¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Tag: Corea

Los viernes geiko: kendo y discapacidad intelectual

En estos meses hemos visto kendo sin piernas, kendo en silla de ruedas, y hemos empezado a analizar qué pasa con el iaido cuando tu lateralidad se ve afectada por la dislexia. Este breve vídeo es el único que hemos encontrado en la red sobre hacer kendo, y enseñar kendo, a personas con diversidad funcional intelectual.

El documento data de 2006 y fue compartido por el usuario de Kendo World EBP2K2, de Toronto, sin pie ni comentarios sobre su origen. Algunas fuentes aseguran que se trata de un embu llevado a cabo por un dojo del distrito de Gwanak en Seúl.  Nosotros lo descubrimos en Navidad, y en estas semanas no hemos podido conseguir a nadie que tradujera los rótulos en coreano, así que, lamentablemente, no podemos dar más información sobre el vídeo en sí.

Según el Movimiento Asociativo FEAPS, la discapacidad intelectual “se expresa cuando una persona con limitaciones significativas interactúa con el entorno. Por tanto, depende tanto de la propia persona como de las barreras que tiene el entorno. Según el entorno sea más o menos facilitador, la discapacidad se expresará de manera diferente”. Las causas son distintas y, según sean orgánicas, genéticas o cromosómicas (como el síndrome de Down o X Frágil) las habilidadades también se manifiestan distintas. Muchos transtornos conllevan dificultades en la psicomotricidad en general o la coordinación visomotora, pero no siempre ni de forma determinante para practicar un arte marcial.

Por ejemplo, vemos en el vídeo que algunos de los jóvenes tienen dificultades para mantener el maai correcto en el kiri kaeshi. La senpai lo soluciona manteniendo su propio shinai como referencia. Sólo otro de los participantes (min. 2:16) lleva asistencia, y no tiene kiai audible. Quizá se trate de un rasgo de autismo, que no le ha impedido aprender a hacer koté y men. Mi momento favorito, además del kirikaeshi que hizo llorar a los foreros de Kendo World, es el min. 2:23, cuando uno de los chicos más jóvenes se planta en jodan no kamae para tirar su kote, llevándose la ovación (y la sorpresa) de los locutores y del público.

Lo malo de que el vídeo proceda de Corea del Sur es que rastrear el dojo del que procede este grupo se hace imposible si no escribes hangul. En Corea, China y Japón hay vida más allá de Google o Yahoo! así que bucear desde aquí, saber cuántos de estos chicos siguen practicando, y en qué circunstancias, nos resulta por el momento inalcanzable.

El kendo no es una excepción en lo que refiere a diversidad funcional. En general se escribe poco (y se investiga menos aún) sobre DF y disciplinas deportivas poco habituales. Así pues sigue resultándonos sorprendente saber de discapacitados intelectuales que practiquen golf, hípica o karate.

Salvo trabajos concienzudos como el de José Manuel Arnáiz en Judomental.org, carecemos de información de campo. No hay alumnos con discapacidad intelectual en los dojos, ergo otros no acuden. Se dan prejuicios (“pero pero ¿Y si les pasa ALGO durante el entrenamiento? ¡que llevan un ARMA!“), aunque no en mayor proporción que en otros ambientes donde la discapacidad es lo que les pasa a los otros. No es que nuestra sociedad normalizada vete la discapacidad, como tampoco veta otras diferencias. Simplemente no sucede. La voluntad y la buena disposición existen y los ejemplos, aunque excepcionales, están ahí. Hay españoles con discapacidad intelectual que han pasado grados en judo, karate y taekwondo.  Y, fuera de lo inspiradores que vídeos como este nos resulten a todos nosotros, nos gustaría que estos posts ayuden a abrir camino a otras personas con diversidad funcional interesadas en el Budo, y a que los instructores tengan que machacarse la cabeza un poco menos cuando les lleguen alumnos diferentes.

La gallina dijo Eureka

las niñas que están aprendiendo a jugar al Catán en esta foto son mis vecinas del pueblo, donde paso las Navidades siempre que puedo. Y como en dos días llegarán los Reyes, voy a contaros algunas preguntas que me han ido haciendo estos días sobre kendo, iaido, katanas y más cosas

¿Y entonces puedo cambiar trigo por madera?

Las niñas que están aprendiendo a jugar al Catán en esta foto son mis vecinas del pueblo, donde paso las Navidades siempre que puedo.

En casa de mis padres dispongo de un hermoso patio al sol donde hacer cortes y suburi sin temor a cargarme las lámparas. Mis dos vecinitas sienten una gran curiosidad por esos movimientos. La mayor se ha pasado al tenis después de un año en taekwondo, mientras que la pequeña parece estarle cogiendo el tranquillo al judo. Y para los que hayan entendido la petarda sutil referencia del título: como en dos días llegarán los Reyes, voy a contaros algunas preguntas que me han ido haciendo estos días.

¿Con esta espada se puede matar un cerdo?

Haceos cargo: somos manchegas, y en estas fechas…

¿Es verdad que un niño de Valencia que hacía kendo mató a sus padres y a su hermana con una katana?

No, no lo es. Y, señor tutor de 6ºB, que ha hecho esta advertencia (really) el día de las vacaciones: cuando una niña le pregunte algo que desconoce o quiera hablar de una tragedia, recuerde al menos que vive usted en la comarca de Calatrava, tierra de caza menor, y cada año enterramos al menos a un montero por un accidente tonto. El kendo no se practica con katana sino con shinai, pero no se preocupe que ya se lo explico yo a la cría en vez de acojonarla.

¿El shinai hace mucho daño?

No, claro. Si lo coges bien, te das cuenta de que no pesa casi. Lo mejor es dejarles que lo cojan, y si están por aquí cuando mi pareja y yo cortamos, les dejamos el bokken. No se aburren, no se meten en medio, evitamos accidentes… y de momento no hemos pasado de la fase que, al darse cuenta de que esto es repetir, repetir y repetir, se cansan pronto y se van a ver la tele. Lo cual es muy útil si estás entrenando, pero algo descorazonador si quieres hacer cantera.

¿En qué se diferencian los koreanos de los japoneses?

Esta pregunta es de mi vecina A, la mayor. Y como comprobaréis más abajo, no es ni con mucho la pregunta más difícil que me han hecho. Sí la más compleja y la que más me intrigó: abrí una discusión en Facebook para comentarlo, porque como todos tengo mis prejucios y no era plan de transmitírselos a la chavala. Pero lo impresionante es que A, que no sabe de kendo más que lo que ve en Youtube conmigo, ve diferencia. No sabe lo que es pero lo ve y, más flipante aún, dice que lo oye.

Estos fueron los vídeos que le puse:

¿Y ese del vídeo qué cinturón tiene? ¿Y ese otro? ¿Y tú? ¿Y eso es más que el amarillo-naranja?

Ese del vídeo no era ni más ni menos que Jigoro Kano, fundador del Judo, en un vídeo que veréis el viernes que viene. Con cinco años, mi vecina B se sabe de memoria los colores de los kyus (exactamente como yo cuando me cambiaron el primer cinturón de karate) y asegura que no se va a desapuntar hasta que no se saque EL NEGRO.

Le expliqué que cambiar de color está muy bien, pero que lo bueno de verdad empezará cuando le pongan EL NEGRO, que será como cuando empiece la ESO del Judo. Y que si fuera japonesa llevaría uno blanco todo el tiempo hasta ese momento, y que nosotros no llevamos cinturón bajo la falda (que las vuelve locas a las dos). Afortunadamente me he traído un kaku obi blanco para reforzar mi tesis, porque B sospecha que le estoy vacilando.

¿Cuál es el golpe de matar?

A se refería a la diferencia entre puntos y KO del taekwondo. Le expliqué que los cuatro son puntos de matar, pero la explicación no le terminó de convencer.

¿Y quién gana?

En competición, maticé, el que marca antes dos puntos.

¿Y cuáles son las técnicas de esquivar?

Le dije que en kendo no hay, al menos no las que ella entiende por esquivar en taekwondo. No es cierto, claro, aunque A me preguntaba cómo zafarse de un ataque. Si llega el caso, que aprenda ella sola ESO QUE ESTÁIS PENSANDO.

Le dije también que existen contraataques, pero que la esencia de éstos tiene más que ver con provocar el ataque para colocarte en una situación ventajosa. B, la pequeña judoka, lo entendió; pero A seguía pensando en lo que yo le había dicho de que no me zafo.

¿Y si te da?

Pues si me da, me da. También aprendo cuando me dan.

¡Pero entonces nunca ganas!

Gano a veces, otras no. Suelo perder muchas más veces de las que gano, pero eso no es lo más importante para mí.

¿Y por qué no te apuntas a algo donde ganes?

Y ésta sí que ha sido, hasta ahora, la pregunta más difícil. Ríete tú del lío Corea-Japón.

A empezó las vacaciones mosqueada, porque había ganado el Premio al Mejor Christmas del colegio pero no le han dado ningún regalo ni trofeo. Tiene once años y quiere ganar al tenis, quiere ganarme al Catán, quiere ganar a comerse las uvas de Nochevieja y no entiende por qué mi pareja y yo nos dedicamos a algo en lo que no ganamos, o raramente ganamos nada. Y en realidad sí ganamos: salud, emociones, valores, tantas cosas (y a veces en bonitas chapas que dejar en casa de la madre, junto al resto de los premios y festivales que he ido ganando a lo largo de mi vida).

Eso le explico a A, y lo entiende, porque es inteligente, pero le sigue pareciendo enormemente aburrido eso de repetir y repetir y volver a repetir los bastonazos al aire, o el cambiar una y otra vez las piernas en iai goshi para vencer el vértigo, sin esperar obtener una recompensa visible. A lo mejor su tutor podría explicárselo la próxima vez que le dé por pontificar sobre ese concepto tan vago al que llamamos LA VIOLENCIA. A mí me molesta mucho, muchísimo, no ser capaz de explicárselo bien.

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