Hace casi tres años tuve una conversación en la cual un señor muy majo con varios danes en Iaido y Kendo le decía a mi mujer:

Miguel debe hacer iaido

Y a día de hoy, más que hacer iaido lo perpetro, en dos clases semanales. Uno se pregunta por qué haces una actividad en la que tienes que invertir una gran cantidad de tiempo, tanto en el dojo, en la preparación física y a veces en el fisio, que es el que más contento sale: llevo ya un dedo roto y creo que dentro de poco voy a tratarme a saco la escoliosis. También inviertes dinero: iaito, ropa, clases. Cursos. Controlas tus  vicios no vaya a ser que  el do te crezca y  no te entre bien la saya. Ay, chocolate, con lo que tú y yo hemos sido. Y la pregunta suele volver cada poco tiempo. ¿Por qué haces iaido?

Mis compañeras de trabajo se ponen a hacer patchwork y bisutería. Otros intentan tener un ataque al corazón con el squash. Mi profesora de inglés me pregunta qué es lo que me motivó a hacer iaido.

¡La espada, la jodida espada japonesa! ¡Katana para los amigos!

Desde que eres niño ves katanas en la tele, en el cine, en los cómics, helados con forma de katana. Sables de luz. Y  luego RTVE te pone  Shogun. Tortugas Ninja, Ultraman, Los Power Rangers. El Guerrero Americano, Delta Force I, II, III y IV.  Y Humor Amarillo. Y Blade, el que ha visto el sol. Cómo coño no vas a aprender a usar dicho útil en cuanto tienes oportunidad. Se te olvida a los 20 y, pasados los 30, un maestro te pide que hagas iaido. No te vas a negar.

¡La espada, la jodida espada japonesa! ¡Katana para los amigos!  Desde que eres niño ves katanas en la tele, en el cine, en los cómics, helados con forma de katana. Sables de luz. Y  luego RTVE te pone  Shogun. Tortugas Ninja, Ultraman, Los Power Rangers. El Guerrero Americano, Delta Force I, II, III y IV.  Y Humor Amarillo. Cómo coño no vas a aprender a usar dicho útil en cuanto tienes oportunidad. Se te olvida a los 20 y, pasados los 30, un maestro te pide que hagas iaido. No te vas a negar.

Después de Shogun pusieron esto en la tele pero ya no

Luego te das cuenta de todo lo que conlleva estudiar y practicar la espada, pero para entonces ya eres un adicto. Ya no puedes dejar de practicar. Dolor, sudor, horas de decepción por lo mal que lo haces, y de vez en cuando algo sale bien; y después más horas de decepción otra vez. Todos tenemos un afán de superación que como Homo Hábiles necesitamos calmar. La introspección y el conocimiento de uno mismo, conocer compañeros y maestros geniales hace que tu vida cambie en gran parte. No es jugar al golf todos los fines de semana y tomarte unas cervezas (sin menospreciar a los del golf): es aparte de las cervezas (sin alcohol) un cambio profundo de tu vida, de cómo cambia tu día a día y que te ofrece muchas satisfacciones. Si quieres, como decía una persona muy sabia: “El kendo no te cambia, eres tú quien tienes que cambiar“. Y yo lo digo también para el iaido.

Que tu pareja y tu practiquéis la misma arte marcial facilita mucho las cosas: horarios, tareas del hogar, y poder compartir algo muy importante que sólo tus compañeros suelen entender, y experiencias que no se pueden compartir si no es así. Hablar de cómo se hace cierto kihon de koryu después de cenar o levantarse de la mesa directamente y discutirlo en casa. Ahora discutimos más variado.

Hace dos años y medio, tras un campeonato de España, me dijeron que hiciera iaido. Llevo dos años disfrutando de ello. Y en una semana tendré un examen. Espero que dentro de treinta años pueda hacer lo que los maestros que me examinarán este domingo hacen hoy: seguir practicando iaido y kendo.