¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Tag: karate

Foto: Moi Kai!

(C) Palestinian Times, 2013

El primer campamento de karate para niños y niñas en Gaza fue organizado en 2013. Este mes de julio habría celebrado su segunda edición. Instructores como Emad Hammad sostienen las escuelas de karate en Gaza, Rafah y Ramala (Cisjordania) desde hace doce años. Algunos dojos tienen clases mixtas para niños y niñas, otros entrenan por separado: como en España hace no tanto, muchos padres y madres temen que sus hijas pierdan feminidad practicando artes marciales. El creciente número de niñas con cinturón negro y las campeonas femeninas del Campeonato de 2013 van, poco a poco, minando sus temores.

En Ramala funcionan además dos dojos del Palestine Aikikai. Todavía no hay escuelas de kendo en Palestina, aunque la Federación Jordana ha colaborado en algunos seminarios de introducción al iaido. Sin embargo, sus escuelas de judo, MMA, karate, kung fu y aikido continúan recibiendo alumnos y alumnas.

Mo Ikkai es un término compartido por todos los budos. Significa “repetir”, o con más precisión, “volver a hacer”. Como ayer. Como mañana.

Disability in English, not unlike a lot of diversity

Cuando realizas una actividad cualquiera te crees una pequeña diversidad en medio de un mar de homogeneidad. Las artes marciales son un ejemplo. Si además ejercemos una disciplina  minoritaria la pequeña isla donde crees que estas se vuelve más pequeño todo: ¿Kendo, Iaido? ¿QUÉ? Nada más refrescante que hacer una buena búsqueda por la red para darte cuenta de que tu pequeña isla está rodeada de cientos de otras pequeñas islas.

¿Por que tanta cháchara? Porque he descubierto esta enormidad de blog sobre artistas marciales discapacitados diversos funcionales, editado por otro artista marcial, el señor Kondo: Martial Artists With Disabilities.

La pucha.

Erik Kondo es lesionado medular y por eso utiliza silla de ruedas desde los 19 años. Practica Jiu Jitsu desde que tenía 30, así que empezó ya con la paraplejia puesta. Tiene poco más de 40, es tercer dan y ha diseñado un sistema de defensa personal llamado NOT-ME, pensado para personas con movilidad diversa o reducida y que enseña también en institutos para enfrentarse a acosadores y abusones.

Cuando realizas una actividad cualquiera te crees una pequeña diversidad en medio de un mar de homogeneidad. Las artes marciales son un ejemplo. Si además ejercemos una disciplina  minoritaria la pequeña isla donde crees que estas se vuelve más pequeño todo: ¿Kendo, Iaido? ¿QUÉ? Nada más refrescante que hacer una buena búsqueda por la red para darte cuenta de que tu pequeña isla está rodeada de cientos de otras pequeñas islas.  ¿Por que tanta cháchara? Porque he descubierto esta enormidad de blog sobre artistas marciales discapacitados diversos funcionales, editado por otro artista marcial, el señor Kondo: Martial Artists With Disabilities.  La pucha.  Erik Kondo es lesionado medular y por eso utiliza silla de ruedas desde los 19 años. Practica Jiu Jitsu desde que tenía 30, así que empezó ya con la paraplejia puesta. Tiene poco más de 40, es tercer dan y ha diseñado un sistema de defensa personal llamado NOT-ME, pensado para personas con movilidad diversa o reducida y que enseña también en institutos para enfrentarse a acosadores y abusones.

En un curso en AMMA en julio de 2013

Además de difundir la práctica de artes marciales en la diversidad funcional, también lucha contra el estigma de la silla de ruedas: ha conseguido que se retiren anuncios como este de Utah, que presenta las lesiones medulares como un castigo. De esos también tenemos en España: gente condenada a una silla de ruedas por algo que hicieron mal.

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Como decía la copla, ♫castigo de Dios♫

Entonces piensas en tus dificultades para la disciplina que ejecutas, y decides que son una mierda seca comparada con personas y sus webs que aparecen. O a lo mejor no, pero en cualquier caso lo haces más relativo, porque ya no eres el raro ni el diferente. Eres uno entre muchos, y todos estamos en el camino.

Por eso creo que el esfuerzo hecho por el sr. Kondo se merece vuestra visita.

En su blog hay un listado de artistas marciales con diversidades funcionales de todo el mundo, con enlaces a sus páginas personales y/o sus dojos para que otras personas se puedan poner en contacto con ellos. Uno de los más famosos es Baxter Humby, el campeón de Muay Thai. También tiene un listado de foros, referencias, asociaciones dedicadas a las artes marciales adaptadas, deporte adaptado, y también libros. Eso sí, todo en inglés. Os dejo con sus palabras:

Espero que este blog inspire a otras personas con discapacidad a iniciarse en artes marciales. Adicionalmente animo a los instructores y dueños de dojos a utilizar este blog como recurso para sus estudiantes con discapacidad, o para traer a estudiantes nuevos. Este blog no está completo en modo alguno: me encantaría saber de nuevos artistas marciales, o artículos, o enlaces o escuelas y organizaciones.

 

Todo a Zen

Nos gusta la mente imperturbable más que a un tonto un lápiz. Lo de plantar el culo en el suelo durante una hora ya es otra cosa, pero el zen mola. El zen del kendo, su sabiduría, su filosofía.

Aunque no era nuevo, el kendo se implanta en Europa y América como parte del pack del vencedor, en una ola colonial que lo mismo exportaba sake barato que conocimiento. Llegaban los 60 y había hambre. Occidente se asomó al kendo como al budismo Zen: dos pozos muy, muy hondos donde no se oía el eco de la moneda. Y como ya sabemos que no hay nada que venda mejor que el misterio, tiramos unas cuantas monedas más. Seguimos tirando monedas en busca de lo que Geoff Salmon, acertado como siempre, llama instant dharma.

Porque hay un kendo pop de anuncios de whisky y asesinos impostores, y hay un zen pop de caligrafías, tatamis e incienso, que se parece al auténtico estudio de la Vía casi tanto como yo a un torero. Un Zen de consumo rápido que, cuando se junta con el budo, nos ofrece momentos antológicos.

 combate-zen-artes-orientales-karate-kendo-arqueria-zen_MLU-F-3110681514_092012Satori a guantazos

En la década de los 70 y 80 proliferaron títulos como este Combate Zen. Se trataba, básicamente, de despertar el interés del lector al que no atraían las artes marciales por meramente deportivas o violentas. Para trascender en diez fáciles lecciones, libros como este describen principios de Tai Chi, Yoga o meditación. Avalados por el mismísimo sabio Daruma, ojo. Después de un largo periodo de meditación en una cueva, el sabio dijo: “Hacer la guerra y matar es malo, pero también es un error no estar preparado para defenderse. No tenemos cuchillos, así que hagamos una daga de cada dedo; nuestros garrotes han sido confiscados, así que convirtamos cada puño en un garrote; no tenemos lanzas, pero de cada brazo hagamos una lanza y de cada mano abierta una espada”. ¡Y con más de cien ilustraciones!

Yukio Mishima

Confieso que le tengo ganas a este señor desde antes incluso de empezar esto. Para muchos el último samurai; para otros, un hombre profundamente atormentado. Dos de sus relatos se dedican a la espada, aunque con protagonistas modernos: Ken y Harakiri. Los dos terminan, como otras de sus obras, con el suicidio. En la segunda sólo hay muerte. El seppuku de Mishima es el de un soldado que elige mal el bando, el de un líder que no está a la altura. Muertes que parecían existir, como la suya propia, antes que los actos que las provocaron.

La obsesión de Mishima sublima el hecho, precisamente, de que no era samurai. De serlo, habría valorado su propia sexualidad, y su propio tiempo, con más indulgencia. Sus letras y sus trabajos en cine respiran un concepto del honor y del sacrificio que suena a antiguo, a tradición y sabiduría. Pero la cosa es que no lo eran. El ritual que describe y que él mismo representó fue en su época, de hecho, arma política, una forma de ejecución y, para notables intelectuales bushi, una horterada.

Triunfa en los negocios como hacían los samurai

O cómo un señor que se apellida De Mente hace carrera como formador de ejecutivos gracias a sus libros Estrategias Samurai: 42 secretos marciales del Libro de los Cinco Anillos y El Código Samurai: cinco estrategias para el éxito. Los libros de Bushido for Business están muy a tope desde hace tiempo, pero un libro como Los Cinco Anillos, disponible en cualquier librería y pirateado mil veces, no esconde secretos, salvo quizá que es un tratado de técnica marcial que no pretende despertar la iluminación de nadie, ni siquiera de los coetáneos de Musashi. Mucho menos exportar la experiencia de combate individual al éxito en los negocios corporativos.

El credo samurai

No tengo espada: yo hago de mi no mente mi espada. No tengo armadura: yo hago de mi no mente mi armadura. Llevo un par de años intentando encontrar la fuente de este poema anónimo que unos fechan en el siglo XIV y otros en el XVIII.

Resulta que la primera vez que aparece esto es en el libro La sabiduría de las runas (1993) de un tal Ralph R. Blum, autor a su vez de Curación con runas y Runas: antigua sabiduría para un nuevo milenio. Pero a su vez, Blum pudo haberse inspirado en el Credo del Ninja, que también circula por ahí y que, por lo visto, está tomado de la serie de novelas de El Ninja Blanco, de Eric Van Lustbader, de 1985. Ahora cada vez que lo veo colgando en un gimnasio, centro de meditación o balneario urbano me da la risa tonta.

Los protagonistas de la maravillosa Sabiduría Garantizada, de Doris Dörrie, viajan a Japón en busca de este kaiten zen. Acaban pidiendo en el metro de Tokio antes de llegar siquiera al monasterio. Una mezcla de casualidades y perseverancia les conduce por fin hasta el retiro, donde aprenden (como nosotros) a base de madrugones, agujetas y dolor de pies. Otros siguen echando monedas al pozo.

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