¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Ishin, Deshin. Leyendo Persimmon Wind

Hay dos maneras de aproximarse a los libros de artes marciales: la técnica, en forma de manual didáctico o  divulgación; y la que podríamos llamar especulativa, donde caben estudios históricos, biografías y las más de las veces tratados que tienen más que ver con el libro de autoayuda. Dentro de este segundo género de literatura marcial encontramos otro tipo de obras, que seguramente no nos  darán las claves de la técnica secreta del templo de la muerte, pero que nos permitirán descubrir la complejidad de lo que practicamos.

Persimmon Wind, a martial artist journey in Japan es una de esas obras. Cuenta la estancia de su autor, Dave Lowry, en casa de su maestro de Yagyu Shinkage Ryu kenjutsu, muchos años después de que éste regresara a Japón y sus clases quedaran interrumpidas. Es a la vez la historia de un aprendizaje entendido como compromiso personal, del alumno pero también y sobre todo del maestro, más allá de la transmisión técnica o del estilo. Y es un retrato del Japón de los 90, antes de que lo kawaii se hiciera con sus calles y cuando encontrarse un turista occidental era, si no extraordinario, al menos inusual.

Se trata de un relato de la experiencia personal, del efecto de la práctica en la identidad y en la formación del propio carácter. No esperes una obra de referencia: si quieres “saber cosas” sobre artes marciales o sobre Yagyu Shinkage Ryu, tu hombre es Ellis Amdur (que por cierto es un entusiasta del trabajo de Lowry). Pero su plasmación de la vivencia personal pone en palabras sensaciones que nos resultarán familiares a todos nosotros. No es un manual de Budo, pero resulta un buen referente para contar en qué consiste hacer QUÉ.

Lowry (dcha) practicando con Meik Skoss
(fuente: Koryu.com)

 

El peregrinaje de Lowry empieza realmente en otro libro, Tormenta de otoño, publicado por Shambhala en 1985 y que fue una de las primeras aproximaciones al estudio del koryu desde dentro fuera de Japón. Su relato de cómo la vida de un adolescente puede cambiar para siempre con el maestro adecuado se sobrepone a la crónica de su aprendizaje marcial. Poco o nada sabemos de Kotaro Ryokichi, el maestro de Lowry, salvo que su empresa le envió a San Luis, Missouri; que allí vivió durante 15 años y que un día su vida se tropezó con la de un muchacho de la ciudad.

Veinte años después de su regreso a Japón, el alumno, ya un hombre adulto y budoka experimentado, reafirma esa intimidad conviviendo con su maestro en su casa a las afueras de Suwa. Kenjutsu, iaido, shodo y comida (mucha comida), practicadas sin prisa, sin calendarios de temporada ni horarios de clase. Un Japón que entonces como hoy permanece intacto, pero también desconocido incluso para la mayoría de los japoneses.

Lo que viene a contar esta obra más allá de lo autobiográfico tiene que ver con el papel del Koryu Bujutsu en el Japón contemporáneo: nos dice que sólo un 3% de los nipones practican budo tradicional; los viejos iaidokas se refieren con simpatía al judo o al kendo como deportes. Y sin embargo, la práctica que nos describe el autor permanece latente en las tradiciones japonesas más extendidas. Está en los templos, en los baños termales, en normas de cortesía y en festivales folklóricos.

Itto Seki, la roca de Yagyu-sato (C) Koryu.com

A pesar de su tonalidad melancólica, hay poco espacio para la morriña en Persimmon Wind. El alumno ha crecido y la conversación que se establece con el sensei es la de dos hombres maduros. Conceptos como la lealtad, la obligación o el honor son entendidos como universales, aunque sus manifestaciones sean diferentes. No se exime de crítica a la sociedad japonesa: se habla de la guerra, de su efecto sobre la población rural, del desarraigo. Acompañamos a un anciano al santuario de Yasukuni, le vemos llorar, y le oímos preguntarse para qué. La tradición no le da una respuesta.

Persimmon Wind (que podría traducirse con el mucho menos poético “viento con aroma de caqui”) toma su título de uno de los párrafos finales. Mientras un tifón se aproxima a Suwa y toda la ciudad se prepara para protegerse, el viento trae el olor de los huertos de caquis. En pocos días, Lowry deberá volver a los Estados Unidos. Su recorrido por Japón, su peregrinaje, toda la experiencia de aprender de corazón a corazón con su maestro se resume en algo tan sutil y a la vez tan permanente como el olor de las frutas.

Cuando Tuttle perdió los derechos de Persimmon Wind Diane y Meik Skoss lo rescataron para el catálogo de Koryu.com (si no conoces su web, no sé qué haces leyendo esto). Dispone de edición kindle, como la gran mayoría de sus libros. Escribe una columna mensual en la revista Black Belt Magazine, y recibe cartas de detractores reprochándole su falta de realismo y su apego excesivo a la tradición.

 

10 Comments

  1. uauuuuuuu gracias¡¡¡

  2. Fernando Marrón

    30/12/2013 at 4:04 pm

    Me lo lei el año pasado y me parecio un libro excelso. El sueño humedo de cualquier artista marcial

  3. Lo estoy empezando a leer, gracias a su recomendación. Por ahora no he llegado a la parte jugosa, pero al menos es un muy agradable libro de viajes, género que de por si me gusta. Igual suena un poco raro que Lowry se encuentre con que los turistas occidentales son tan raros en Japón en aquella época. Yo siempre recordaré los 90 como una gran época de japanofilia…

    Después, dejando de lado el toque de esnobismo koryu típico de “el kendo es deporte” (que es más que eso, aunque tal vez menos que un arte marcial “de las de antes”) tiene muy buena prosa, el Dave y sus anécdotas son muy divertidas…

    • Ferrero

      02/01/2014 at 10:29 am

      De hecho yo tengo mi duda de si el viaje no tuvo lugar en los 80, a pesar de ser publicado en el 98. En todo caso, ya lo leerás, la perspectiva de kendo o judo como deportes no es una tesis de Lowry sino de sus entrevistados, y tiene sentido: señores mayores de pueblo que van practicando sus cosas y ven a los jóvenes zurrarse.

      Eso se ve muy bien cuando van al dojo de iaido de Suwa invitados, ahí arriba del todo del monte…

      • En realidad lo de “esnobismo koryu” lo decía por un momento de los primeros capítulos en donde Lowry suspira -comprensiblemente, por cierto- cuando su interlocutor asume que él hace kendo y él puntualiza que el kendo es un deporte, etc. Igual, Lowry mismo se pinta como “anticuado” hasta para los japoneses (la escena de los fundoshi…)

        Después si, es muy posible que lo que él cuenta sea de principios de los 80, no hay muchas referencias concretas (Lowry no parece estar muy compenetrado con la cultura pop o la política como para situarnos) pero la atmosfera daría a entender…

        • Ferrero

          02/01/2014 at 11:31 am

          Hay otra escena por ahí, en el bus, con el chaval que le pregunta en inglés todo el rato por el béisbol. Quiero pensar que el Lowry de entonces, gringo al cabo, esperaba encontrarse al personal con el kabuto puesto, porque si no no me lo explico…

          • Jajaja, si; esa también la leí. Se podría hacer un buen estudio sobre el orientalismo (al decir de Edward Said) y la mirada que los occidentales le echan a Japón…

          • Ferrero

            02/01/2014 at 7:40 pm

            Mira, no lo había relacionado nunca con el orientalismo de Said, pero sí. Geishas y odaliscas…

  4. Es que entrar a practicar una koryu en los 70 es como haberse colado en la Meca y sacar la foto o algo así… Lo más de lo más de lo exótico, en un Estados Unidos que empezaba a (re)descubrir a Japón merced a Shogun y las pelis de ninjas…

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