¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

I’m a loser, babe

Una criba después del bogu. Otra hacia el primer año, más o menos. Ahí a lo lejos el precipicio del tercer dan. Todos hemos pasado, algunos más de una vez, por el punto de no retorno; y algunos paran ahí.

Es natural dejar una actividad cuando ya no te aporta nada o no te compensa. Sin embargo, te encuentras con un excompañero en la calle, que empezó a la vez que tú, y casi nunca te dice “esto no era para mí” o “encontré otra cosa”: te habla de dolores locos, del mucho trabajo, de que no ha llegado a pagar el keikogi y la hakama porque así se obligará a volver.

La semana pasada se publicó en Bloguionistas (que sigo desde su creación) el correo de un lector, guionista novel, que preguntaba por el fracaso y los que fracasan. Dedicarse a la creación audiovisual conlleva, quizá como en otras profesiones pero de forma muy expresa, preguntarse a menudo por el éxito y sobre todo por lo contrario. Los que no curran de escribir o no llegan a triunfar. Hace cuatro años la medida de ese triunfo era el salto al cine; hoy triunfar es llegar a rodar, o llegar a cobrar, llegar a estrenar el trabajo y que no se muera por el camino. La medida del éxito, siempre y también en kendo, se manifiesta en la proyección social; el fracaso suele medirse por el anonimato. El avance o estancamiento en la fila, los trofeos, los grados. Todo eso que repetimos constantemente que no es, o no es totalmente, la esencia de lo que practicamos. Pero ¿en qué consiste el éxito, o la falta de éste, para la mayoría que no salimos fuera? ¿Por qué seguimos, y otros se van?

Hace dos domingos tuve una larga conversación sobre esto con uno de mis profesores. Para mí, hacer kendo va siempre unido al sentimiento de gratitud: la idea de que puedan dudar de la mía me provoca una aprehensión casi obsesiva. Cuando empecé a practicar convivía con una enfermedad muy molesta, y saberme valorada y querida fue decisivo durante el proceso. El día que logré acudir una semana de entrenamiento completa saboreé algo muy parecido al triunfo. Sin embargo, ese sentimiento del primer año real de kendo, cuando cada chorrada pequeño avance me hacía verme campeona del universo, se desvaneció, paradójicamente, con mi propio progreso. Cuanto más he querido, más frustraciones he ido coleccionando.

Entro al dojo a diario (porque entreno cada día) a matar esa frustración y a recordarme que el budo me libera de mí misma; que moldea mi carácter y que este propósito es la gran verdad de mi vida, y de otras vidas. Compito esporádicamente, para recordarme que el resultado no es importante y que mi enemigo no está precisamente frente a mí. Y aunque es honesto reconocer que pierdo más de lo que gano, nunca me he sentido más orgullosa en un shiaijo que dentro de mi dojo, cuando EL PROFE BAJITO me dice “¡bien, ahí!” en medio de un combate.

Supongo que la medida del triunfo es seguir insatisfecha: seguir dudando de si mi gratitud se expresa convenientemente. Una razón más, la mía, para volver otra vez. Pero sigo sin encontrar la medida del fracaso, porque hoy no soy capaz de entender mi vida sin el kendo, y me faltan elementos de contraste.

7 Comments

  1. Prefiero ser nadie y continuar entrenando en mi ritmo de vida, que tener un nombre y sentir la presión de donde no me tiene venir nada.

  2. ¡Gracias por mencionarnos!
    Por aquí estamos totalmente de acuerdo contigo; lo importante en kendo es, como en tantas otras cosas, no estar satisfecho con lo que ya se tiene y querer siempre un poquito más (¡o eso creemos!)

    Saludos :)

  3. ¿Sabe el profe bajito que le llamas EL PROFE BAJITO? XD

    Y bueno… la vida es frustración: Cada cosa que consigues un día se perderá mañana, y si avanzas un paso el horizonte se aleja cinco.
    El éxito está sobrevalorado en nuestra sociedad hipercompetitiva.
    Yo hago todo el kendo que puedo por que tira de mi hacia adelante.
    Quiero competir y examinarme de grado porque me sirve de medida de mi esfuerzo.

    Y en cualquier caso, si alguien cree que que está teniendo éxito con su kendo que se grabe en vídeo y se lo vea. :P

    • Respondiendo a tu pregunta: NO. NO LO SABE Y NO VA A SABERLO. ¿Verdad que no?

      Y respecto del éxito… este post nace porque leyendo el artículo de Bloguionistas me percaté de que pensaba tanto en mi propia carrera profesional como en mi vida en el budo. Cuando hice mi Master en 2009, se hablaba mucho de triunfar: triunfar era la HBO, y sobre todo EL CINE. La tele era para alimentarse. Casi cuatro años después el triunfo consiste en alimentarse, precisamente.

      Y si comparo mi vida de superviviente de juntaletras con mi vida de superviviente en el kendo, el camino ha sido proporcional. El éxito como proyección social es importante porque somos animales sociales, pero intento que no sea lo más importante… dicho esto, lo que me satisfacía hace tres años (“¡he aguantado el calentamiento, yuju!” “¡He ido a entrenar yo sola, weeeeee!”) ya no me satisface. Quiero más. No sé qué es ese más: uno de ellos es expresar mi gratitud, creo. Pero el resto se mueve en una zona gris que me provoca mucha inquietud.

  4. Buenísima la reflexión y su extrapolación a la vida. Y lo que dice josete, clavado, el que cree que tenga éxito que se grabe y se mire!

    No recuerdo qué sensei dijo, “la competición es una parte muy pequeña de kendo”.
    Lo importante al final (entre otras muchas cosas) se resume en la actitud de afrontar y la capacidad de sacrificio, ¿para qué? pues como dice en el post, para sentir esa forma de éxito personal.

  5. Me ha encantado.

    Comparto sobre todo esa intensa satisfacción por el “bien, ahí”. Aunque a mi me pasa con el “profe bajito”, con el resto de profesores, contigo, o con cualquiera de los compañeros del dojo. Es algo muy gratificante.

    Anyways, un gran artículo para pensar sobre ello. Gracias por refrescarlo!

    • A ti. No soy de poner muchas reflexiones personales aquí, porque no veo qué puedo aportar desde mi práctica al general… sin embargo, con el tiempo me he ido dando cuenta de que mis movidas son en realidad las movidas de todos, y que quizá sacarlas a que les dé el aire puede contribuir a que alguien se sienta un poco menos marciano.

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