Si haces kendo más de dos días a la semana, por más que quieras cuidar tu bogu el desgaste no hay quien lo pare. Reparar las palmas de los kotés puede ser una opción para conservar los viejos y tener un par de reserva, pero a la larga tendrás que gastar dinero en un par de kotés nuevos. Y aunque si preparas un viaje a Japón acabarás pasando antes o después por Tozando y All Japan Budogu, y adquirir auténticas preciosidades, lo cierto es que la mayoría de los kendokas utilizamos kotés estandarizados.

Cuando me tocó cambiar de kotés, el primer consejo que me dieron (uno de mis instructores, un senpai, y varios hilos del foro de KendoWorld) fue no gastar mucho. Tampoco es que pudiera hacerlo, así que la recomendación fue doblemente reconfortante. Me decidí por Nine Circles porque su política de gastos de envío es la más favorable para compras individuales desde España, y conozco a un buen puñado de clientes satisfechos. Al final escogí el modelo de stock de cuatro milímetros.

Foto con el móvil llevada por la emoción del momento

La primera diferencia que tener en cuenta para comprar kotés (o cualquier elemento del bogu) es si lo quieres tejido a mano (tezashi) o fabricado en serie (mishinzashi). Encontrarás unas cuantas discusiones bizantinas sobre las bondades del primero sobre el segundo, pero como al final esto acaba dependiendo sobre todo de tu presupuesto, lo que todos tenemos en cuenta es el fabricante: ese ofertón en eBay puede acabar por salirte muy caro. Y en el vestuario te lo recordarán SIEMPRE.

Igual que la codificación del tejido del hakama y el keikogi, el número de milímetros en el tejido de los bogus no es casual: indica la distancia entre cada hilera de puntadas de la costura (en japonés sashi-haba). Cuanto menor sea esa distancia más densa es la costura, más tieso queda el tejido (y te protegerá más) y el acolchado será también más fino; todo lo cual redunda en mayor calidad. En los kotés hechos a mano se sigue utilizando la medida tradicional japonesa, el Bu (3,03 mm.). En los kotés en serie se utilizan milímetros: por tanto, el tejido de un 4mm. es más duro y delgado que un 6 mm. pero de menor calidad que un 3mm. La mayoría de nuestros primeros kotés, salvo ofertones ocasionales, suelen ser de seis milímetros. Y por supuesto, influye en el precio.

Sin embargo hay una mística de los milímetros que a la larga resulta exagerada. Hay que tener en cuenta la calidad los materiales, sobre todo el cuero de las palmas y también el de los remates. Los distribuidores serios insisten en esto: por eso la mayoría dispone de una oferta bastante amplia.

Hay otras variables: la más vistosa en kotés es que el cuero pueda ir cubierto de tejido (orizashi). Otra es el material: cuero sintético, natural de vaca, o el más tradicional de ciervo. También tinte sintético o índigo y hasta cinco estilos diferentes de cosido en los kotés hechos a mano. Todo esto influye en el precio.

Os cuento todo esto porque, como ya sabéis, la experiencia nos va ayudando a crear este cuestionario de valoración de productos, cuyos resultados son públicos y que esperamos pueda, con el tiempo, ir sirviendo como referencia de kendoka a kendoka. Pero como no lo compramos todo, algunos apartados no están completos: ¿es necesario incluir todas las características de tejido de un koté para valorarlo? Sigo teniendo dudas al respecto.

En realidad mis kotés nuevos son un modelo bastante simple:

Las palmas son de cuero sintético, cosa que, particularmente, me animó bastante en la compra (aunque el puño sí es de cuero natural). Con el término single chamber el fabricante se refiere al Namako, esa especie de anillo acolchado entre los dedos y la muñeca: este modelo tiene una sola, mientras que algunos tienen dos, lo que al parecer proporciona más seguridad y flexibilidad. No todo el mundo está de acuerdo con esto: muchos lo consideran decorativo, y de hecho los modelos superiores de Tozando u All Japan tienen un solo namako.

Lo que más importa es la flexibilidad. El koté tiene que asegurar un tenouchi correcto y no impedirnos empuñar correctamente nuestro shinai. Por eso es importante comprobar los materiales antes de comprar: esa es otra de las cualidades que me gustan de Nine Circles, bastante más transparentes que otros clásicos del kendozoco. Supongo que en un entrenamiento de kendo de varias horas al día es necesario disponer de unos kotés flexibles a la par que duraderos, y eso cuesta. Pero dado que mis kotés de principiante han aguantado dignamente cuatro años de cinco horas semanales a casi diez meses por año, supuse que un modelo un pelín superior sería lo más apropiado para mí.

Y acerté: mis kotés nuevos son suaves, cómodos, doblan perfectamente sobre sí mismos y el cuero se mantiene casi solo. Es cierto que en los últimos tres meses (y en lo que queda de año) mi kendo se ha vuelto más suave y casual, pero precisamente por eso necesitaba algo que no tardara semanas en adaptarse a mí.