“Pues no se te nota nada” decía mi madre. “Pues no se te nota nada” decía mi cuñada. “Pues no se nota nada de nada” decían en el dojo. Hasta que llegó la novena semana y se notó.

No me juzgues y agarrame los palos que vamos pal dojo

Hacer kendo en el primer trimestre de embarazo no es que haya sido especialmente duro: lo peor en mi caso han sido las náuseas.  Pero a partir de la semana 10-12 la cosa empieza a crecer (como todavía no sabemos si llevamos kendoka o kendoko, en vez de la cosa le llamaremos El Bebé). A la vez que crece El Bebé se organiza un lío de tripas y asaduras haciéndose hueco que ríete tú del camarote de los Marx.

En la semana 12, definitivamente, a la ausencia de fumikomi y de taiatari se añade algo que todas sabíamos que iba a llegar: el striptease del bogu. La kendoka embarazada no puede llevarlo todo encima, pero lo que nunca imaginé es que lo primero en desaparecer fuera el men. Durante el embarazo el diafragma y los pulmones también tienen que recolocarse, y es frecuente sentir problemas para respirar. No es sólo la posición la que influye en este proceso, que se llama disnea; pero sea por falta de espacio o por tener la progesterona a tope, la sensación de falta de aire se vuelve constante y bastante molesta durante el entrenamiento. Sé que a otras kenshis embarazadas no les ha ocurrido (he leído en los foros a algunas que han estado haciendo ji geiko hasta el séptimo mes), pero así está siendo para mí.

Kendo hakama premama

Obsérvese la ventilación extra de tobillos que aporta la hakama sobaquera

Inmediatamente después del men desapareció el tare, porque cuando el hakama tiene que colocarse a la altura del sobaco bastante ingeniería ya es acoplar el nudo del himo debajo del bombo y encima el do para proteger al Bebé. La última vez que me lo puse parecía que llevaba aletas.

Eso influye en el entrenamiento definitivamente: a partir de ahora soy una nueva con do y kotés. Echo mucho (MUCHO) de menos el keiko, tanto que el otro día, celebrando nuestros nuevos kyus, conseguí que me dejaran colarme a los combates con el men puesto (“Arancha, ¿llevas tú el tiemp…? ¡Arancha qué haces, qué haces!”). La relación con la técnica cambia: te concentras más en la distancia y la precisión, en pulir los malditos defectos de punta y el tenouchi. A la vez, el otro se da cuenta de que no necesita transformarse en un Panzer para hacerme men.Agradezco a mis compañeros y compañeras la paciencia: esto empieza a ser un experimento colectivo, y creo que todos vamos a salir beneficiados: tanto para las futuras mamás del dojo como para kenshis con lesión crónica o movilidad reducida.

Los cambios corporales siguen avanzando de la semana 12 a la 18: la buena noticia es que las náuseas han desaparecido definitivamente. Tampoco sufro la hinchazón de pies o la retención de líquidos de la que hablan constantemente las matronas que me voy encontrando. La noticia mala es que la tensión me ha bajado a la altura de los tobillos, en proporción inversa a la elevación del hakama, y funcionar todo el tiempo a cámara lenta determina tanto las clases de kendo como todo lo demás. Algunos días he sido incapaz de entrenar, y las dos últimas semanas trabajé sólo una de las dos clases.

Últimamente recibo consejos diversos además de la legión de tías, vecinas y parientes con la solución de-fi-ni-ti-va sobre gestación y crianza. Uno de los más comunes es:

- No te fatigues porque El Bebé necesita oxígeno.

Y aunque no deja de ser cierto, mi matrona me dijo en la última consulta:

- No te fatigues… pero cánsate. Cánsate un poco.

Así que he decidido confiar en ella. Total, en breve tendré que dedicarme sólo al iaido y al kendo… simbólico, así que voy a aprovechar todo lo que pueda.