Cualquier tarde de  viernes, vestido de flamenco. Llevas una hora preguntándote por qué no estás en casa viendo un DVD con el bol de palomitas que compraste en “XXL Boles”.  Pues no: estás en tu dojo, con cansancio mental y físico después de una linda semana de trabajo. Y entonces…

El segundo de los tres kata que estás haciendo de seguido se va de tu cabeza a tomarse una caña fría. Y tú pones cara de estúpido consternación.

Cualquier tarde de  viernes, vestido de flamenco. Llevas una horita preguntándote por que no estás en casa viendo un DVD con el bol de palomitas que compraste en "XXL Boles".  Pues no: estás en tu dojo, haciendo iaido, con cansancio mental y físico después de una linda semana de trabajo. Y entonces...  El segundo de los tres kata que estás haciendo de seguido se va de tu cabeza a tomarse una caña de cervecita fría. Y tú pones cara de estúpido consternación.

Esto nos puede pasar a todos. Lo que ocurre es que a mí me pasa mucho. El problema de mis “vacíos cerebrales”, como yo los llamo, es que no puedes recordar rápidamente. Y los tres segundos que tienes para actuar, tus 30 compañeros no pueden seguir, porque te pueden sajar en canal o empalarse en tu sable. Lo cual lo hace todo más incómodo. Si tienes suerte y te pasa al principio, alguien se da cuenta y te sopla.

Si fuéramos maquinas, vendría el técnico y diría: “le falta RAM, caballero”, y no sabrías si comprarte memoria extra o una vaca. Quedarse en blanco es algo complicado, pero no tiene más solución que estar concentrado y relajado.

Y esto es lo que me pasó en mi primer Campeonato de Madrid de Iaido, el segundo sábado de febrero de 2013.

En sus primeros torneos uno va  a ver qué pasa, gane o no gane da igual: hay que pasárselo bien.

¿Y qué pasó? Que tú vas todo tranquilo, haciendo bromitas, y cuando llegas a la fila de combates dices: “qué calor hace aquí, parece que han puesto la calefacción”.  El calor aumenta, saludas a tu contrincante, y empieza el combate. La cosa es que sigues sudando como un pollo, hace un calor que ni en Sevilla en 15 de agosto. Tanto, que tu cabeza no funciona bien. Terminas como puedes para que un rato después te des cuenta de que no hacía calor: los nervios te han hecho un feo.

¿Qué podemos hacer? NADA. Cuando te pasa te aguantas, no hay solución. ¿O sí?

Según mi profesor, cuarto dan de Iaido, la respuesta es “sigue bailando”. Hace pocos días, en una prueba de embu, me inventé un kata yo solito: me faltaba sacar el cartelito de “OUT OF ORDER”. Da igual en lo que te hayas equivocado. El otro competidor puede haberla liado parda, los jueces estarán mirándole a él  y no darse cuenta; o en un examen, pueden valorar tu presencia (zanshin), y que exhales la idea al tribunal: “no señores, el kata es así”.

Ante estos sucesos lo mejor es salir contento: ya sabes lo que te puede pasar.  Sea en un entrenamiento, exibición o lo que sea.