¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Foto: Ueno Hikoma

¿Sabéis quién es este señor?

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Su nombre era Shinsaku Takasugi, y antes de aparecer una vez a la semana en nuestros muros de Facebook y Pinterest ya era un símbolo nacional en Japón. De origen samurai, fue una figura clave en la transición del Shogunato a la Reforma Meiji: colaboró en la creación del primer ejército regular y, como se ve en esta famosísima placa, en el proceso de modernización del kenjutsu a lo que se llamaría gekkiken y ya en el siglo XX kendo.

Pero hoy no vamos a hablar de él sino de este otro señor, que es quien hizo la foto: Ueno Hikoma.

Retrato de Ueno Hikoma. Fuente: Wikipedia

Hikoma fue uno de los primeros fotógrafos profesionales de Japón y un pionero en la implantación y difusión de las técnicas de laboratorio más modernas de su época. Dejó la facultad de Medicina para hacer carrera junto a otro pionero instalado en Japón, Felice Beato, del que hablaremos en otro momento.

La fotografía, en el siglo XIX, tenía su mercado en los retratos individuales y de familia (esa foto de estudio del bisabuelo que tienes en la casa del pueblo), así como en la venta de paisajes. Los primeros otakus, que ya los había en 1870, se pirraban por los jardines japoneses y los retratos de geishas y samurais; y gracias a esta fiebre japonófila ha llegado hasta nosotros toda esa colección de imágenes que ahora circulan por Internet en lugar de por los salones de té y las sociedades geográficas. Eso llevó a unos cuantos fotógrafos europeos a Asia a hacer negocio, y los pioneros locales como Hikoma aprendieron de ellos y generaron sus propias técnicas, como el coloreado de la placa una vez revelada, al estilo tradicional de la pintura japonesa. Esto tuvo éxito en Europa y América y se copió incluso en los primeros años del cine:

 

(esta no es de Hikoma sino de su paisano Kiyobei Kashima, para que os hagáis una idea del coloreado “oriental”)

La palabra japonesa para decir “fotógrafo” es shashin, que podría traducirse como “quien copia la verdad”. Hacerse un retrato no era algo que ocurriera todos los días y costaba una cierta cantidad de dinero, así que los samurai que acudían al estudio de Hikoma lo hacían con sus mejores pintas y mostrándose orgullosos de su rango.

Retrato de Kiichi Harada

Arquero con yoroi (observad el telón colocado detrás y la hierba falsa)

 

Turistas estadounidenses que visitaron el estudio de Hikoma en 1875, y alguien decidió que no había narices a hacerse esta foto.

El magistrado Sumiteru Omura, con su familia, en 1872

Aunque hubo contemporáneos suyos que se dedicaron a fotografiar kenjutsu y gekkiken, los retratos de Hikoma han pasado a la posteridad como un catálogo de una civilización que estaba a punto de transformarse para siempre. Algunos como él, como Takasugi, lo vieron a tiempo y se adelantaron, cada uno en lo suyo. Hikoma es un hijo ilustre de Nagasaki y junto a la tumba de su familia se levanta una estatua conmemorativa. Da su nombre a uno de los premios fotográficos más importantes de Japón.

Referencias:

Revista Ebisu: “Ueno Hikoma, un portratiste a la fin du Shogunat”. Claude Estébe, 2000

Archivo fotográfico Ueno Hikoma de la Universidad de Nagasaki.

2 Comments

  1. Voy a empezar a vestir corbata bajo el gi. Queda de muerte!

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