¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Tag: físico (page 1 of 4)

Así que quieres hacer kendo…

Llevabas un tiempo enredando con la idea, preguntando en foros, te compraste un bokken en Decathlon. Incluso te hiciste una foto con una katana en aquel buffet asiático.

Venga. Este año empiezas en kendo. ¿Sabes a lo que te enfrentas?

iniciacion en kendo, como empezar en kendo y qué hacer en la primera clase

 Sí, claro. Antes he hecho karate, judo, ninjitsu y aikido.

La mayoría llegamos a la primera clase de kendo desde otras artes marciales: yo vengo del karate, otros del judo. Y prácticamente todos los iaidokas que conozco simultanean el iaido con aikido, kendo u otras disciplinas.

Eso te puede ayudar, depende de cuánto y cómo hayas practicado. Pero ningún arte marcial es igual que otra, y el kendo no se parece a ninguna de las más conocidas.

El de antes es un flipao. Yo soy cuarto dan de [insertar aquí] y sé perfectamente lo que es un arte marcial.

Si eres budoka (o practicas con ganas otros deportes) sabes el compromiso que conlleva y eso te va a ayudar a empezar. Porque empezar en kendo es lo más difícil con diferencia, tanto que muchos no pasan de los primeros días.

Porque tú te veías así…

¿Qué haré en la primera clase?

Decepcionarte. Encontrarás que el kendo es muy duro, huele mal y mañana te van a doler músculos que no sabías que tenías. Te saldrán ampollas en los pies y ampollas en las manos.

Algunos dojos tienen clases específicas de iniciación, pero la mayoría ofrece clases de prueba en su horario habitual: si no tienes la suerte de empezar con un grupo puede que pases semanas solo, en chándal, yendo adelante y atrás shinai en mano (o sin shinai) mientras el mundo a tu alrededor se da amor con esas armaduras tan molonas.

pero en realidad haces esto

 

Así que lo mejor que puedes hacer es relajarte y darte una oportunidad. Estás aprendiendo lo fundamental, y mejor apréndelo bien si no quieres verte como servidora para sentar una buena base. Todos nos hemos sentido así y todos hemos acabado por disfrutar a tope de esto.

Las primeras clases te permitirán empaparte del ambiente y la etiqueta particular de cada dojo. Aunque la etiqueta del kendo es la misma para todas, cada escuela tiene sus costumbres y estilo propio.

¿Se necesita preparación física? Yo hace mucho que no hago deporte…

El kendo es muy exigente, pero no necesitas ser un atleta para hacer kendo. Sólo tener ganas.

Alguien con mejor físico lo tendrá más fácil… en cierto sentido. Tu progresión es única y no puedes ni debes compararte con la de al lado.

Hablando de armaduras molonas… ¿esto del kendo es muy caro? ¿qué necesito para empezar?

Sí. El kendo ES caro.  Pero la buena noticia es que cada vez somos más, y eso facilita las cosas.

Para empezar sólo necesitarás un chándal: todos los dojos te prestan un shinai y un bokken. Cuando quieras tu propio shinai podrás comprar en grupo con tu club, que abarata bastante los costes. Lo mismo pasa con la ropa: algunos clubes empiezan a disponer de un fondo de keikogis de segunda mano donados por alumnos. Esto es incipiente y más común en dojos de iaido, ya que su ropa se deteriora menos.

En cuanto al bogu (quédate con el nombre de nuestra “armadura molona”) tardarás varios meses en ponértelo, así que puedes ir ahorrando. Igual que con el shinai, la mayoría de dojos te prestarán uno hasta que puedas comprar el tuyo.

¿Y dónde me compro el bogu?

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¿¿No te he dicho que te relajes??

Lo normal es que lo compres igual que el shinai y la ropa: en una compra colectiva en tu dojo. Ahorrarás portes y os harán descuento. En todo caso, en nuestra página de Facebook publicamos todos los chollos y ofertones que nos llegan.

Otra página útil para españoles es el Mercadillo Budoka de Juan Culebras: ropa de artes marciales, iaitos, kendogi y bogus de compra-venta entre particulares.

¿Y cómo elegir dojo?

Kendo es kendo en todas partes, y todas las escuelas son buenas para aprender. En la mayoría de nuestras ciudades hay un dojo o ninguno.

Dicho esto, si vives en una ciudad grande no estará de más que compruebes los horarios, la distancia a tu casa o lugar de trabajo, el transporte público o la zona de aparcamiento: si el kendo te engancha pasarás muchas horas ahí.

Lo demás es una cuestión de piel: que haya gente de tu edad o diversidad de niveles puede ser un aliciente para ti. En cualquier caso no vayas picoteando de dojo en dojo: acude, preséntate y presencia una clase mejor que probar una y luego otra en otro sitio. Si te sientes cómodo con lo que ves, prueba entonces.

¿Es difícil hacer kendo para las mujeres?

Pues sí. Somos muy pocas y estamos dispersas. El bogu no se adapta a nuestra anatomía y la técnica tampoco. Pero las mujeres podemos hacer tan buen kendo como cualquier hombre. Hay cada vez más maestras para corroborarlo.

Si te queda alguna duda pregunta en los comentarios o mejor aún, escribe al dojo donde quieras probar y pregunta a sus instructores. Estarán encantados de ayudarte a arrancar.

Al final todo se resume en una frase: coge tu shinai.

Mamá kendoka: los primeros cuatro meses

Dicen que un bebé te lo cambia todo. Ya verás si cambia que este post tenía que haber sido CUATRO, uno por cada mes… y así estamos. #Bebékenshi nació en los primeros días de diciembre, en un parto natural asistido en hospital.

40 HORAS DE PARTO, COLEGAS

La primera semana: Estás feliz, estás pletórica, estás en una nube, estás emocionada y estás sangrando a base de bien. O puede que no, porque servidora vio que los sangrados eran escasos, que mi hija dormía como lo que es y se enganchaba a la teta nivel pro, y a los ocho días empecé a hacer vida normal. Salir, entrar, paseos largos bajo el sol de diciembre con nuestra niña a cuestas. GRAN ERROR, porque esto derivó en

La segunda semana: Al noveno día, hemorragia puerperal tamaño Lago Michigan y al hospital echando puñetas. Mamás kendokas, reposad. No hay prisa por hacer kendo ni por hacer nada: dejaos mimar. Eso lo aprendí un poco a trasmano, pero estuve dejándome mimar junto a #Bebékenshi las semanas siguientes antes no ya de coger un shinai sino de caminar más de seis metros.

Cuarta, quinta, sexta y séptima semanas: Decidimos prolongar las vacaciones de Navidad en mi pueblo y ahí sí, comencé a hacer ejercicio. Como no tenemos carrito podemos movernos con bastante libertad. Caminatas diarias por los huertos, al ritmo de los últimos meses de embarazo: si algo tiene mi tierra es que es todo llano.

Mamá kendoka: los primeros cuatro meses

Más o menos así fueron las visitas a la familia

Y a la séptima semana volví a entrenar.

Confieso que no lo esperaba tan, tan duro. Volver a kendo ha acarreado cambios drásticos más allá del hecho de ser madre. Cambio de dojo, y consecuentemente cambio de horario, cambio de sistema de enseñanza, de suelo, de relaciones y de rutinas físicas. Medir los tiempos al milímetro para separarte de tu bebé el menor tiempo posible y no comprometer la lactancia… porque la evolución juega en contra de tu kendo, mamá kendoka. TODO te grita que corras junto al cachorro; y lo oyes por encima de los kiais.

En cuanto a la técnica, he perdido menos de lo que creía: hacer kendo durante el embarazo me permitió centrarme en varios problemas. Los errores siguen ahí, pero he podido pulir varias cosas durante este último año y eso lo notas al volver. Haber entrenado embarazada también te ayuda a recuperar tu rutina: no vuelves después de un año sino después de cuatro meses. Eso sí, no te libras de las ampollas en los pies (¡y en las manos!) ni de ese dolorcillo del día siguiente. Pero es una gozada cuando puedes ponerte el hakama en su sitio, ¡y ponerte el bogu!

Eso sí: tu cuerpo ya no es el mismo.

¿Qué ha significado esto para mí? Fundamentalmente que han regresado mis problemas de equilibrio. Con los años uno aprende a hacer kendo con sus mierdas: yo tenía una serie de anclajes y trucos para reequilibrar mi cuerpo, que ahora se me han olvidado y además mi centro de gravedad ha cambiado. Así que ahí ando, trabajando sobre mis pies. Cuánto abrir, desplazamiento, kamae, y mirar para abajo de cuando en cuando para comprobar que siguen paralelos.

Lo mismo ocurre con la punta. Soy diestra… y cuando digo que soy diestra quiero decir que soy MUY diestra, ya me entendéis. La pérdida de práctica y de tono muscular hace que tenga que estar muy pendiente de mis suburis. Lo mismo ocurre con las espóradicas clases de iaido que he hecho hasta ahora.

Y supongo que huelga decirlo: el físico tiene que recuperarse POCO A POCO. No sólo acabo de parir, estoy criando. Eso quiere decir que comparto mis nutrientes con otra persona, y mi resistencia lo nota. Al final es una cuestión mucho más mental que corporal. Estás acostumbrada a entrenar cinco días a la semana, y ahora apenas puedes acabar un par de clases. En los keikos me falta cuerpo: durante el embarazo hacía algo de ji geiko, pero sin tai atari y con mucho cuidado. Reacostumbrarme al contacto es otra de las grandes dificultades de volver a kendo.

Lo que nos lleva a lo que quizá sea más duro de volver a kendo: los OBJETIVOS.

En circunstancias diferentes habría regresado a iaido antes que a kendo después de dar a luz, pero papá también es budoka y hay que repartirse los tiempos. Tenemos al menos la suerte de entrenar en días alternos. Una vez has vuelto a entrenar y tomado conciencia de los cambios, hay que replantear los objetivos. No lo veo como una renuncia a todo, sin embargo. Simplemente he marcado un par de fechas en mi calendario y a continuación he ido a entrenar: el objetivo, al fin y al cabo, es seguir haciendo kendo con mis nietas.

Veremos si cuando #Bebékenshi empiece a gatear puedo rascar el tiempo para ir a clase.

Mamá kendoka semanas 22 a 27: midori loco

-Es imposible_ dijo el orgullo.
-Es arriesgado_ dijo la experiencia.
-Es el veranillo de San Miguel y estamos a 35 grados _dijo la razón.
-Es el séptimo mes, tía _ dijo la ley de la gravedad.

Y con el do todavía bien colocado y el hakama a la altura de las rodillas, el martes fui a entrenar.

La kendoka pocha: midori del hamor

Y así paso las tardes

En abril ya sabía que este momento tenía que llegar. De hecho, entrenar kendo durante el embarazo es un camino lleno de concesiones: vas prescindiendo del men, del tare, del obi para el iaito, del fumikomi, del keiko… Vas adaptándote a los cambios en tu cuerpo adaptando lo que en cada momento vas a poder hacer. Y con todo, puedes aprovechar ese tiempo para hacer pequeñas mejoras, o cuanto menos ser más consciente de tus errores, ya que te has dejado por el camino también la velocidad y la fuerza. Con todo, creo que ha habido pocos días de kendo en mi vida en que lo haya pasado peor.

La fatiga física no es el mayor de los problemas: cuentas con ella, porque El Bebé se mueve y cuelga de ti dentro y fuera del dojo. No me canso más tratando de tirar men pequeño que caminando. Lo peor, como en muchas lesiones, es que no pules tus errores: al contrario, estos parecen agrandarse. ¡Vuelves a casa con agujetas en el brazo derecho, demonios! Las piernas te las han cambiado por dos palos de surimi y tu cadera… bueno, se supone que la cadera y el centro de gravedad siguen en el mismo sitio, pero por algún motivo te ves pasando de medio lado. Estoy en el tercer trimestre: mi pelvis se va abriendo poco a poco, y el ciático lo empieza a notar. La cadera debería seguir en su sitio, sí… pero yo ya no lo estoy o me veo aflojándome como un pudding mientras tiro la técnica.

Otro aspecto que se ha vuelto cuesta arriba es la recuperación: lo que hasta julio llevó como mucho un par de horas más de lo habitual, esta semana fueron tres días. Es natural que la presión arterial baje un poco durante el embarazo, y que el ejercicio la baje todavía más. Pero que sea natural no significa que no sea molesto, y que día y medio viendo bailar los posters del despacho tenga gracia.

Y la cabeza. La cabeza que sigue funcionando sola. Que ve tu palidez reflejada en la cara de tus compañeros y de tus instructores, que te conocen lo bastante bien para saber qué significa para ti la imposibilidad de entrenar y no se atreven a sugerite que quizá Lo Inevitable ya está aquí. El pavor de no mejorar sino empeorar, de no saber si podrás volver a hacer un keiko decente en tu vida. Los diez años de frustración que habías olvidado y que de pronto se te echan otra vez encima. El pánico. Los que me conocéis en persona sabéis de lo que hablo, así que no voy a extenderme más.

Y las petardas del grupo de preparación al parto que te sugieren que qué más da, si total no vas a hacer kendo cuando seas madre, porque tu lugar ya no está ahí.

La mayoría de las kendokas que he sabido que entrenaron durante el embarazo fueron retirándose más o menos en este momento, alrededor del séptimo mes. Sé de al menos una que entrenó hasta el octavo. Aunque nada parece ir fuera de lo normal, me temo que estas serán mis últimas semanas de práctica.

Lo único que no está equivocado aquí es el disco de KISS

La mayoría de las kendokas que he sabido que entrenaron durante el embarazo fueron retirándose más o menos en este momento, alrededor del séptimo mes. Sé de al menos una que entrenó hasta el octavo. Aunque nada parece ir fuera de lo normal, me temo que estas serán mis últimas semanas de práctica. Entrené solamente un día esta semana, y volveré la semana que viene. Mientras, trataré de comprobar hasta dónde puedo llegar en iaido, que será lo que más se complique cuando tenga al Bebé conmigo. Después, seguiré mis rutinas horarias y haré midori en las horas de clase: es lo que he tenido que hacer en los keikos desde junio. Mirar no sustituye a hacer, pero me permite seguir concentrada en kendo y pensando en mis propios objetivos.

Mientras, Miyuki, una compañera japonesa, le ha regalado el primer tenugui de mi Bebé.

Seis cosas que quizá no sabías sobre el descanso

Ahora sí, los dojos han cerrado, apenas queda alguna cita suelta del kendotour  y en general nuestras familias han entrado en ese mes del año en que nos dicen OYE, YA VALE, PESAO. Al contrario que desesperarnos por no tener clases de kendo en las próximas cuatro o seis semanas, quizá deberíamos reflexionar un poco sobre la necesidad de descansar.

 1.- La falta de descanso es uno de los factores más altos de lesión en los deportistas amateur.

Hay pocas frases menos afortunadas en artes marciales que esa de mientras descansas, tu enemigo entrena. O sea, que donde los profesionales tienen un preparador que les dice lo mismo que nuestra familia nosotros no lo tenemos, y compensamos fallos con más entrenamiento.

Al final te vas a hacer daño

Para obtener buenos resultados en cualquier deporte (y el kendo tiene mucho de deporte aunque alguno no quiera oírlo) es necesario entrenar a tope… pero planificando bien. Los especialistas en Medicina del Deporte y tres o cuatro páginas que hemos pillado por ahí aconsejan descansar al menos un día a la semana y un mes al año: la Academia Americana de Pediatría recomienda dos días de descanso a la semana, y dos o tres meses de vacaciones, para niños y adolescentes.

En el tiempo de descanso podemos y debemos acondicionar nuestro cuerpo: el último punto de este post se lo dedicamos al descnaso activo. Pero vamos, que no nos va a pasar nada por no hacer kendo cuatro semanas al año.

 2.- Tu cuñado el cortisol.

Llaman al cortisol “la hormona del estrés”. Se produce de forma natural en las glándulas suprarrenales como respuesta al estrés muscular: una de sus funciones es incrementar los niveles de glucosa en sangre y aumentar así la disposición de energía cuando entrenamos. Si no descansamos, nuestro cuerpo sigue produciendo cortisol y nuestros músculos no se recuperan: incluso puedes acabar perdiendo masa muscular. El descanso, sobre todo llevar constancia en las horas de sueño, es el momento en que el organismo reduce la cantidad de cortisol.

3.- El entrenamiento mejora con el descanso, y no al revés.

Si aprendemos a descansar correctamente nuestro entrenamiento mejorará. No sólo en lo tocante al rendimiento físico sino también el psicológico: al esfuerzo tenemos que añadir las pesadillas, las técnicas que no nos salen, el calendario de competiciones y exámenes de grado. Todo eso repercute en nuestro trabajo.

El dr. Selye, muy relajado

 

Esto lo estudió el descubridor del estrés, Hans Selye, ya en 1946: el exceso de estímulos acaba por degradar nuestra respuesta. Te vuelves más lento, te cuesta más mejorar una técnica concreta, llega la desmotivación y detrás de ella las lesiones. Ahí has entrado ya en el territorio del sobreentrenamiento: la mayoría de artistas marciales lo sufrimos antes en la cabeza que en los pies.

4.- El descanso, como el entrenamiento, tiene su rutina.

Igual que planificamos la calidad de nuestras clases de kendo y procuramos equilibrar técnica y físico, el descanso es mucho más que tirarse a la bartola. Las vacaciones son un buen momento para adquirir hábitos que podamos incorporar durante la temporada. Los dos últimos puntos pueden servirte para empezar:

5.- Tu amiga la siesta.

En general poca gente duerme bien. O al menos poca gente duerme las ocho horas de rigor. Al cabo del tiempo eso pasa factura en el kendo: sobre todo porque durante la temporada sacamos tiempo para entrenar después del trabajo o las clases, y nuestros horarios no son todo lo saludables que quisiéramos. Ahora es el momento de aprovechar los cambios de jornada o las vacaciones para recuperar sueño.

Para los que no disfrutan de la siesta, están las técnicas de relajación y meditación: eso que haces como que te concentras mucho al final de la clase pero estás pensando en la excusita que vas a poner para prolongar las cervezas. ¿Qué tal si te sientas en mokuso cinco minutos antes de cenar?

Parece una tontería, pero te enseña a respirar

6.- Técnicas de descanso activo.

Se llama descanso activo al reposo de nuestra actividad alternando con ejercicios de bajo rendimiento: los especialistas recomiendan especialmente actividades al aire libre. Aunque alguna vez ya hemos hablado de crosstraining, en este caso se trata de descansar haciendo algo, que también tocamos a principios de verano. Estiramientos, natación, coger la bici, alterar incluso las rutinas de físico…

Como veis, una vez más trabajar con el cuerpo pero dejando a la mente tranquila. Además, adaptar el organismo a condiciones diferentes o medios diferentes como el agua mejora la capacidad de respuesta a los estímulos. Y por último, seguro que todos tenéis ya vuestro fisioterapeuta o quiromasajista de confianza: aprovechad para visitarle y no le dejéis sólo para el verano.

Y total, antes de lo que tardais en leer esto vamos a estar dándonos bambú…

Físico: Street Workout

Llegó el verano (al hemisferio norte).

Para la mayoría de nosotros eso significa descansar: hay un post en el horno sobre ello, a sugerencia de EL PROFE STATHAM.

Para los que quieran alternar con algo de actividad física, o estén pensando en cross-trainear la próxima temporada, uno de nuestros amigos-que-todavía-no-hacen-QUÉ nos sugirió ayer los tutoriales de Al Kavadlo:

Como veis, Kavadlo entrena en la calle, no en un gimnasio: aunque él no se define como miembro, esta es la filosofía del Street Workout. Esta va a ser la primera vez que hablemos de este movimiento deportivo que basa su entrenamiento en utilizar lo que tengas a mano en casa o aprovechando el mobiliario urbano, y del que ya hay grupos de trabajo en España y América Latina. Ninguno de nosotros practica street workout ni calistenia (de momento), y todavía tenemos un cierto repelús por todo lo que no conlleve el acompañamiento de un preparador físico.

Sin embargo, nuestro amigo lector (que sí practica pero aun así no quiere compartir con vosotros su sabiduría) nos ha sugerido ya varias veces el nombre de Kavadlo como autoridad en la materia. Aporta a sus tutoriales explicaciones de biomecánica, y francamente no vemos gran diferencia entre seguir sus tutoriales o pagar por “aparatos más clases virtuales” en cualquier gimnasio low cost.

En todo caso, y como en la mayoría de nuestros posts, esto no está para enseñaros nada sino para que opinéis y compartamos. La clave, como en casi todo, es no hacerse daño.

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