¿que haces QUÉ?

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Aquí mi shinai (segunda parte): carbono, koto y dobari

Aunque en el post anterior ganaba el bambú por goleada, Galle no está solo: hay más kenshis que eligen el shinai de fibra de carbono. Urtoroth, por ejemplo:

Carbono, dobari, y hace tiempo que quiero probarlo con tsuka oval. Por durabilidad, agarre, mantenimiento. 39, claro: soy un tío, no una nena.

Los shinai de carbono los fabrica y vende la compañía Hasegawa

Una de esas nenas es su hermana, Estrella Arceo, kenshi (y bloguera) reciente. Ella usa bambú:

Uso un 38 de chica. En concreto de una chica que desapareció y me lo dejó en herencia.

Javier Villa ya nos dijo que su shinai era de bambú. El carbono no le gusta:

Es más bien manía mía, pero los veo como de “plástico” y no me acaba cuando el sonido cuando golpeas.

Katsu de Eurokendo

También usan bambú a algunos de sus compañeros de Valencia, a los que preguntó de nuestra parte:

Jorge Merino: shinais katsu y ubuki de Eurokendo [tsuka media y estrecha, respectivamente. Dobari]

 Celestino Bixquert: Del Decathlon. Corta vida en el kendo: ya aprenderá.

El Padre Ángel usa shinais estilo koto [con el centro de gravedad en la punta]: según él son muchísimo más rápidos para atacar, y bien que nos lo ha demostrado; aunque más difíciles de controlar. No cogería ni harto de vino los dobaris: no le gusta defender y prefiere puro ataque rápido. Además se ha habituado después de tantos años al estilo koto.

Diferencias entre Koto y Dobari, según los modelos Ryuken (koto) y Enshin (dobari) de NineCircles.

Diferencias entre Koto y Dobari, según los modelos Ryuken (koto) y Enshin (dobari) de NineCircles.

Mi compañero Josete San Antonio tampoco utiliza carbono:

Me lo dejaron una vez y no me gustó la sensación de “elasticidad” al golpear.

Rolo Avena, del dojo Natsume de Temuco (Chile) tampoco es amigo de la fibra:

A mí me acomodan mas los futoi [shinai de tsuka ancha], ya que me vienen bien por el tamaño de mis manos.  Nunca usaría uno de carbono:  resta realismo al ippon, duele más y nos quita el cuidado de la espada (aceitado, mantenimiento, etc.).

Su paisano Christopher Relehui Asenjo, de la Asociación de Kendo de Temuco, fue nuestro primer lector en América Latina y en parte gracias a su impulso empezamos a mapear dojos de ultramar. También es del club del bambú. E incide en un asunto que nos trae de cabeza a muchos tanto en Chile como en España:

El shinai que uso es bambú 39 “normal”. Acá no tenemos muchos proveedores y usamos lo que tenemos a mano. Pensar en importar algo acá es un lío, entre los costes de embarque y los tiempos de aduana…

A lo mejor esa es una de las razones por las que muchos kenshis acaban (acabamos) tendiendo a estandarizar nuestra elección de shinai. Eso nos respondieron Javier, de Kishinkai Córdoba, y la gente de Shion en Málaga. Ya sabíamos que el shinai de Fer era el Worldstar 39 de Kendoshop, pero nos dijo alguna cosa más sobre por qué no usa carbono:

Al necesitar menos mantenimiento que uno normal, terminas volviéndote un poco vago. Otro problema es que al ser de un material mucho más rígido que el bambú no termina de absorber bien el golpe, lo cual provoca más daño en los demás y en tus propias articulaciones.

Sus compañeros Sebas y Moisés prefieren 39 de tsuka redonda, tirando a gruesa. Su modelo es el Ilkum de Kendoshop, el que llamamos “el normal”:

La tsuka ancha da la impresión de que puedes agarrarlo con más fuerza; sin embargo, al no tener las manos muy grandes, tampoco puedo utilizar una tsuka de las más grandes [Sebas].

Aunque he probado algunos shinai con diferente distribución de peso a la normal, admito que no termino de apreciar una gran diferencia que me lleve a decantarme por uno u otro. Y tsuka ancha: la muñeca sufre menos,y no se me escapa como los finos [Moisés].

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El 39L de Tania

Me sorprendió que las mujeres a las que consulté utilizaran más 39L que 38: Tania Estébanez, una de las primeras seguidoras de este blog, nos envió esta fotografía del suyo:

Uso este 39 de chica. Me lo recomendó Santi [Velasco, instructor] por mi altura y ahora ya no me siento cómoda con el 38. Ahora me pesan muchísimo: no puedo con ellos.

Un 38 utilizamos yo misma, Silvia LópezNaira Ramos e Irene Serrano, de Zanshin Madrid (“simple, sencillo, fácil de recordar y con tsuba morada: si no no me sirve”).

Mañana la última entrega. Los ovales: cuánto hay.

Tienes kendo, papi

El palo. El casco. La reja. La falda con vuelo. Esto es lo que ven desde fuera. Hacia el exterior, los kendokas transmitimos, fundamentalmente, misterio. Y no hay nada que venda más que el misterio: por eso a los occidentales les fascinaban las geishas.

(c) LABHomme. La firma australiana LAB llamó a su colección otoño-invierno 2012 Kendomalia, en un juego de palabras sutilísimo que debió de costarles por lo menos diez minutos. Según su portfolio, la estética que buscaban era llevar los elementos clásicos de la sastrería masculina al escenario de la modernidad. Igual al revés: que prendas posmodernas como el bermuda pasen por el sastre y se conviertan en prendas de caballeros. Y para eso, decían, se inspiraban en el kendo, en tanto que reinterpretación de la tradición en el contexto contemporáneo.

(c) LABHomme

Hemos visto en posts anteriores cómo la estética budoka se ha convertido en el vehículo de venta ideal dentro y fuera de Japón. Y nota para los puristas: vende tanto e igual de bien dentro que fuera. El azul del kendo tiene el valor añadido del estilo. No vendemos whisky sino hombría. No cuchillas de afeitar, sino trascendencia. Tampoco vendemos ropa de hombre, sino orden de caballería.

La firma australiana LAB llamó a su colección otoño-invierno 2012 Kendomalia, en un juego de palabras sutilísimo que debió de costarles por lo menos diez minutos. Según su portfolio, la estética que buscaban era llevar los elementos clásicos de la sastrería masculina al escenario de la modernidad. Igual al revés: que prendas posmodernas como el bermuda pasen por el sastre y se conviertan en prendas de caballeros. Y para eso, decían, se inspiraban en el kendo, en tanto que reinterpretación de la tradición en el contexto contemporáneo.

(c) LABHomme

La firma australiana LAB llamó a su colección otoño-invierno 2012 Kendomalia, en un juego de palabras sutilísimo que debió de costarles por lo menos diez minutos. Según su portfolio, la estética que buscaban era llevar los elementos clásicos de la sastrería masculina al escenario de la modernidad. Igual al revés: que prendas posmodernas como el bermuda pasen por el sastre y se conviertan en prendas de caballeros. Y para eso, decían, se inspiraban en el kendo, en tanto que reinterpretación de la tradición en el contexto contemporáneo. Una pieza de sinceridad que sorprende y es de agradecer, cuando lo usual es escuchar (a veces de los mismos kendokas) referencias a sabidurías milenarias, espíritu inconmensurable y esas cosas.

LABHomme_Kendomalia_7-A-LR. La firma australiana LAB llamó a su colección otoño-invierno 2012 Kendomalia, en un juego de palabras sutilísimo que debió de costarles por lo menos diez minutos. Según su portfolio, la estética que buscaban era llevar los elementos clásicos de la sastrería masculina al escenario de la modernidad. Igual al revés: que prendas posmodernas como el bermuda pasen por el sastre y se conviertan en prendas de caballeros. Y para eso, decían, se inspiraban en el kendo, en tanto que reinterpretación de la tradición en el contexto contemporáneo.Lo que ya no me queda tan claro es dónde ve la revista Push it (a través de la cual supe de esto) la inspiración romántica en los principios del kendo. ¿Inspirarse románticamente como sinónimo de inspirarse libremente? ¿Inspirarse “en los principios” porque las prendas en sí se parecen al keikogi casi tanto como un huevo a una castaña? ¿O “inspirarse” porque necesitamos dar alguna explicación al nombre y al atrezzo cuando todo, todo en la colección, nos recuerda mucho más a Retorno a Brideshead que a Sol Naciente?

Pareciera que los estilistas de la campaña buscaron conjugar la esgrima europea con el azul índigo y los colores oscuros del kendo. Todo en el escenario llama a pensar en un salón de esgrima más que en un dojo, empezando por los inclasificables calzones de la primera fotografía; y terminando por la etnicidad, mayoritariamente anglosajona, de los modelos. Pero, como en ocasiones anteriores, resulta innegable la atracción, quizá por exotismo, que la combinación despierta. No es la primera vez que el kendo, el bogu en realidad, se emplea como elemento de contraste; una pieza de atrezzo con sabor, con misterio. Y es justo reconocer que funciona.

No es el único ejemplo. Tampoco es sólo nuestra estética lo que atrae a los diseñadores. Uno de mis primeros descubrimientos relacionando kendo con moda fue esta chaqueta llamada Kendo. Y no porque tenga nada que ver con el corte del keikogi, sino porque es de hecho un keikogi. Reciclado y repatronado aprovechando toda la pieza, incluso el tejido del forro interior. Ya sé que más de uno está haciendo bromas con el olor, pero reconoced que la prenda tiene estilo. El diseño es japonés, de la firma Porter Classic.

Kendo Jacket. Uno de mis primeros descubrimientos relacionando kendo con moda fue esta chaqueta llamada Kendo. Y no porque tenga nada que ver con el corte del keikogi, sino porque es de hecho un keikogi. Reciclado y repatronado aprovechando toda la pieza, incluso el tejido del forro interior. Y ya sé que más de uno está haciendo bromas con el olor, pero reconoced que la prenda tiene estilo. El diseño es japonés, de la firma Porter Classic., viene de James R McNally.

Kendo Riders Jacket. (C) Porter Classic

Y tanto da para las mujeres, pero eso lo dejamos para otro miércoles.

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