Recién estrenado como bloguero, Raúl Megido Andrés Sánchez ha accedido a compartir con nosotros algunos de los posts de su bitácora personal, Reflexiones de un kendoka. Este es el primero:

Ante todo, no hay que ponerse nervioso. Está claro que si has suspendido es por algo, y lo que hay que hacer es determinar el problema y focalizar nuestros esfuerzos para atajarlo. No sirve de nada poner excusas: “no tenía un buen día”, “no lo he hecho igual que en clase”, “estaba muy nervioso”… Esto es kendo. Si nos hubiéramos encontrado en una contienda real, estaríamos muertos.

El entrenamiento nos ha de llevar a hacer nuestro kendo en cualquier situación, y las situaciones pueden ser muy dispares. Un examen supone presión extra; pero no nos engañemos, un combate a muerte aún más. Debemos tener la habilidad suficiente para abstraernos de cualquier presión externa y concentrarnos en nuestro kendo. Y eso también es parte del entrenamiento.

Pero esto no es el final del camino. Por fortuna no hemos muerto en un combate. Es más, disponemos de otra oportunidad para enfrentarnos a esos demonios internos y vencerlos. Y ahora además tenemos una grandísima ventaja a comparación con la ocasión anterior.

  • Estamos más preparados

Acabamos de suspender un examen y a nadie le gusta esto. Pero, ¿has evolucionado desde la última vez que hiciste un examen? La respuesta seguramente sea que sí. Si no has dejado de entrenar, en este momento estás más cerca de conseguir el siguiente grado que la última vez que te examinaste. Y lo mejor de todo es que tienes tiempo de mejorar mucho hasta la próxima vez que te presentes. Eso sí, no nos podemos dormir en los laureles. Tenemos mucho trabajo que hacer, pero indudablemente estamos mucho más cerca. Así que manos a la obra y a por ello.

  • Tenemos más información

Normalmente cuando suspendemos un examen todos sabemos en qué hemos fallado. Esa es una gran ventaja. Ahora ya sabes cuales son las preguntas del examen. Es decir, ya sabes lo que has de corregir. No obstante, si no lo tienes muy claro, siempre puedes preguntar. No pidamos explicaciones de por qué no hemos aprobado. Lo que debemos averiguar, es que fallos nos han visto para poder corregirlos. Una vez analizados los errores toca trabajar sobre ellos durante las clases.

  • Tenemos más experiencia

Seguramente uno de los grandes problemas que hemos tenido en ese examen fallido han sido los nervios. Pues bien, tengo una nueva y buena noticia que darte: ya sabes a lo que te enfrentas. Ya tienes la experiencia de enfrentarte a ese examen y sabes exactamente lo que te van a pedir. Ya lo has vivido, por lo que no es nada nuevo y no te llevará a sorpresas inesperadas, uno de los cuatro demonios del kendo. El miedo es otro de los cuatro demonios del kendo. Y nuevamente tengo otra buena noticia, sí, esto cada vez se pone más de tu parte. El miedo es el demonio más fácil de vencer, pues solo nos concierne a nosotros. En realidad, hoy por hoy, no hay ningún motivo real para tener miedo. Nuestra vida no peligra. Y si por alguna razón fallamos, tendremos una nueva oportunidad más adelante.

Estás mucho más preparado ahora que antes de hacer el examen. Debes trabajar duro, sí, pero sabes exactamente qué es lo que debes mejorar. No valen escusas. No valen lamentaciones. Incluso los monos se caen de los árboles. Cae siete veces, levántate ocho.