¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

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Foto: Per se

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Estar. Esperar. Atender. Por y para una misma.

Lo vio Gala Álvarez en Mallorca (España), en agosto de 2o14, durante el II Encuentro de Verano Kenshi Women.

Nikon D3100

Mamá kendoka semanas 9 a 15: comienza el strip tease

“Pues no se te nota nada” decía mi madre. “Pues no se te nota nada” decía mi cuñada. “Pues no se nota nada de nada” decían en el dojo. Hasta que llegó la novena semana y se notó.

No me juzgues y agarrame los palos que vamos pal dojo

Hacer kendo en el primer trimestre de embarazo no es que haya sido especialmente duro: lo peor en mi caso han sido las náuseas.  Pero a partir de la semana 10-12 la cosa empieza a crecer (como todavía no sabemos si llevamos kendoka o kendoko, en vez de la cosa le llamaremos El Bebé). A la vez que crece El Bebé se organiza un lío de tripas y asaduras haciéndose hueco que ríete tú del camarote de los Marx.

En la semana 12, definitivamente, a la ausencia de fumikomi y de taiatari se añade algo que todas sabíamos que iba a llegar: el striptease del bogu. La kendoka embarazada no puede llevarlo todo encima, pero lo que nunca imaginé es que lo primero en desaparecer fuera el men. Durante el embarazo el diafragma y los pulmones también tienen que recolocarse, y es frecuente sentir problemas para respirar. No es sólo la posición la que influye en este proceso, que se llama disnea; pero sea por falta de espacio o por tener la progesterona a tope, la sensación de falta de aire se vuelve constante y bastante molesta durante el entrenamiento. Sé que a otras kenshis embarazadas no les ha ocurrido (he leído en los foros a algunas que han estado haciendo ji geiko hasta el séptimo mes), pero así está siendo para mí.

Kendo hakama premama

Obsérvese la ventilación extra de tobillos que aporta la hakama sobaquera

Inmediatamente después del men desapareció el tare, porque cuando el hakama tiene que colocarse a la altura del sobaco bastante ingeniería ya es acoplar el nudo del himo debajo del bombo y encima el do para proteger al Bebé. La última vez que me lo puse parecía que llevaba aletas.

Eso influye en el entrenamiento definitivamente: a partir de ahora soy una nueva con do y kotés. Echo mucho (MUCHO) de menos el keiko, tanto que el otro día, celebrando nuestros nuevos kyus, conseguí que me dejaran colarme a los combates con el men puesto (“Arancha, ¿llevas tú el tiemp…? ¡Arancha qué haces, qué haces!”). La relación con la técnica cambia: te concentras más en la distancia y la precisión, en pulir los malditos defectos de punta y el tenouchi. A la vez, el otro se da cuenta de que no necesita transformarse en un Panzer para hacerme men.Agradezco a mis compañeros y compañeras la paciencia: esto empieza a ser un experimento colectivo, y creo que todos vamos a salir beneficiados: tanto para las futuras mamás del dojo como para kenshis con lesión crónica o movilidad reducida.

Los cambios corporales siguen avanzando de la semana 12 a la 18: la buena noticia es que las náuseas han desaparecido definitivamente. Tampoco sufro la hinchazón de pies o la retención de líquidos de la que hablan constantemente las matronas que me voy encontrando. La noticia mala es que la tensión me ha bajado a la altura de los tobillos, en proporción inversa a la elevación del hakama, y funcionar todo el tiempo a cámara lenta determina tanto las clases de kendo como todo lo demás. Algunos días he sido incapaz de entrenar, y las dos últimas semanas trabajé sólo una de las dos clases.

Últimamente recibo consejos diversos además de la legión de tías, vecinas y parientes con la solución de-fi-ni-ti-va sobre gestación y crianza. Uno de los más comunes es:

- No te fatigues porque El Bebé necesita oxígeno.

Y aunque no deja de ser cierto, mi matrona me dijo en la última consulta:

- No te fatigues… pero cánsate. Cánsate un poco.

Así que he decidido confiar en ella. Total, en breve tendré que dedicarme sólo al iaido y al kendo… simbólico, así que voy a aprovechar todo lo que pueda.

¡Toma, pervertido!

Han descubierto en la redacción de Kendo World esta cartelería en el metro de Kyoto:

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¡Dooooo!

Aunque muchos ya lo habréis visto, no me he podido resistir a él. Preguntando a algunos amigos de este blog, el rótulo superior dice Apoyamos plenamente tu valentía [para denunciar a los chikan, pervertidos o sobones]. Literalmente, al parecer, el eslogan viene a decir あなたの勇気、tu coraje 全力でcon toda [nuestra] fuerzas 応援しますapoyar (en presente). A continuación aconsejan: si no sabes qué hacer, sé valiente y consúltanos. El monigote junto al número de teléfono es Zenmai Samurai, un personaje de anime que va por ahí haciendo el bien con una katana hecha de dangos.

¿Por qué una kendoka? En principio, nos cuentan que se da un atractivo juego de palabras entre la técnica (un do a mala leche) y la expresión Dôshiyô (“¿qué hago?”). Pero simbólicamente al menos, soy de la opinión de que no hablamos únicamente de un juego semántico.

Se trata de un anuncio de una compañía que ofrece apoyo a las mujeres que quieran denunciar acoso sexual callejero. No es Japón el único país donde los sobones se han convertido en un problema nacional. Las cifras, sin embargo, están ahí: en 2004, dos tercios de las usuarias del metro y tren del área de Tokio confesaron haber sido acosadas en el viaje, lo que llevó a la implantación de vagones exclusivamente femeninos. Un número creciente de hombres también ha denunciado. El blog Angry Gaijin traduce algunas estadísticas y habla también del acoso sexual en ámbitos como la universidad o el trabajo. Algunos de los expertos que cita consideran que las medidas segregadoras, aunque protejan en primera instancia a las viajeras, son una muestra de cómo las autoridades se muestran incapaces de canalizar un problema social que durante años ha sido visto como una simple travesura.

Y hoy nos encontramos con una petición: denuncia. Defiéndete. Te ayudamos a hacerlo, y usamos el kendo como signo de poder femenino. Una idea latente de la que ya hemos hablado: la muchachita tímida que revela todo su potencial en Bamboo Blade, o la Banshee portadora de la muerte y la vida a la vez en High School of the Dead. Empezar a usar esta idea en publicidad, incluso si se trata de publicidad social, es un avance más sobre este tropo. Existen trabajos sobre el poder de las artes marciales como herramienta de apoderamiento femenino, como este paper de la Universidad de South Florida, aunque se centra más en la práctica de artes de contacto, y en el uso de la defensa personal como potenciadora de la autoestima y el liderazgo femenino.

Otros estudios más recientes hablan de empoderamiento por feminización en los budos: frente a la idea tradicional de que las artes marciales conllevaban una pérdida de feminidad, se está abriendo paso una iconografía femenina de las budokas, en el que un cuerpo femenino fortalecido (o armado con el bogu como en este caso) desafía la normatividad del cuerpo femenino como débil por naturaleza.

Aparte, tenemos la reivindicación de un símbolo cultural nacional frente a lo que, paulatinamente, se manififesta como un problema nacional, al menos en el ámbito urbano. Lo que ha pasado por las etapas de la ocultación, la protección sin castigo y la denuncia pasa ahora a reivindicar ésta como algo no sólo justo y necesario, sino enorgullecedor.

Tanto si haces kendo como si no, denuncia siempre el acoso. Pero si puedes, haz kendo.

Gracias a Afeérico y Marcos por la ayuda con los kanjis.

Estrenamos kotés: BKOR 4 mm. de Nine Circles

Si haces kendo más de dos días a la semana, por más que quieras cuidar tu bogu el desgaste no hay quien lo pare. Reparar las palmas de los kotés puede ser una opción para conservar los viejos y tener un par de reserva, pero a la larga tendrás que gastar dinero en un par de kotés nuevos. Y aunque si preparas un viaje a Japón acabarás pasando antes o después por Tozando y All Japan Budogu, y adquirir auténticas preciosidades, lo cierto es que la mayoría de los kendokas utilizamos kotés estandarizados.

Cuando me tocó cambiar de kotés, el primer consejo que me dieron (uno de mis instructores, un senpai, y varios hilos del foro de KendoWorld) fue no gastar mucho. Tampoco es que pudiera hacerlo, así que la recomendación fue doblemente reconfortante. Me decidí por Nine Circles porque su política de gastos de envío es la más favorable para compras individuales desde España, y conozco a un buen puñado de clientes satisfechos. Al final escogí el modelo de stock de cuatro milímetros.

Foto con el móvil llevada por la emoción del momento

La primera diferencia que tener en cuenta para comprar kotés (o cualquier elemento del bogu) es si lo quieres tejido a mano (tezashi) o fabricado en serie (mishinzashi). Encontrarás unas cuantas discusiones bizantinas sobre las bondades del primero sobre el segundo, pero como al final esto acaba dependiendo sobre todo de tu presupuesto, lo que todos tenemos en cuenta es el fabricante: ese ofertón en eBay puede acabar por salirte muy caro. Y en el vestuario te lo recordarán SIEMPRE.

Igual que la codificación del tejido del hakama y el keikogi, el número de milímetros en el tejido de los bogus no es casual: indica la distancia entre cada hilera de puntadas de la costura (en japonés sashi-haba). Cuanto menor sea esa distancia más densa es la costura, más tieso queda el tejido (y te protegerá más) y el acolchado será también más fino; todo lo cual redunda en mayor calidad. En los kotés hechos a mano se sigue utilizando la medida tradicional japonesa, el Bu (3,03 mm.). En los kotés en serie se utilizan milímetros: por tanto, el tejido de un 4mm. es más duro y delgado que un 6 mm. pero de menor calidad que un 3mm. La mayoría de nuestros primeros kotés, salvo ofertones ocasionales, suelen ser de seis milímetros. Y por supuesto, influye en el precio.

Sin embargo hay una mística de los milímetros que a la larga resulta exagerada. Hay que tener en cuenta la calidad los materiales, sobre todo el cuero de las palmas y también el de los remates. Los distribuidores serios insisten en esto: por eso la mayoría dispone de una oferta bastante amplia.

Hay otras variables: la más vistosa en kotés es que el cuero pueda ir cubierto de tejido (orizashi). Otra es el material: cuero sintético, natural de vaca, o el más tradicional de ciervo. También tinte sintético o índigo y hasta cinco estilos diferentes de cosido en los kotés hechos a mano. Todo esto influye en el precio.

Os cuento todo esto porque, como ya sabéis, la experiencia nos va ayudando a crear este cuestionario de valoración de productos, cuyos resultados son públicos y que esperamos pueda, con el tiempo, ir sirviendo como referencia de kendoka a kendoka. Pero como no lo compramos todo, algunos apartados no están completos: ¿es necesario incluir todas las características de tejido de un koté para valorarlo? Sigo teniendo dudas al respecto.

En realidad mis kotés nuevos son un modelo bastante simple:

Las palmas son de cuero sintético, cosa que, particularmente, me animó bastante en la compra (aunque el puño sí es de cuero natural). Con el término single chamber el fabricante se refiere al Namako, esa especie de anillo acolchado entre los dedos y la muñeca: este modelo tiene una sola, mientras que algunos tienen dos, lo que al parecer proporciona más seguridad y flexibilidad. No todo el mundo está de acuerdo con esto: muchos lo consideran decorativo, y de hecho los modelos superiores de Tozando u All Japan tienen un solo namako.

Lo que más importa es la flexibilidad. El koté tiene que asegurar un tenouchi correcto y no impedirnos empuñar correctamente nuestro shinai. Por eso es importante comprobar los materiales antes de comprar: esa es otra de las cualidades que me gustan de Nine Circles, bastante más transparentes que otros clásicos del kendozoco. Supongo que en un entrenamiento de kendo de varias horas al día es necesario disponer de unos kotés flexibles a la par que duraderos, y eso cuesta. Pero dado que mis kotés de principiante han aguantado dignamente cuatro años de cinco horas semanales a casi diez meses por año, supuse que un modelo un pelín superior sería lo más apropiado para mí.

Y acerté: mis kotés nuevos son suaves, cómodos, doblan perfectamente sobre sí mismos y el cuero se mantiene casi solo. Es cierto que en los últimos tres meses (y en lo que queda de año) mi kendo se ha vuelto más suave y casual, pero precisamente por eso necesitaba algo que no tardara semanas en adaptarse a mí.

Mamá kendoka. Semanas 1-8

TOCOTÓ. A la primera. Bueno… no tanto como a la primera, pero sorprendentemente rápidos. Tanto que para cuando me quise dar cuenta llevaba un mes zumbando bambú con Cigoto-san à cassette.

Primeros síntomas de que ahora sí que sí

De hecho, antes de considerar pros y contras de entrenar embarazada, resulta que las tres primeras semanas ni siquiera sabía que ya lo estaba mientras continuaba entrenando kendo, iaido y haciendo excursiones por el monte. Esto ha sido más o menos lo que ha pasado hasta hoy:

Semana 1: Todavía no sé que estoy embarazada. Acabamos de volver de viaje y nos vamos otra vez, al Makoto Taikai, así que esta semana sólo entreno iaido.

Semana 2: Regresamos del Makoto Taikai y todavía no sé que estoy embarazada. Hemos gozado de cuatro días intensivos de kendo, iaido, shiai, paella y buffet libre castellonense. Cero molestias. Cero sospechas.

Semana 3 y 4: Todavía no sé que estoy embarazada. Así que retomo la rutina habitual después de un mes de preparativos de boda, cambios de clase y de horario. Kendo. Iaido.

Y BLEEEEEEEEEEEERCH. Empiezan las nauseas.

Semana 5: Ahora sí que ya no podemos disimular: estoy embarazada. Todo va a cambiar. Todo acaba de cambiar. Y lo primero que va a cambiar es mi forma de entrenar. Surgen todas las preguntas del mundo a la vez: ¿puedo entrenar? ¿me va a dejar el médico? ¿voy a tener que llevar fotos y vídeos en el móvil para ir explicando lo que hago al obstetra, a la matrona? ¿me dejarán entrenar en mis dojos?

brandineAsí se imaginan mis padres a una kendoka embarazada

Desde que decidimos tener un bebé empecé a buscar referencias de otras mujeres kenshi que practicaran durante el embarazo. No soy la primera mujer embarazada que hace kendo ni mucho menos: otras muchas han ido compartiendo sus experiencias en Internet, la mayoría en el foro de Kendo World. Todas nosotras compartimos náuseas, problemas crecientes con el bogu y unos cuantos prejuicios temores en la comunidad kendoka. Tan es así que el trabajo con kenshis embarazadas tiene dedicado un capítulo entero en el Reglamento de la Australian Kendo Renmei.

Además de las precauciones lógicas sobar tai atari, do y la intensidad del trabajo surgen a nuestro alrededor, en todo el mundo y en todos los dojos, ideas como estas: “debes dejar de pensar en ti misma y pensar en tu bebé“; “tu entrenamiento afectará al buen rendimiento de la clase“; “yo no pienso entrenar con una mujer embarazada“; y la que se viene repitiendo desde hace un año en mis comidas familiares:

- Al fin y al cabo cuando tengas a tu hijo dejarás el kendo, así que ¿qué más te da dejarlo antes?

Curiosamente, nadie en mi familia, ni en el foro de Kendo World, ha cuestionado nunca que PAPÁ deje el iaido cuando nazca el bebé.

Cada ser humano tiene una idea diferente de la maternidad, y probablemente esta cambie con cada hija o hijo, o conforme crezcan ellos. Por lo pronto, la mía no pasa por convertirme en un sustitutivo de la Central Lechera Asturiana y he decidido que Cigoto-san se acostumbre desde ya a uno de los entornos donde, ya sea con sus padres o por sí mismo en el futuro, pasará una cantidad de tiempo importante. Así que me he puesto en manos de la primera voz autorizada: MI MÉDICO, que me conoce desde hace once años y cuya respuesta fue:

- No tengo ni idea de qué es lo que hacéis con la armadura esa, pero mientras no os deis patadas ni os tiréis al suelo, habla con tu instructor porque por mí bien.

El ejercicio físico no sólo es posible durante la mayoría de embarazos, sino que nos lo recomiendan. Nuestra dificultad es que pocos profesionales de la salud saben realmente de lo que hablamos cuando decimos oiga, es que yo hago kendo.

Con las mismas me fui pues a hablar con la segunda voz autorizada (que se convirtió en la primera persona en saber del embarazo, antes incluso que nuestros padres): EL PROFE BAJITO.

Estoy ya en mi Semana 9 y todo en el dojo ha sido bastante consensuado.  Adiós a competir, en kendo y en iaido. Adiós al fumikomi, adiós al taiatari. Adiós al sonkyo (y a mi caprichoso sentido del equilibrio). Adiós al kakari geiko y a combatir como si fuera el Yeti. Adiós al haya suburi. Adiós a nuestras multitudinarias y embravecidas clases de los sábados. Y adiós con el corazón a muchos días de clase en los que me despierto vomitando cada quince minutos.

Pero.

Hola, paso correcto sin retraer el pie derecho.

Hola, tensión adecuada en la pierna izquierda.

Hola, tenouchi, ¿te acuerdas de mí?

Hola, punta dirigida a donde debe.

Hola, control del cuerpo.

Hola, timing.

Hola, seme.

Es cierto que en la clase donde entreno ahora somos menos kenshis, y con una media de edad de 40 años. No hay grandes diferencias entre la intensidad de mi trabajo y el del resto de mis compañeros. Sin embargo, en mi dojo acostumbramos a tener muchos niveles diferentes dentro de una misma clase, lo cual (en mi opinión) acaba siendo muy beneficioso para todos. Yo no he sentido que mi trabajo se resintiera por trabajar con un compañero nuevo, o recién armado, o que padezca una lesión. Del mismo modo no siento que esté ralentizando el trabajo de nadie, aunque agradezco mucho a mis compañeros y compañeras que estén tratándome ahora mismo como a una reina.

Incluso cuando tengo que salir a vomitar.

Puede que mi embarazo se complique y después de la revisión con el obstetra estos posts sean mucho más cortos. De momento, todo bien. Moai kai!

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