¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

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Me he cargado al primer jefe: lo que el kendo me enseñó

Comencé a practicar kendo justo cuando acababa de cumplir 30 años. Durante todo este tiempo he sudado, he tenido dolores, he aprendido a lucir con orgullo mis moratones e incluso he sufrido alguna que otra lesión (ya hablaremos en otro momento, si me dejan, del PAVOR). Durante todo este tiempo he tenido una meta, y esa no era otra que el primer Dan. Como niño criado en los 80, entre chicos karatekas y ninjas americanos, no puedo evitar guardarle cierto aprecio al Dan, al cinturón negro, y eso que en kendo –que es una de las cosas que más me gustan–, no usamos cinturones sino que el cinturón eres tú.

Primer dan de Juan Moreno de Kendo Shion Malaga: "Lo que más me gusta del kendo es que no es algo que puedas practicar solo, necesitas un compañero, y el compañero te necesita a ti"

En una de tantas tardes

El 28 de marzo de 2015, hace casi un mes a la escritura de este texto, tuvieron lugar en Madrid los exámenes de Dan de kendo. En mi club llevábamos bastante tiempo preparando el examen, aunque en realidad podríamos decir que llevábamos preparándonos desde la primera vez que cogimos nuestro shinai, pero bueno, eso ya lo sabéis.

No voy a hablar del examen, otros ya lo han contado antes –y mejor– que yo. De lo que voy a hablar es de la sensación que experimenté justo al terminar, y la que llevo experimentado al acabar todos los entrenamientos que han transcurrido desde entonces.

El primer Dan no me ha hecho más fuerte ni más sabio, ni siquiera ha mejorado mi kendo. Lo que sí lo ha hecho es el entrenamiento y la experiencia necesaria para llegar a él y seguir caminando después. Todos sabemos, o hemos leído, que el primer Dan es ese primer paso, esa puerta que se abre hacia un conocimiento o un camino mucho más largo, y que por suerte, en eso consiste el kendo.

Así que no puedo sentir otra cosa que una inmensa gratitud. Lo que más me gusta del kendo es que no es algo que puedas practicar solo, necesitas un compañero, y el compañero te necesita a ti. No puedo parar de pensar en lo agradecido que estoy hacia toda esa gente que me enseña, que viene a entrenar cada día, que al fin y al cabo hace posible que yo pueda hacer una de las cosas que más me gustan en este mundo, y esa no es otra que el kendo.

¿Cómo hemos llegado al Dan (el uso de este plural no es nada mayestático)? Pues hemos llegado todos juntos: Gala y Pedro, compañeros de Shion que se han examinado –¡y aprobado!–conmigo; los demás compañeros que se examinaron ese mismo día; Fernando, Moisés, Carmelo, Sebastián, Rubén, Adriana, Míguel, José, Rafa, Dani, Antonio, Marina y los demás kenshi que entrenamos en Shion; los maestros que han tenido a bien dedicarnos su tiempo y mostrarnos cómo recorren ellos el camino; y Natalia, que me aguanta el olor, el llegar a las tantas y desaparecer los fines de semana que hay curso. Hemos llegado todos, ya que sin ellos no podría haber alcanzado esta primera meta, esta primera etapa.

Quizá podía haber hablado de los nervios, del camino hasta llegar al examen, de las cosas que no salen, del ki ken tai, del pie izquierdo que se queda atrás, de la mano derecha que pega más fuerte, de la postura, de la cadera… pero como ya he dicho antes, creo que eso ya lo han contado mejor que yo.

No he adquirido superpoderes ni me siento mejor kenshi que antes, o si quiera diferente, simplemente me siento agradecido y con más ganas de seguir entrenando hasta la próxima meta, y tanto si la alcanzo como si no, seguir mirando hacia delante, con todos, que –repito– el kendo no es algo que pueda hacer solo.

Primer dan de Juan Moreno de Kendo Shion Malaga: "Lo que más me gusta del kendo es que no es algo que puedas practicar solo, necesitas un compañero, y el compañero te necesita a ti"Juan Escriche es kenshi del dojo Shion de Málaga, España. Publicamos esta colaboración mientras entrena con sus compañeras y compañeros en Japón, antes de animar a su selección en el Campeonato del Mundo de kendo 2015. Te odio, Moreno.

Cinco pensamientos antes de un examen

Después de tanto tiempo desaparecida por esto lares hago una aparición estelar antes de que algún proyecto me secuestre. Y es que este fin de semana es el V Campeonato de España de Iaido: mi curso número… X (ya no los cuento); mi examen de Shodan, que es en realidad el segundo examen de iaido que he hecho en mi vida… ¡debería estar de los nervios!

Todavía recuerdo mi primer examen (en mi primer Huesca de paso sea dicho) cuando llevaba algo menos de un año en el dojo y mis compañeros hacían apuestas sobre el grado que me darían, y decían que si no lo sacaba me dejarían de hablar. Eso eran ánim0s. La noche de antes me iba pronto a la cama por eso de que al día siguiente me examinaba y habría que descansar… hasta que me pillaron por banda y me dijeron: “de eso nada: ¡a trasnochar!”

Cuando hablamos de Huesca hablamos de ESTO

Pero volvamos al presente y centrémonos en el examen, que por cierto, ya no puedo retrasar más. No puedes quedarte eternamente en una categoría de grado en iaido si quieres competir. Y empiezas a pensar, aunque no quieras. ¿Qué ropa me voy a poner? ¿Cómo me voy a peinar? ¿Qué brebaje habrá traído esta vez Villa? ¡Que no es una chorrada! La presencia es muy importante para un iaidoka, ¿que no? (eso ponía en el Hagakure xD)

Bueno, y ahora que nadie sigue leyendo esto… también piensas otras cosas. Esas que siempre dices que no piensas, que estás muy relajada y todo eso.

1.- Técnica: Recuerda, esto no es competición. No te precipites, tienes TODO el tiempo del mundo, pero con fluidez y sin recrearte demasiado.

2.- Kata: ¿Sale tu kata preferido? Crécete. ¿Sale tu peor kata? Relájate, visualízalo, hazlo despacio y lo mejor que sepas.

3.- Reiho: la clave para los nervios. Respira, cálmate, no pienses, sólo hazlo como siempre haces.

4.- Metsuke: ¡No te olvides de la mirada! Eso de cortar a lo loco aquí no se prima.

5.- Saya Biki: ¡Esa mano izquierda, demonios! ¿¡Qué pasa, que te quieres cargar la saya? [y no miro a nadie] Tira bien fuerte para desenfundar y ejecutar bien el corte, como si de una cobra al morder se tratase.

No son precisamente pensamientos, pero son cosas que tener en la cabeza antes de entrar al shiai. Sólo pienso que todos nos sentimos igual en cierta medida cuando pisamos el tatami y vemos que se acerca La Hora; unos están nerviosos, otros sólo tienen ganas de que todo acabe; incluso hay otros que sólo piensan en irse a la cama a pasar la resaca ;). Pero te salga bien o mal nada va a cambiar. Mañana será otro día en el dojo entrenando.

… y como no hay viernes sin vídeo, si asistís al Campeonato de España podréis ver en vivo cosas como esta.

Los jueves, foto: después de un examen

Número de serie

El reposo del caminante del Budô

Me ha costado mucho, pero esta foto, por lo que ha significado ese número para mí y por lo que he sentido al verla, me inspira reposo.

He suspendido un examen. ¿Ahora qué?

Recién estrenado como bloguero, Raúl Megido Andrés Sánchez ha accedido a compartir con nosotros algunos de los posts de su bitácora personal, Reflexiones de un kendoka. Este es el primero:

Ante todo, no hay que ponerse nervioso. Está claro que si has suspendido es por algo, y lo que hay que hacer es determinar el problema y focalizar nuestros esfuerzos para atajarlo. No sirve de nada poner excusas: “no tenía un buen día”, “no lo he hecho igual que en clase”, “estaba muy nervioso”… Esto es kendo. Si nos hubiéramos encontrado en una contienda real, estaríamos muertos.

El entrenamiento nos ha de llevar a hacer nuestro kendo en cualquier situación, y las situaciones pueden ser muy dispares. Un examen supone presión extra; pero no nos engañemos, un combate a muerte aún más. Debemos tener la habilidad suficiente para abstraernos de cualquier presión externa y concentrarnos en nuestro kendo. Y eso también es parte del entrenamiento.

Pero esto no es el final del camino. Por fortuna no hemos muerto en un combate. Es más, disponemos de otra oportunidad para enfrentarnos a esos demonios internos y vencerlos. Y ahora además tenemos una grandísima ventaja a comparación con la ocasión anterior.

  • Estamos más preparados

Acabamos de suspender un examen y a nadie le gusta esto. Pero, ¿has evolucionado desde la última vez que hiciste un examen? La respuesta seguramente sea que sí. Si no has dejado de entrenar, en este momento estás más cerca de conseguir el siguiente grado que la última vez que te examinaste. Y lo mejor de todo es que tienes tiempo de mejorar mucho hasta la próxima vez que te presentes. Eso sí, no nos podemos dormir en los laureles. Tenemos mucho trabajo que hacer, pero indudablemente estamos mucho más cerca. Así que manos a la obra y a por ello.

  • Tenemos más información

Normalmente cuando suspendemos un examen todos sabemos en qué hemos fallado. Esa es una gran ventaja. Ahora ya sabes cuales son las preguntas del examen. Es decir, ya sabes lo que has de corregir. No obstante, si no lo tienes muy claro, siempre puedes preguntar. No pidamos explicaciones de por qué no hemos aprobado. Lo que debemos averiguar, es que fallos nos han visto para poder corregirlos. Una vez analizados los errores toca trabajar sobre ellos durante las clases.

  • Tenemos más experiencia

Seguramente uno de los grandes problemas que hemos tenido en ese examen fallido han sido los nervios. Pues bien, tengo una nueva y buena noticia que darte: ya sabes a lo que te enfrentas. Ya tienes la experiencia de enfrentarte a ese examen y sabes exactamente lo que te van a pedir. Ya lo has vivido, por lo que no es nada nuevo y no te llevará a sorpresas inesperadas, uno de los cuatro demonios del kendo. El miedo es otro de los cuatro demonios del kendo. Y nuevamente tengo otra buena noticia, sí, esto cada vez se pone más de tu parte. El miedo es el demonio más fácil de vencer, pues solo nos concierne a nosotros. En realidad, hoy por hoy, no hay ningún motivo real para tener miedo. Nuestra vida no peligra. Y si por alguna razón fallamos, tendremos una nueva oportunidad más adelante.

Estás mucho más preparado ahora que antes de hacer el examen. Debes trabajar duro, sí, pero sabes exactamente qué es lo que debes mejorar. No valen escusas. No valen lamentaciones. Incluso los monos se caen de los árboles. Cae siete veces, levántate ocho.

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