¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Un keikogi índigo impostor

Este es mi keikogi. Hay otros muchos, pero este es el mío. Y aunque mi keikogi no es mi mejor amigo, lleva conmigo desde que empecé a hacer kendo y le tengo mucho cariño, así que procuro cuidarlo tanto como cuido mi iaito o el mejor de mis shinais.

Este es mi keikogi. Hay otros muchos, pero este es el mío. Y aunque mi keikogi no es mi mejor amigo, lleva conmigo desde que empecé a hacer kendo y le tengo mucho cariño, así que procuro cuidarlo tanto como cuido mi iaito o el mejor de mis shinais.  keikogi_ANTES  Todavía sigo entrenando a diario con mi primer keikogi y mi primera hakama. Son el modelo barato de Kendoshop que compré a través de mi dojo: algodón arriba y tetron abajo. Las costuras del hakama empiezan a acusar el paso de los años y he tenido que hacerle algún remiendo. Igualmente, el keikogi ha perdido color y el tejido se queda cada vez más rígido tras lavarlo; y eso que no tengo secadora y la calidad del agua de mi región es notable.  Así que todos los veranos le hago un tratamiento especial de belleza que consiste en:      Un paquete de tinte La Nave, tono azul marino, comprado en (qué raro) Mercadona. 1,70 €     100 ml de suavizante Lagarto comprado en la droguería de al lado. 1,25 €     Un bote de bicarbonato sódico traído del colmado o supermercado más cercano. 0,60 €     Lavadora.  Lo primero que hago es teñir el keikogi. Este tipo de tintes están preparados para lavadora, mucho más limpio y menos engorroso que teñir en barreño. Si la lavadora además es clase A, el consumo de electricidad y agua para un tambor sólo con el keikogi será menor y el gasto energético no se notará en la factura, porque vamos a hacer varios ciclos sólo con una prenda.  El paquete de tinte trae dos dosis: para un tinte normal basta con un sobre (teñí así un kaku obi en negro hace unas semanas). En el caso de mi keikogi empleo los dos sobres para que el resultado sea más uniforme. Pongo un programa rápido y en unos 20 minutos ya está teñido.  Normalmente no quedan restos de tinte (el centrifugado escurre el agua): por si acaso, el paquete trae un sobre de sales para hacer un ciclo de limpieza de tambor.  El paso siguiente es recuperar el tacto de la tela, también en la lavadora: meto el keikogi todavía húmedo con medio vaso de suavizante y dos cucharadas soperas de bicarbonato directamente sobre él. Un lavado rápido en agua fría y al tendedero:  keikogi_AFTER     Hala, hasta septiembre  Este es el resultado. No es un tinte índigo, claro está, pero con el tratamiento consigo recuperar parte del color y sobre todo la suavidad del algodón. Esta segunda parte se puede hacer varias veces al año, aunque siempre lo hago en primavera: entreno cinco días a la semana con él y no me da tiempo a secarlo en invierno. Espero que el truco le ayude a acompañarme otros ocho años.

Antes

Todavía sigo entrenando a diario con mi primer keikogi y mi primera hakama. Son el modelo barato de Kendoshop que compré a través de mi dojo: algodón arriba y tetron abajo. Las costuras del hakama empiezan a acusar el paso de los años y he tenido que hacerle algún remiendo. Igualmente, el keikogi ha perdido color y el tejido se queda cada vez más rígido tras lavarlo; y eso que no tengo secadora y la calidad del agua de mi región es notable.

Así que todos los veranos le hago un tratamiento especial de belleza que consiste en:

Lo primero que hago es teñir el keikogi. Este tipo de tintes están preparados para lavadora, mucho más limpio y menos engorroso que teñir en barreño. Si la lavadora además es clase A, el consumo de electricidad y agua será menor y el gasto energético no se notará en la factura, porque vamos a hacer varios ciclos sólo con el keikogi.

El paquete de tinte trae dos dosis: para un tinte normal basta con un sobre (teñí así un kaku obi en negro hace unas semanas). En el caso de mi keikogi empleo los dos sobres para que el resultado sea más uniforme. Pongo un programa rápido y en unos 20 minutos ya está teñido.

Normalmente no quedan restos de tinte (el centrifugado escurre el agua): por si acaso, el paquete trae un sobre de sales para hacer un ciclo de limpieza de tambor.

El paso siguiente es recuperar el tacto de la tela, también en la lavadora: meto el keikogi todavía húmedo con medio vaso de suavizante y dos cucharadas soperas de bicarbonato directamente sobre él. Un lavado rápido en agua fría y al tendedero:

Este es mi keikogi. Hay otros muchos, pero este es el mío. Y aunque mi keikogi no es mi mejor amigo, lleva conmigo desde que empecé a hacer kendo y le tengo mucho cariño, así que procuro cuidarlo tanto como cuido mi iaito o el mejor de mis shinais.  keikogi_ANTES  Todavía sigo entrenando a diario con mi primer keikogi y mi primera hakama. Son el modelo barato de Kendoshop que compré a través de mi dojo: algodón arriba y tetron abajo. Las costuras del hakama empiezan a acusar el paso de los años y he tenido que hacerle algún remiendo. Igualmente, el keikogi ha perdido color y el tejido se queda cada vez más rígido tras lavarlo; y eso que no tengo secadora y la calidad del agua de mi región es notable.  Así que todos los veranos le hago un tratamiento especial de belleza que consiste en:      Un paquete de tinte La Nave, tono azul marino, comprado en (qué raro) Mercadona. 1,70 €     100 ml de suavizante Lagarto comprado en la droguería de al lado. 1,25 €     Un bote de bicarbonato sódico traído del colmado o supermercado más cercano. 0,60 €     Lavadora.  Lo primero que hago es teñir el keikogi. Este tipo de tintes están preparados para lavadora, mucho más limpio y menos engorroso que teñir en barreño. Si la lavadora además es clase A, el consumo de electricidad y agua para un tambor sólo con el keikogi será menor y el gasto energético no se notará en la factura, porque vamos a hacer varios ciclos sólo con una prenda.  El paquete de tinte trae dos dosis: para un tinte normal basta con un sobre (teñí así un kaku obi en negro hace unas semanas). En el caso de mi keikogi empleo los dos sobres para que el resultado sea más uniforme. Pongo un programa rápido y en unos 20 minutos ya está teñido.  Normalmente no quedan restos de tinte (el centrifugado escurre el agua): por si acaso, el paquete trae un sobre de sales para hacer un ciclo de limpieza de tambor.  El paso siguiente es recuperar el tacto de la tela, también en la lavadora: meto el keikogi todavía húmedo con medio vaso de suavizante y dos cucharadas soperas de bicarbonato directamente sobre él. Un lavado rápido en agua fría y al tendedero:  keikogi_AFTER     Hala, hasta septiembre  Este es el resultado. No es un tinte índigo, claro está, pero con el tratamiento consigo recuperar parte del color y sobre todo la suavidad del algodón. Esta segunda parte se puede hacer varias veces al año, aunque siempre lo hago en primavera: entreno cinco días a la semana con él y no me da tiempo a secarlo en invierno. Espero que el truco le ayude a acompañarme otros ocho años.

Hala, hasta septiembre

Este es el resultado. No es un tinte índigo, claro está, pero con el tratamiento consigo recuperar parte del color y sobre todo la suavidad del algodón. Esta segunda parte se puede hacer varias veces al año, aunque siempre lo hago en primavera: entreno cinco días a la semana con él y no me da tiempo a secarlo en invierno. Espero que el truco le ayude a acompañarme otros ocho años de kendo.

2 Comments

  1. jopetas, yo , simplemente me lo ponía áspero y desteñido. Voy a hacer este tratamiento y ya te contaré , si ha mejorado o…me lo he cargado

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