Tras nueve meses, y a punto de parir Mamá Kendoka, ¿qué tiene que decir Papi? Nada, para papi sin problemas. O bueno…

homer

“¿Que este año TAMPOCO vamos a Fontenay?”

Nos enteramos de que íbamos a ser padres al segundo mes. Coincidía con un cambio de dojo así que este cambio, siempre muy profundo para cualquiera, para nosotros lo fue todavía más: cambio de horarios, de sistema de enseñanza, de objetivos… y seguimiento de Mamá Kendoka (y iaidoka), de sus náuseas, bajadas de tensión, y alguna vez tener que ir corriendo detrás de ella para recordarle que ESTÁS EMBARAZADA, COPÓN en medio de algún keiko o kata.

Pero el embarazo es una gran experiencia para compartir entre dos. Gracias al trabajo que tengo he podido seguir el nuestro día a día. En cada consulta, en cada nueva vivencia del proceso. Durante esos nueve meses papá Iaidoka tiene que ayudar, apoyar… pero también hacer más que eso, y preparar todo para cuando nazca Bebékenshi, que es como nos ha dado por llamar a la Bebé en la red. También significa tomar decisiones difíciles, como dónde y de qué manera entrenar, o dejar a un lado la preparación de mi examen de iaido porque tengo que pasar más tiempo con mi hija y su madre. Pero eso significa ser un equipo, y nosotros somos un equipo. Dentro de poco, uno de tres.

Entrábamos en el segundo trimestre cuando tomamos una de esas decisiones difíciles: Huesca a tomar por saco. Huesca + mujer embarazada de cinco meses conduciendo + entrenamiento = complicado. Pero viajamos a Valencia a visitar a nuestros amigos, que nos reciben a los tres con los brazos abiertos, incluyendo una inolvidable clase de iaido en Makoto Shin Kai, aunque era su horario de kendo, para que pudiéramos entrenar ambos. Y eso que la espada de mi señora empezaba a necesitar su propio espacio orbital para hacer saya biki alrededor de ESO.

En verano, entre el segundo y el tercer trimestre, también comenzaron las clases de preparación al parto. Estas clases no son sólo para las madres, sino para los dos. Si además eres un papá o mamá con discapacidad, es bueno que acudas a tus clases porque ayudarás a otras parejas a vencer el miedo a la diversidad.

Y sobre todo, si piensas parir, haz Iaido, o Kendo.  Cuando te das cuenta que el “empuja” del parto es hacer seme en Mae, tu vida cambia. Te enseñan a poner la cadera para empujar a la vez que tu compañera… y es e-xac-ta-men-te nuestra forma de mover la cadera. Las kendokas, que tiráis men, que hacéis tai atari, lo sentiréis más, pero los iaidokas también tenemos que hacerlo. También la respiración es parecida (coge aire rápido, suelta aire leeeeeeeeeeento). Y sobre todo te sientes mucho más suelto, no tienes el miedo al ridículo que otros papás de la clase sí tenían. Por cierto, pocos padres todavía acompañando a sus embarazadas.

Y llega el tercer trimestre, el “parto del hombre”. Las limitaciones de movilidad de tu señora que te da la brasa cuando deja de entrenar, que se agobia, que insiste en hacer midori y claro, no la vas a dejar sola por Madrid con su propio campo gravitatorio. Pero tu vida sigue: ser padre no es sólo ser el compañero de la madre; en mi caso, la Universidad, el carnet de conducir que ahora nos hará falta. Fabricar una cuna y pintar y preparar la habitación de la nena. Prioridades que siguen cambiando y que van a más. Vamos, que en septiembre y octubre ha hecho iaido Rita.

El parto ya casi ha llegado, y en él comienza realmente el trabajo de papá. Después hay que ayudar a que la Mamá se recupere presta. A la  hija la ha llevado nueve meses la madre, con lo cual Papi Iaidoka tiene doble tarea, cuidar a su bebé y a su mujer. El doble de trabajo para él y la mitad para ellas.

Y aunque no hago kendo, tengo claro que a partir de ahora iremos a kendo los tres, que para algo es nuestra segunda casa.

“Pero no le digas a mamá que es mucho más molón el iaido”