalo de Montalvo.

De la misma manera, muchos de los elementos reales de la época quedan reducidos a anécdotas o incluso son obviados, cuando bien leídos resultan tanto o más fantásticos que la trama principal del ninja bolo. La Inquisición, los alquimistas, El Escorial. La posición de la mujer, con esas monjas endemoniadas de puro aburrimiento, las intrigas conventuales y prostibularias (cuando no las dos cosas a la vez). Porque al final las aventuras de Águila Roja no dejan de ser absolutamente convencionales, y acaba dando igual que el protagonista y su katana, o su daito, o su espada samurai se paseen por el Madrid de los Austrias o por cualquier otro decorado.

Aun así el héroe ha vuelto con todo y más. Ha desafiado a la muerte, porque un año largo han tardado en darle salida en TVE. Vuelve con su supervillano Hernán Mejías, con los chistes de Sátur, con esas señoras guapísimas y rotundas. A mí me seguirá dejando fría, pero espero de corazón que sus cinco millones de espectadores sigan a tope con ella, porque hace falta. De momento le ha enseñado los colmillos a Gran Hermano, que ha buscado otro día de emisión. Ya me diréis si eso no lo hace un justiciero enmascarado quién lo va a hacer.