¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

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Stickers! (o cómo el kendo nos enseñó creatividad)

Hace tiempo que debíamos estas palabras a Álex.

Quien haya tenido la suerte de entrenar con Álex Acosta en Madrid sabrá de su paciencia, compromiso con el kendo y creatividad.  Por eso muchos lamentamos perderle cuando emigró a Japón para establecerse allí y seguir entrenando.

Pero kendo es kendo en todas partes, también en el estudio y la tableta gráfica de este arquitecto que mientras aprendía japonés, analizaba los usos del espacio en el país del kendo (y los compartía con los españoles a través de la red) ha diseñado junto a un compañero Kendomania, una colección de cartoons como estos:

kendo_line_sticker1

Kendomania es una colección de iconos para chatear en la red LINE. Humorísticos, claro, pero con un diseño delicadamente complejo debajo de su apariencia de sencillez: si bien encontraremos nuestros lugares comunes favoritos (la piñata de aquí arriba, un buen biru-geiko o un imposible tameshigiri con shinai) también descubriremos cómo decir “en kendoka” que nos estamos mudando, que nos hemos enamorado o que nuestro shinai, como la alfombra de Aladino, ha adquirido vida propia.

kendo_line_sticker2

No es la primera vez que encontramos a kendokas, o budokas en general, llevando nuestra pasión más allá del dojo. Tampoco es que ocurra sólo con nosotros: ahí está Quique Peinado haciendo literatura política con el Rayo Vallekano, o su misma casa, Libros del KO, con su fascinante catálogo de fútbol y boxeo. Aquí mismo hemos podido compartir algunas joyas como el diseño gráfico de Mochi Studio sobre montaje de shinais, fotografías de todo el mundo, las crónicas kendokas de Danimaru,  o pequeñas aventuras en la blogosfera como esta misma web. O nuestras camisetas.

Sin embargo todavía se ven determinadas expresiones de acercamiento al budo como irrespetuosas o frívolas cuando deberíamos tomarlas como lo que son: manifestaciones gráficas de que hacemos kendo, leemos kendo, respiramos kendo y creamos kendo dentro y fuera de los dojos. Que entre nosotros haya atletas, profesores, escritores, madres, artistas o científicos es un valor para la difusión del kendo, como no podría ser de otro modo.

Mientras tanto, podéis adquirir y descargar Kendomania para vuestro móvil en la tienda LINE. Nosotros no nos llevamos nada de esto, más que la satisfacción de saber que allí lejos un compañero sigue en el camino, y de qué manera.

 

Japanlover.me o cuando el kendo se hizo branded content

Cualquier cosa es mejor con kendo y vosotros lo sabéis. Así hemos visto películas de superhéroes con kendo, anime de zombies con kendo, anuncios de whisky con kendo, películas españolas con kendo y series de TV para la tercera edad con kendo. Ya, si ya. Pero kendo, vosotros me entendéis. Mientras tanto, en Internet circulan los Kendo Memes, los Kendo Gifs y la fotonovela de humor gráfico Kendo Daily Life. Más recientemente hemos descubierto estas ilustraciones que a mí me dio por llamar Kendo Kawaii:

kendo_kawaii

Y venga likes

 

Otra que tuvo todavía más éxito fue esta otra que llevaba las armas samurai al terreno de LO MONÍSIMO:

Total que me metí esta mañana en la web que sale en la firma He investigado exhaustivamente sobre las autoras de estas ilustraciones. Japanlover.me es el nombre del portfolio más creativo que nunca se le haya podido ocurrir a un otaku. Detrás de la web están tres jóvenes ilustradoras filipinas, Kaila, María Chichi Romero y Michelle Domínguez. Ninguna supera los 23 años y han desarrollado una carrera incipiente en el mundo de la publicidad online como community managers y diseñadoras gráficas. De tal manera que lo que empezó siendo una página para mostrar sus declaraciones ilustradas de amor a Japón se ha convertido en una web dinámica, fieramente viral, donde puedes encontrar guías de viaje temáticas, directorios web sobre Japón, y sobre todo comprar cositas. Si andas buscando por Internet en ese amplio mundo de las “cosas japonesas” acabarás dando con alguno de sus álbumes, y de ahí directo a un catálogo específico de merchandising online con el tema de la ilustración.

Los álbumes dedicados al kendo y a las armas samurai (y ninja) forman parte, claro está, de su sección Cool. Japanlover.me está dividido en tres áreas, Kawaii (kimonos, dulces y moda), Otaku (os lo imagináis) y Cool, quizá la más interesante, que va recorriendo Japón a través de sus tradiciones más antiguas y más modernas. Desde luego es la que cuenta con ilustraciones más originales y su tienda online dispone de DVD, arte, música e instrumentos, documentales y material didáctico para aprender japonés.

Por si la jugada no fuera lo suficientemente inteligente, las autoras dedican cada mes a un contenido diferente de la cultura japonesa: las artes marciales protagonizaron el mes de diciembre, y este de enero están recorriendo las leyendas populares japonesas, con lo que han llenado la web (y sus réplicas en Pinterest, Facebook, Tumblr e Instagram) de grullas, dragones y kodamas.

Desconozco el volumen de ingresos que Japanlover.me está generando, pero de momento ha conseguido que el trabajo de las tres autoras llegue prácticamente a todas partes. Si se traduce en contratos o exposiciones habrá que verlo, del mismo modo que está por ver si a su creciente comunidad de japanlovers les acaba interesando alguno de sus contenidos más allá de Lo Kawaii. El Social Media es, por su propia naturaleza viral, de muy breve perduración en el tiempo. Mantener su presencia digital quizá les lleve más esfuerzo que sus propias (y bellas) creaciones, y la lucha por ser el kendoviral del mes que viene empieza a ser tan encarnizada como un torneo policial.

Pues a mí me gusta El Último Samurai

Hay una corriente narrativa que se conoce como de frontera, protagonizada por personajes desahuciados por su entorno o en los límites de la deserción, que encuentran un nuevo camino más allá de su propio mundo. A veces la frontera física y la emocioanl coinciden, a veces no están claras. A veces el otro lado viene con sus propias maldiciones. Lo cierto es que el western (sin ser el único género, ni la norteamericana la única cinematografía con línea fronteriza) nos fue dejando esta idea que se hizo más nítida, más agria también, al final del siglo XX. Bailando con lobos la redefinió para los estudios, y de vez en cuando reaparecen películas sobre nómadas que se encuentran al otro lado de la civilización.

Una de esas películas es El último samurai, de Edward Zwick. Y como de cine ya hay gente que sabe mucho, vamos a lo que nos interesa.

Hay una corriente narrativa que se conoce como de frontera, protagonizada por personajes desahuciados por su entorno o en los límites de la deserción, que encuentran un nuevo camino más allá de su propio mundo. A veces la frontera física y la emocioanl coinciden, a veces no están claras. A veces el otro lado viene con sus propias maldiciones. Lo cierto es que el western (sin ser el único género, ni la norteamericana la única cinematografía con línea fronteriza) nos fue dejando esta idea que se hizo más nítida, más agria también, al final del siglo XX. Bailando con lobos la redefinió para los estudios, y de vez en cuando reaparecen películas sobre nómadas que se encuentran al otro lado de la civilización.  Una de esas películas es El último samurai, de Edward Zwick. Y como de cine ya hay gente que sabe mucho, vamos a lo que nos interesa.      "¡No hay pan pa tanto chorizo!"  El argumento de la película se inspira tangencialmente en la Revolución Satsuma, que tuvo lugar durante la Era Meiji. De historia japonesa sabe mucho Jonathan y habla de la Satsuma en Historiajaponesa.com. Dice que el protagonista, Nathan Algren, aterriza en Japón como si viniera de Neptuno, y esa es la idea, en efecto. John Logan y Marshall Herskovitz armaron un guión donde éste es un testigo de otros hombres más que de una civilización o un tiempo, no sé si por temor a ser acusados de colonialistas o para quitar presión a Tom Cruise, que era un reclamo un tanto espinoso.  En cualquier caso este es probablemente uno de los rasgos más inteligentes de la historia, que apunta el foco hacia dos personajes en concreto: Katsumoto (Ken Watanabe) y Ujio (Hiroyuki Sanada). Ambos educados como samurais pero de caracteres opuestos, acaban haciéndose con la historia. Entre sus rasgos en común está precisamente la alegría de vivir y un sentido del humor ingenuo y bastante grueso que contrasta con la melancolía general. Saben que sus días están contados, pero tienen asumido que su destino, morir plantando cara, le dará valor al ideal de vida que defienden. Que a la larga este sacrificio le dé otra oportunidad a Nathan Algren es un gesto enormemente coherente.  La representación del samurai como icono para los occidentales pasa inevitablemente por el seppuku. El honor, y por ende la virilidad, están asociados a esta forma de ejecución. El último samurai toca el ritual pero la muerte de sus guerreros, en batalla o después de ésta, no es un objetivo sino un medio. Defienden una idea y están dispuestos a dar la vida para demostrar esa idea. Por eso, como los hombres de Takamori en la revolución de verdad, la Satsuma, posan orgullosos ante la cámara de placas.  Porque, otro rasgo original de la cinta, el Katsumoto de esta ficción no lucha contra unos demonios extranjeros. A quien le planta cara es al capitalismo.  La película está sembrada de elementos del western, género hermano del Chanbara. Uno de ellos es la llegada del tren, que entra en Japón como en el Oeste: a fuego y sangre. El ferrocarril pertenece a una contrata, igual que el ejército japonés, que va a estar provisto por una Blackwater de la época. No hay peli de samurais sin katanas ni malvado comerciante. Pero la dicotomía que plantea va más allá del brillo de las espadas o las cabezas volando: ¿merece el esfuerzo? ¿No se puede hacer de otra manera? Los hombres de Katsumoto no viven para la muerte. No viven para el honor tampoco (otro tropo sobadísimo): viven para defender a su comunidad. Su mundo no es perfecto: no siempre son respetados y demuestran ser terribles cuando se les va la mano. Pero lo que viene es mucho mucho peor. Al cabo, la tesis de Logan y Zwick es que los samurais no son caballeros sino hombres, hechos de otra pasta pero hombres al cabo, que se equivocan, rectifican, sufren, ríen (ríen mucho) y sobre todo creen en una idea. Pasan mucho más tiempo hablando que luchando. Katsumoto prefiere las conversaciones.  Y al fondo, narrando a Katsumoto y a Ujio, Algren. Un americano alcohólico y destrozado moralmente por la culpa que llega a Japón por dinero. Pero no se enamora del lugar ni de la idea del samurai, sino de esas personas. Es un testigo del mundo que muere con ellos y del mundo que viene. Por eso debe vivir, y por eso muchos otros y otras como él seguimos buscando esa pequeña medida de paz en Japón mismo o dentro de los dojos.  Uno de los hallazgos de la cinta es la presentación para el público occidental de Hiroyuki Sanada. A pesar del estilazo con la espada de Ujio, Sanada no practica iaido ni kenjutsu: es miembro del Japan Action Club, la escuela de interpretación marcial que enseña a los actores a hacer movimientos espectaculares y realistas a la vez. Entrenan a diario y con tanta dedicación como en cualquier dojo. Hay muchas licencias creativas en El Último Samurai, pero también muchísimo respeto por la forma de trabajar de estos actores y estos técnicos.  Por eso mismo no termino de entender la suspicacia que despierta en la comunidad kenshi esta película. Es ciertamente muy simple, pero rodada con gran delicadeza y brillantemente interpretada. Yo, que también soy muy simple y me conformo con cualquier cosa, acepto que en el cine siempre hay sitio para aparcar, que un oficial de carrera puede aprender a defenderse con la espada en unos meses y que se le verá mejor sin kabuto. Y agradezco mucho que los guionistas de El Último Samurai no se fueran directos a contar la historia de los samurais y contaran la mía. Por eso veo esta película con mi familia todas las navidades y me sigue emocionando como la primera vez.     Por cierto: el guión original de Logan está disponible aquí, y a mí me gusta todavía más.

“¡No hay pan pa tanto chorizo!”

El argumento se inspira tangencialmente en la Revolución Satsuma, que tuvo lugar durante la Era Meiji. De historia japonesa saben mucho en Historiajaponesa.com: Jonathan López Vera dice que el protagonista, Nathan Algren, aterriza en Japón como si viniera de Neptuno, y esa es la idea. John Logan y Marshall Herskovitz armaron un guión donde el personaje principal es un testigo de otros hombres, no sé si por temor a ser acusados de colonialistas o para quitar presión a Tom Cruise, que era un reclamo un tanto espinoso.

En cualquier caso este es probablemente uno de los rasgos más inteligentes de la película, que apunta hacia dos personajes en concreto: Katsumoto (Ken Watanabe) y Ujio (Hiroyuki Sanada). Samurais, fieles el uno al otro pero de caracteres muy opuestos, acaban haciéndose con la historia. Tienen en común mucha alegría de vivir y un sentido del humor ingenuo y bastante grueso que contrasta con la melancolía general. Saben que sus días están contados, pero tienen asumido que su destino, morir plantando cara, le dará valor al ideal de vida que defienden. No son los primeros que lo hacen así en pantalla, pero sí los primeros a los que el Oeste retrata como algo más que una abstracción con piernas.

La representación del samurai como icono para los occidentales pasa inevitablemente por el seppuku. El honor, y por ende la virilidad, están asociados a esta forma de ejecución. El último samurai toca el ritual pero la muerte de sus guerreros, en batalla o después de ésta, no es un objetivo sino un medio. Defienden una idea y están dispuestos a dar la vida para demostrar esa idea.

Porque, otro rasgo original de la cinta, el Katsumoto de esta ficción no lucha contra unos demonios extranjeros. A quien le planta cara es al capitalismo.

La película está sembrada de referncias al western, género hermano del chanbara. Uno de ellos es la llegada del tren, que entra en Japón como en el Oeste, a fuego y sangre. No hay peli de samurais sin katanas ni malvado comerciante, y el ferrocarril pertenece a una contrata, igual que el ejército japonés, que va a estar provisto por una Blackwater de la época. Pero la dicotomía que plantea va más allá del brillo de las espadas: ¿vale la pena todo esto? Los hombres de Katsumoto no viven para la muerte. Su mundo no es perfecto, no siempre son justos y se muestran terribles cuando se les va la mano. Pero creen que lo que viene es mucho mucho peor. La tesis de Logan y Zwick es que los samurais no son caballeros sino hombres, hechos de otra pasta pero hombres al cabo, que se equivocan, rectifican, sufren, ríen y sobre todo creen en una idea. Pasan mucho más tiempo hablando que luchando. Katsumoto prefiere las conversaciones.

Y al fondo, narrando a Katsumoto y a Ujio, Algren. Un americano alcohólico y destrozado moralmente que llega a Japón por dinero. Pero no se enamora del lugar ni de la idea sino de las personas. Que a la larga su sacrificio le dé otra oportunidad es un gesto enormemente coherente. Es un testigo del mundo que muere con ellos y del mundo que viene. Por eso debe vivir, y por eso muchos otros y otras como él seguimos buscando esa pequeña medida de paz en Japón mismo o dentro de los dojos.

Uno de los hallazgos de la cinta es la presentación para el público occidental de Hiroyuki Sanada. A pesar del estilazo con la espada de Ujio, Sanada no practica iaido ni kenjutsu: es miembro del Japan Action Club, la escuela de interpretación marcial que enseña a hacer movimientos espectaculares y realistas a la vez. Entrenan a diario y con tanta dedicación como en cualquier dojo. Hay muchas licencias creativas en El Último Samurai, pero también mucho respeto por la forma de trabajar de estos actores y estos técnicos.

Por eso mismo no termino de entender la suspicacia que despierta en la comunidad kenshi esta película. Es ciertamente simplona, pero rodada con gran delicadeza y brillantemente interpretada. Yo, que también soy muy simple y me conformo con cualquier cosa, acepto que en el cine siempre hay sitio para aparcar, que un oficial de carrera puede aprender a defenderse con la espada en unos meses y que se le verá mejor sin kabuto. Y agradezco mucho que los guionistas de El Último Samurai no se fueran directos a contar la historia de los samurais y contaran la mía. Por eso veo esta película con mi familia todas las navidades y me sigue emocionando como la primera vez.

 

El guión original de Logan está disponible aquí, y a mí me gusta todavía más.

Foto: Vamos pal dojo

kodachi

Imposible encontrar la fuente de esta imagen. Algunos la datan en torno a los años 20 e incluso 30 del siglo pasado. En algún foro se la asocia con un reportaje sobre el Japón rural para una revista anglosajona.  En todo caso, entonces como hoy, shinai y bogu al hombro, esta gente va a entrenar.

Si conoces alguna fuente que nos aclare algo sobre el autor o sus protagonistas, será un placer escucharte.

Organizador de buenos propósitos 2014 descargable

A sugerencia de Juan Ortega, un amigo kenshi de Madrid, hemos subido a la red estos dos PDF para que los imprimáis, los pongáis en el corcho, en la bolsa de los shinais o donde más rabia os dé.

ORGANIZADOR 2014

Buenos propósitos 2014

ORGANIZADOR 2014 semanal

Buenos propósitos 2014 (mensual)

Podéis descargarlos para imprimir haciendo click en las imágenes. Las frases del mensual nos las decimos entre nosotros entre clase y clase, pero seguro que cada uno tiene la suya.

Felices fiestas a todas y mucho keiko en 2014. Ganbatte kudasai!

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