TOCOTÓ. A la primera. Bueno… no tanto como a la primera, pero sorprendentemente rápidos. Tanto que para cuando me quise dar cuenta llevaba un mes zumbando bambú con Cigoto-san à cassette.

Primeros síntomas de que ahora sí que sí

De hecho, antes de considerar pros y contras de entrenar embarazada, resulta que las tres primeras semanas ni siquiera sabía que ya lo estaba mientras continuaba entrenando kendo, iaido y haciendo excursiones por el monte. Esto ha sido más o menos lo que ha pasado hasta hoy:

Semana 1: Todavía no sé que estoy embarazada. Acabamos de volver de viaje y nos vamos otra vez, al Makoto Taikai, así que esta semana sólo entreno iaido.

Semana 2: Regresamos del Makoto Taikai y todavía no sé que estoy embarazada. Hemos gozado de cuatro días intensivos de kendo, iaido, shiai, paella y buffet libre castellonense. Cero molestias. Cero sospechas.

Semana 3 y 4: Todavía no sé que estoy embarazada. Así que retomo la rutina habitual después de un mes de preparativos de boda, cambios de clase y de horario. Kendo. Iaido.

Y BLEEEEEEEEEEEERCH. Empiezan las nauseas.

Semana 5: Ahora sí que ya no podemos disimular: estoy embarazada. Todo va a cambiar. Todo acaba de cambiar. Y lo primero que va a cambiar es mi forma de entrenar. Surgen todas las preguntas del mundo a la vez: ¿puedo entrenar? ¿me va a dejar el médico? ¿voy a tener que llevar fotos y vídeos en el móvil para ir explicando lo que hago al obstetra, a la matrona? ¿me dejarán entrenar en mis dojos?

brandineAsí se imaginan mis padres a una kendoka embarazada

Desde que decidimos tener un bebé empecé a buscar referencias de otras mujeres kenshi que practicaran durante el embarazo. No soy la primera mujer embarazada que hace kendo ni mucho menos: otras muchas han ido compartiendo sus experiencias en Internet, la mayoría en el foro de Kendo World. Todas nosotras compartimos náuseas, problemas crecientes con el bogu y unos cuantos prejuicios temores en la comunidad kendoka. Tan es así que el trabajo con kenshis embarazadas tiene dedicado un capítulo entero en el Reglamento de la Australian Kendo Renmei.

Además de las precauciones lógicas sobar tai atari, do y la intensidad del trabajo surgen a nuestro alrededor, en todo el mundo y en todos los dojos, ideas como estas: “debes dejar de pensar en ti misma y pensar en tu bebé“; “tu entrenamiento afectará al buen rendimiento de la clase“; “yo no pienso entrenar con una mujer embarazada“; y la que se viene repitiendo desde hace un año en mis comidas familiares:

- Al fin y al cabo cuando tengas a tu hijo dejarás el kendo, así que ¿qué más te da dejarlo antes?

Curiosamente, nadie en mi familia, ni en el foro de Kendo World, ha cuestionado nunca que PAPÁ deje el iaido cuando nazca el bebé.

Cada ser humano tiene una idea diferente de la maternidad, y probablemente esta cambie con cada hija o hijo, o conforme crezcan ellos. Por lo pronto, la mía no pasa por convertirme en un sustitutivo de la Central Lechera Asturiana y he decidido que Cigoto-san se acostumbre desde ya a uno de los entornos donde, ya sea con sus padres o por sí mismo en el futuro, pasará una cantidad de tiempo importante. Así que me he puesto en manos de la primera voz autorizada: MI MÉDICO, que me conoce desde hace once años y cuya respuesta fue:

- No tengo ni idea de qué es lo que hacéis con la armadura esa, pero mientras no os deis patadas ni os tiréis al suelo, habla con tu instructor porque por mí bien.

El ejercicio físico no sólo es posible durante la mayoría de embarazos, sino que nos lo recomiendan. Nuestra dificultad es que pocos profesionales de la salud saben realmente de lo que hablamos cuando decimos oiga, es que yo hago kendo.

Con las mismas me fui pues a hablar con la segunda voz autorizada (que se convirtió en la primera persona en saber del embarazo, antes incluso que nuestros padres): EL PROFE BAJITO.

Estoy ya en mi Semana 9 y todo en el dojo ha sido bastante consensuado.  Adiós a competir, en kendo y en iaido. Adiós al fumikomi, adiós al taiatari. Adiós al sonkyo (y a mi caprichoso sentido del equilibrio). Adiós al kakari geiko y a combatir como si fuera el Yeti. Adiós al haya suburi. Adiós a nuestras multitudinarias y embravecidas clases de los sábados. Y adiós con el corazón a muchos días de clase en los que me despierto vomitando cada quince minutos.

Pero.

Hola, paso correcto sin retraer el pie derecho.

Hola, tensión adecuada en la pierna izquierda.

Hola, tenouchi, ¿te acuerdas de mí?

Hola, punta dirigida a donde debe.

Hola, control del cuerpo.

Hola, timing.

Hola, seme.

Es cierto que en la clase donde entreno ahora somos menos kenshis, y con una media de edad de 40 años. No hay grandes diferencias entre la intensidad de mi trabajo y el del resto de mis compañeros. Sin embargo, en mi dojo acostumbramos a tener muchos niveles diferentes dentro de una misma clase, lo cual (en mi opinión) acaba siendo muy beneficioso para todos. Yo no he sentido que mi trabajo se resintiera por trabajar con un compañero nuevo, o recién armado, o que padezca una lesión. Del mismo modo no siento que esté ralentizando el trabajo de nadie, aunque agradezco mucho a mis compañeros y compañeras que estén tratándome ahora mismo como a una reina.

Incluso cuando tengo que salir a vomitar.

Puede que mi embarazo se complique y después de la revisión con el obstetra estos posts sean mucho más cortos. De momento, todo bien. Moai kai!