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El post de La Fortaleza Escondida

¿Cómo se representa al samurai en la ficción? Entre miércoles pop y miércoles pop vamos a ir viéndolo de vez en cuando. El análisis fílimico se lo dejamos a los que saben, y aquí nos vamos a enredar con las cosas que nos gustan.

Hacia el final del segundo acto de La Fortaleza Escondida, los protagonistas son descubiertos y atacados en medio del bosque. El pánico se apodera de los dos campesinos, Tahei y Masakishi, y el General Rokurota Makabe se dispone rápido a proteger a la princesa Yuki.

La princesa, sin embargo, se sienta en un tocón.

Ya nos habían dicho al principio que el comportamiento de Yuki Hime sería inusual: su padre el Daimyo la educó como a un varón y la preparó para heredarle. Monta a caballo, grita, se cabrea y baila. No llega a tocar una espada ni una alabarda: su arma favorita es una irónica vara de bambú. Pero da igual: no tenemos duda de que estamos ante una guerrera. Nos lo dice la escenografía: una samurai de principio a fin.

en el escondite

en el escondite

Escena final de La Fortaleza Escondida (1958) de Akira Kurosawa, con Toshiro Mifune. Este plano os recordará a Star Wars, y con razón.

en el castillo
(sí, en efecto)

O puede que no.

 

 

 

 

 

 

D. Trull escribe sobre La Fortaleza que, siendo el más jidai-geki de los jidai de Kurosawa, no lo es en el retrato de sus personajes: ni Yuki es una doncella inocente ni Makabe es simpático o siquiera heroico; y los dos se pasan la película con los pantalones arremangados, como un campesino cualquiera. No es algo nuevo: La Fortaleza es de 1958, posterior a Los Siete Samurai y a Donzoko, que también contaron con Toshiro Mifune encarnando a samurais guñones, borrachos, que no tenían etiqueta ni la conocieron. Precisamente es a través de sus antihéroes como Kurosawa explora el concepto del honor, que él asocia siempre a la lealtad. También en su obra de ambiente moderno: si alguien no ve que Duelo silencioso es un drama samurai, es que no sabe de qué van las películas de samurais.

En este caso, Makabe y Yuki no son ronin sino fugitivos disfrazados, pero su condición de nobles también es puesta en cuestión durante el viaje. Yuki Hime asume su deber no sólo para con su familia sino para con la humanidad: es la muerte de otra adolescente, la hermanita de Makabe, la que le da la oportunidad de sobrevivir y contraatacar, y condicionará su relación con los dos campesinos, con sus generales, y con el resto de la población. Kurosawa, dado a la metáfora, hace a la princesa jugarse el pellejo para salvar a una campesina de su edad.

Probablemente, lo que la escenografía nos dice es que Yuki tiene el espíritu, pero la posición tiene que ganársela. Es la misma princesa en el tocón y en el palacio, pero ya no es la misma persona.

Tampoco es convencional el uso de las armas. La Fortaleza Escondida es un drama de época (jidai-geki), no una “película de katanas” (Chanbara, género de acción, pero no necesariamente sobre samurais). Apenas hay combates. Makabe desenvaina una vez y no corta  a nadie (para eso hay que esperar a Yojimbo). Yuki se las apaña con una vara de bambú. Y, sin embargo, la intencionalidad de ambos elementos es clarísima:

Cartel original en japonés de  La Fortaleza Escondida (1958) de Akira Kurosawa, con Toshiro Mifune. Logo de la Toho en la que fue su última producción con Kurosawa

Cartel original de la película

A pesar de la mística que relaciona al bushi con su espada, los instrumentos de batalla a partir del periodo Edo eran la alabarda, el arco y el arcabuz. El arma icónica de las mujeres de casta samurai era la naginata. Si entraban en combate lo hacían para tener ventaja y resultados, no para relacionarse místicamente con nada.

Fotograma de La Fortaleza Escondida, de Akira Kurosawa (1952) con Toshiro Mifune y la princesa Yuki con su vara

Poder de la vara

Pero esta vara de bambú sí es un símbolo, no un arma. Es una espada. Yuki no puede ir armada puesto que va disfrazada de campesina, pero la vara representa ese rango que se está ganando por el camino. En otro fotograma famosísimo, el estandarte de su padre se sobreimpresiona sobre el rostro de la joven. Otro atributo samurai, y eminentemente masculino.

El cine histórico de la época no representaba a las mujeres nobles de esa manera: hasta los años 60, la característica que define a estos personajes es el pudor. Yuki, ya lo hemos dicho, no se representa pudorosa, ni física ni emocionalmente; y abre la puerta a esas heroínas pulp de la década siguiente.

La vara de Yuki me recuerda a las viñetas de Forges, cuando doña Concha persigue al inútil de su marido con una batidora de mano. En una película sembrada de elementos humorísticos, este es probablemente el único que se permite la protagonista.

Antes refería que si alguien no ve Vivir o Duelo Silencioso como películas de samurais es que no sabe de qué van las películas de samurais. Kurosawa sostuvo siempre que con La Fortaleza quería entretener y nada más, pero las metáforas y la subversión de la iconografía siguen siendo suyos y de sus guionistas habituales: Ryûzô Kikushima (Trono de Sangre) y Hideo Oguni (Vivir y Los siete samurais). Nos demuestran de nuevo que eso que llamamos honor o valor no tiene nada que ver con la clase, el género, la época o la posición internacional de un país como Japón, intentando entenderse a sí mismo desde entonces.

 Referencias

2 Comments

  1. Espectacular análisis, Mrs. Jameson! :O así me he quedao

    • Gracias, pero tiene poco mérito. Es que es una de ESAS pelis. Y la put… el problema es que ahora no tengo tiempo para analizar más pelis de samurais. ¡Animarse!

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