¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Category: Salud (page 2 of 6)

Mamá kendoka. Semanas 1-8

TOCOTÓ. A la primera. Bueno… no tanto como a la primera, pero sorprendentemente rápidos. Tanto que para cuando me quise dar cuenta llevaba un mes zumbando bambú con Cigoto-san à cassette.

Primeros síntomas de que ahora sí que sí

De hecho, antes de considerar pros y contras de entrenar embarazada, resulta que las tres primeras semanas ni siquiera sabía que ya lo estaba mientras continuaba entrenando kendo, iaido y haciendo excursiones por el monte. Esto ha sido más o menos lo que ha pasado hasta hoy:

Semana 1: Todavía no sé que estoy embarazada. Acabamos de volver de viaje y nos vamos otra vez, al Makoto Taikai, así que esta semana sólo entreno iaido.

Semana 2: Regresamos del Makoto Taikai y todavía no sé que estoy embarazada. Hemos gozado de cuatro días intensivos de kendo, iaido, shiai, paella y buffet libre castellonense. Cero molestias. Cero sospechas.

Semana 3 y 4: Todavía no sé que estoy embarazada. Así que retomo la rutina habitual después de un mes de preparativos de boda, cambios de clase y de horario. Kendo. Iaido.

Y BLEEEEEEEEEEEERCH. Empiezan las nauseas.

Semana 5: Ahora sí que ya no podemos disimular: estoy embarazada. Todo va a cambiar. Todo acaba de cambiar. Y lo primero que va a cambiar es mi forma de entrenar. Surgen todas las preguntas del mundo a la vez: ¿puedo entrenar? ¿me va a dejar el médico? ¿voy a tener que llevar fotos y vídeos en el móvil para ir explicando lo que hago al obstetra, a la matrona? ¿me dejarán entrenar en mis dojos?

brandineAsí se imaginan mis padres a una kendoka embarazada

Desde que decidimos tener un bebé empecé a buscar referencias de otras mujeres kenshi que practicaran durante el embarazo. No soy la primera mujer embarazada que hace kendo ni mucho menos: otras muchas han ido compartiendo sus experiencias en Internet, la mayoría en el foro de Kendo World. Todas nosotras compartimos náuseas, problemas crecientes con el bogu y unos cuantos prejuicios temores en la comunidad kendoka. Tan es así que el trabajo con kenshis embarazadas tiene dedicado un capítulo entero en el Reglamento de la Australian Kendo Renmei.

Además de las precauciones lógicas sobar tai atari, do y la intensidad del trabajo surgen a nuestro alrededor, en todo el mundo y en todos los dojos, ideas como estas: “debes dejar de pensar en ti misma y pensar en tu bebé“; “tu entrenamiento afectará al buen rendimiento de la clase“; “yo no pienso entrenar con una mujer embarazada“; y la que se viene repitiendo desde hace un año en mis comidas familiares:

- Al fin y al cabo cuando tengas a tu hijo dejarás el kendo, así que ¿qué más te da dejarlo antes?

Curiosamente, nadie en mi familia, ni en el foro de Kendo World, ha cuestionado nunca que PAPÁ deje el iaido cuando nazca el bebé.

Cada ser humano tiene una idea diferente de la maternidad, y probablemente esta cambie con cada hija o hijo, o conforme crezcan ellos. Por lo pronto, la mía no pasa por convertirme en un sustitutivo de la Central Lechera Asturiana y he decidido que Cigoto-san se acostumbre desde ya a uno de los entornos donde, ya sea con sus padres o por sí mismo en el futuro, pasará una cantidad de tiempo importante. Así que me he puesto en manos de la primera voz autorizada: MI MÉDICO, que me conoce desde hace once años y cuya respuesta fue:

- No tengo ni idea de qué es lo que hacéis con la armadura esa, pero mientras no os deis patadas ni os tiréis al suelo, habla con tu instructor porque por mí bien.

El ejercicio físico no sólo es posible durante la mayoría de embarazos, sino que nos lo recomiendan. Nuestra dificultad es que pocos profesionales de la salud saben realmente de lo que hablamos cuando decimos oiga, es que yo hago kendo.

Con las mismas me fui pues a hablar con la segunda voz autorizada (que se convirtió en la primera persona en saber del embarazo, antes incluso que nuestros padres): EL PROFE BAJITO.

Estoy ya en mi Semana 9 y todo en el dojo ha sido bastante consensuado.  Adiós a competir, en kendo y en iaido. Adiós al fumikomi, adiós al taiatari. Adiós al sonkyo (y a mi caprichoso sentido del equilibrio). Adiós al kakari geiko y a combatir como si fuera el Yeti. Adiós al haya suburi. Adiós a nuestras multitudinarias y embravecidas clases de los sábados. Y adiós con el corazón a muchos días de clase en los que me despierto vomitando cada quince minutos.

Pero.

Hola, paso correcto sin retraer el pie derecho.

Hola, tensión adecuada en la pierna izquierda.

Hola, tenouchi, ¿te acuerdas de mí?

Hola, punta dirigida a donde debe.

Hola, control del cuerpo.

Hola, timing.

Hola, seme.

Es cierto que en la clase donde entreno ahora somos menos kenshis, y con una media de edad de 40 años. No hay grandes diferencias entre la intensidad de mi trabajo y el del resto de mis compañeros. Sin embargo, en mi dojo acostumbramos a tener muchos niveles diferentes dentro de una misma clase, lo cual (en mi opinión) acaba siendo muy beneficioso para todos. Yo no he sentido que mi trabajo se resintiera por trabajar con un compañero nuevo, o recién armado, o que padezca una lesión. Del mismo modo no siento que esté ralentizando el trabajo de nadie, aunque agradezco mucho a mis compañeros y compañeras que estén tratándome ahora mismo como a una reina.

Incluso cuando tengo que salir a vomitar.

Puede que mi embarazo se complique y después de la revisión con el obstetra estos posts sean mucho más cortos. De momento, todo bien. Moai kai!

Sobreentrenamiento: siete preguntas antes de decir LO DEJO

1. ¿En serio? Anda ya. Como si fueras el único que ha tenido un mal día. Vale, o un mal mes, o una temporada nefasta. La frustración forma parte de lo que hacemos, tanto que es la tercera vez en un año que hablamos de ella por aquí. Eso debería darte qué pensar.

2.- ¿Te ves más lento? Puede que sientas que no te sale nada, y además que te entra todo. Esto es común cuando estamos trabajando sobre una técnica o defecto concreto: nos vemos haciendo movimientos mecánicos, disociados, se nos olvida lo demás. Pero es mentira: no somos robots ni se nos ha olvidado lo que ya sabíamos. El instinto volverá en el momento en que ese trabajo concreto se vaya incorporando al todo.

3.- Ah, que no es eso. ¿Estás cansado? No cansado de me duelen los pies. Cansado. Duermes mal, estás trabajando por encima de tu jornada, hay algún problema en casa… Esto es algo que no puede medir nadie más que tú. Pero muy a menudo nos creemos que el sobreentrenamiento es para los demás; que por no ser profesionales ni deportistas de elite no estamos expuestos a sus males. Y eso es un mito: los efectos del sobreentrenamiento nos afectan a todos antes o después.

En serio, por ahí no vas bien

Uno de los síntomas es precisamente cansancio crónico. Llevas varios días sin entrenar y te levantas como si te hubieran dado una paliza. Te duelen lesiones viejas que creías curadas. Duermes mal (o no duermes). Aunque no hayamos aumentado nuestras clases ni añadido trabajo extra, puede que por razones cualesquiera hayamos aumentado nuestro esfuerzo. También influye el estrés, si se aproxima una competición o un examen. Un error habitual, no sólo en kendo sino en muchos ámbitos de la vida, es compararse con el de al lado. Puede que esa persona, hoy, se casque 12 horas a la semana, vaya al gimnasio a hacer físico y además corra o nade los domingos. Felicidades. Tú no eres peor ni más flojo porque hoy no puedas hacerlo. Esa persona tiene su propio ritmo y su calendario: no son el tuyo. Es más, no deben serlo. Entregarnos a fondo a lo que hacemos pasa por mejorarnos y superarnos, no por rompernos. Si te rompes no podrás nunca decir eso de “un combate más, uno más”. Más que nada porque no vas a estar allí para hacer el combate anterior.

4.- ¿Verdad que no te entusiasma como antes ir a entrenar? Es más, unido a todo eso del cansancio, ir a  kendo (que estás seguro que te apasiona) no es lo que más quieres hacer de la semana. Y eso que estás seguro de que no puedes vivir sin kendo… o al menos lo estabas hasta hace como quien dice cuatro días. Pues es probable que estés acusando sobreentrenamiento. Otra vieja conocida nuestra, la ansiedad, pasa por casa con más frecuencia de lo normal; pero lo peor es que su prima la depresión viene de camino y es una tía muy pesada.

Hay varios documentos clínicos que sitúan la esgrima como una de las disciplinas más expuestas a los efectos neurológicos del sobreentrenamiento: fatiga, ansiedad, insomnio y la consiguiente pérdida de autoestima. Algo más lejos en las tablas pudimos ver esa abstracción conocida como “Artes Marciales” (sin saber cuál de ellas ha participado en el estudio), donde también se detallaban problemas similares. Cuando llegas a esta etapa, denominada clínicamente sobreentrenamiento parasimpático, no sólo estás hecho una breva como kendoka: tus defensas están por los suelos y tu riesgo de lesión aumenta. Para. Ya. Pero no para dejarlo, sino para pedir ayuda. A tu profesor, a tu médico si es necesario.

5.- ¿Crees que necesitas “desconectar”? Que necesitas descansar está claro: tu cuerpo te lo ha estado diciendo y no has hecho caso. De nuevo, habla con tu instructor: no eres el primero al que le pasa y te va a entender. Prueba a reducir tus horas de entrenamiento durante un par de semanas. A lo mejor sientes que no puedes continuar con un ritmo de seis horas semanales, pero sí con dos, y después con tres, hasta encontrar otra vez ese momento en que estás muriendo y eres feliz.

6.-¿Te parece una buena solución alternar? Muchos de nosotros alternamos con otra arte marcial o con actividades físicas más suaves. No sólo para trabajar el físico sino también para relajar la mente. Hay una serie muy interesante en el blog del Nanseikan sobre esto (que publicaremos traducida a lo largo del mes de marzo). Aunque se enfocan en el trabajo del cuerpo, esta forma de entrenamiento supone un descanso activo y es la “desconexión” que muchas veces necesitamos.

7.- ¿Has encontrado otra cosa que hacer? Ah, que no has sobreentrenado. De hecho llevas dos o tres meses sin aparecer. Quizá has encontrado tu vocación y resulta que no es el kendo. ¡Perfecto entonces! Antes de pasar por la criba, procura plantearte si esto es así o es otra cosa.

 

Referencias:

He consultado varios documentos sobre esto y hablado con una fisioterapeuta amiga (y esta vez no hay nada tachado porque he estado leyendo más que un ratito en Google).

Síndrome de sobreentrenamiento, de Andrea Lera para Soymaratonista.com

Sobreentrenamiento en el boxeo, de Roberto Quesada en Soloboxeo.com

Disability in English, not unlike a lot of diversity

Cuando realizas una actividad cualquiera te crees una pequeña diversidad en medio de un mar de homogeneidad. Las artes marciales son un ejemplo. Si además ejercemos una disciplina  minoritaria la pequeña isla donde crees que estas se vuelve más pequeño todo: ¿Kendo, Iaido? ¿QUÉ? Nada más refrescante que hacer una buena búsqueda por la red para darte cuenta de que tu pequeña isla está rodeada de cientos de otras pequeñas islas.

¿Por que tanta cháchara? Porque he descubierto esta enormidad de blog sobre artistas marciales discapacitados diversos funcionales, editado por otro artista marcial, el señor Kondo: Martial Artists With Disabilities.

La pucha.

Erik Kondo es lesionado medular y por eso utiliza silla de ruedas desde los 19 años. Practica Jiu Jitsu desde que tenía 30, así que empezó ya con la paraplejia puesta. Tiene poco más de 40, es tercer dan y ha diseñado un sistema de defensa personal llamado NOT-ME, pensado para personas con movilidad diversa o reducida y que enseña también en institutos para enfrentarse a acosadores y abusones.

Cuando realizas una actividad cualquiera te crees una pequeña diversidad en medio de un mar de homogeneidad. Las artes marciales son un ejemplo. Si además ejercemos una disciplina  minoritaria la pequeña isla donde crees que estas se vuelve más pequeño todo: ¿Kendo, Iaido? ¿QUÉ? Nada más refrescante que hacer una buena búsqueda por la red para darte cuenta de que tu pequeña isla está rodeada de cientos de otras pequeñas islas.  ¿Por que tanta cháchara? Porque he descubierto esta enormidad de blog sobre artistas marciales discapacitados diversos funcionales, editado por otro artista marcial, el señor Kondo: Martial Artists With Disabilities.  La pucha.  Erik Kondo es lesionado medular y por eso utiliza silla de ruedas desde los 19 años. Practica Jiu Jitsu desde que tenía 30, así que empezó ya con la paraplejia puesta. Tiene poco más de 40, es tercer dan y ha diseñado un sistema de defensa personal llamado NOT-ME, pensado para personas con movilidad diversa o reducida y que enseña también en institutos para enfrentarse a acosadores y abusones.

En un curso en AMMA en julio de 2013

Además de difundir la práctica de artes marciales en la diversidad funcional, también lucha contra el estigma de la silla de ruedas: ha conseguido que se retiren anuncios como este de Utah, que presenta las lesiones medulares como un castigo. De esos también tenemos en España: gente condenada a una silla de ruedas por algo que hicieron mal.

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Como decía la copla, ♫castigo de Dios♫

Entonces piensas en tus dificultades para la disciplina que ejecutas, y decides que son una mierda seca comparada con personas y sus webs que aparecen. O a lo mejor no, pero en cualquier caso lo haces más relativo, porque ya no eres el raro ni el diferente. Eres uno entre muchos, y todos estamos en el camino.

Por eso creo que el esfuerzo hecho por el sr. Kondo se merece vuestra visita.

En su blog hay un listado de artistas marciales con diversidades funcionales de todo el mundo, con enlaces a sus páginas personales y/o sus dojos para que otras personas se puedan poner en contacto con ellos. Uno de los más famosos es Baxter Humby, el campeón de Muay Thai. También tiene un listado de foros, referencias, asociaciones dedicadas a las artes marciales adaptadas, deporte adaptado, y también libros. Eso sí, todo en inglés. Os dejo con sus palabras:

Espero que este blog inspire a otras personas con discapacidad a iniciarse en artes marciales. Adicionalmente animo a los instructores y dueños de dojos a utilizar este blog como recurso para sus estudiantes con discapacidad, o para traer a estudiantes nuevos. Este blog no está completo en modo alguno: me encantaría saber de nuevos artistas marciales, o artículos, o enlaces o escuelas y organizaciones.

 

Tu amiga la urea

Callos, durezas, ampollas y rajones varios son el día a día del kendoka. Aunque entrenes sobre tarima, cambiar de suelo durante un curso asegurará la jubilación de los farmacéuticos cercanos al pabellón anfitrión y los fabricantes de esparadrapo de la región. Yo en mi bolsa llevo gel de ducha de Mercadona en un bote reciclado de enjuague bucal, y el último maquillaje que compré me dura desde 2011. Ahora eso sí: entre los pocos lujos que me permito está hacerme la pedicura y visitar cada pocos meses al podólogo.

Muy a menudo pensamos que hacer callo es beneficioso para la práctica del kendo y que no conviene tener la planta demasiado tierna. Como todo, eso es verdad hasta cierto punto: no te vas a morir por una ampolla ni por dos docenas, pero no nos va a beneficiar nada tenerlas ahí. Lo mismo ocurre con las durezas: las hiperqueratosis no dejan de ser más que acumulaciones de piel muerta (que crean una capa de queratina, de ahí su dureza). Cuanto más roce o fricción más crece la callosidad y más se endurece. Si se crea callo puede acabar teniendo uno de esos picos que se endurecen hacia el interior del pie, y  en un curso o entrenamiento intensivo pueden acabar por abrirse grietas o heridas. Hacerte el macho (o la macha) no mejorará tu fumikomi. Para hacer kendo hay que esforzarse, no sufrir.

kendo callos durezas crema de urea Deliplus, cuidado de los pies, artes marciales

“¿¿Pero quién traía el Compeed??”

Cierto tipo de callosidades revelan algún problema de pisada o de carga: por eso es bueno que te vea un podólogo de cuando en cuando. Puedes darle a la piedra pómez todas las noches para mantener las durezas a raya, pero yo soy más bien inconstante. Lo que sí utilizo cada día, precisamente por recomendación de mi podóloga, son cremas con urea.

La urea es un compuesto químico que participa en varios procesos orgánicos de nuestro cuerpo. Está presente en la orina y las heces, pero también en el hígado y en los huesos. Sintetizada se emplea como fertilizante y también en cosmética, ya que la urea está relacionada con los procesos de retención de líquidos, al impedir la pérdida de agua por la piel. Al conservar el agua, por así decirlo, impide la desecación y previene el aumento de las descamaciones. Es un compuesto queratolítico: elimina el exceso de las escamas de queratina que forman el callo.

Las cremas cosméticas de supermercado suelen tener una concentración de urea alrededor del 5%. Las de uso farmacéutico suben a un 20% o un 50%, pero más no siempre significa mejor. Hay que tener cuidado con cremas de alta concentración de urea, que pueden eliminar tus callos… y todo lo demás. Es mejor que tu podólogo te recomiende una de estas en función de cómo te vea.

Kendo callos durezas crema de ureaCallos, durezas, ampollas y rajones varios son el día a día del kendoka. Aunque entrenes sobre tarima, cambiar de suelo durante un curso asegurará la jubilación de los farmacéuticos cercanos al pabellón anfitrión y los fabricantes de esparadrapo de la región. Yo en mi bolsa llevo gel de ducha de Mercadona en un bote reciclado de enjuague bucal, y el último maquillaje que compré me dura desde 2011. Ahora eso sí: entre los pocos lujos que me permito es hacerme la pedicura y visitar cada pocos meses al podólogo.  Muy a menudo pensamos que hacer callo es beneficioso para la práctica del kendo y que no conviene tener la planta demasiado tierna. Como todo, eso es verdad hasta cierto punto: no te vas a morir por una ampolla ni por dos docenas, pero no nos va a beneficiar nada tenerlas ahí. Lo mismo ocurre con las durezas: las hiperqueratosis no dejan de ser más que acumulaciones de piel muerta (que crean una capa de queratina, de ahí su dureza). Cuanto más roce o fricción más crece la callosidad y más se endurece. Si se crea callo puede acabar teniendo uno de esos picos que se endurecen hacia la capa interior de la planta del pie. Y en un curso o entrenamiento intensivo pueden acabar por abrirse grietas o heridas. Hacerte el macho (o la macha) no mejorará tu fumikomi. Para hacer kendo hay que esforzarse, no sufrir.      "¿¿Pero quién traía el Compeed??"  Cierto tipo de callosidades revelan algún problema de pisada o de carga:por eso es bueno que te vea un podólogo de cuando en cuando. Puedes darle a la piedra pómez todas las noches para mantener las durezas a raya, pero yo soy más bien inconstante. Lo que sí utilizo cada día, precisamente por recomendación de mi podóloga, son cremas con urea.  La urea es un compuesto químico que participa en varios procesos orgánicos de nuestro cuerpo. Está presente en la orina y las heces, pero también en el hígado y en los huesos. Sintetizada, se emplea como fertilizante y también en muchos usos cosméticos, ya que la urea está relacionada con los procesos de retención de líquidos, al impedir la pérdida de agua por la piel. Al conservar el agua, por así decirlo, impide la desecación y previene el aumento de las descamaciones. Es un compuesto queratolítico: elimina el exceso de las escamas de queratina que forman el callo.  Las cremas cosméticas de supermercado suelen tener una concentración de urea alrededor del 5%. Las de uso farmacéutico suben a un 20% o un 50%, pero más no siempre significa mejor. Hay que tener cuidado con cremas de alta concentración de urea, que pueden eliminar tus callos... y todo lo demás. Es mejor que tu podólogo te recomiende una de estas en función de cómo te vea.  Aquí arriba está la que me recomendaron: Dermiurea 30%, de laboratorios UniPharma. Menos densa que las cremas para pies de Eucerin o Neutrogena, viene en un frasco de 200 ml que se puede comprar en farmacias y parafarmacias. Este tipo de productos suele cundir bastante, pero para las temporadas bajas de callos la combinamos con esta otra de (♫tachán♫) Deliplus. Como en la mayoría de productos Mercadona, no indica el porcentaje de urea, pero mi podóloga me dijo que está en torno a un 8%. Es poco para un tratamiento intensivo, pero es una buena hidratante y se absorbe rápido. Además viene en un tubo de 125 mililitros que puedes llevar en la bolsa y aplicarlo después de la ducha, antes de calzarte.  Hay algunas consumidoras que la rechazan por considerarla demasiado acuosa: no es el caso, y de hecho es más densa en aplicación que la dermiurea. Ésta deja cierta sensación de polvillo una vez se absorbe: por eso es un producto algo incómodo para los callos de las manos. Hay cremas de manos con urea en el mercado, pero lo cierto es que de momento me apaño con mi hidratante corporal o, en caso de necesidad, del tarro de Nivea que tengo para los kotés.  Uno de los souvenirs que me he traído del curso de Eiga sensei en Gandía han sido unas grietas hermosísimas producto del cambio de suelo. Ya estoy hidratando a tope, pero la visita a mi esteticista, Su Si, es cuestión de horas. Su Si lleva diez años en Vallekas y ha puesto de moda entre mis vecinas las uñas decoradas y el tinte de pestañas, del que me cuenta que era especialista en Shanghai. No puedo lucir una de sus obras de arte en las manos y ya me da rabia, pero mi kendo duele mucho menos gracias a ella y a Eva, mi podóloga. Aquí arriba está la que me recomendaron: Dermiurea 30%, de laboratorios UniPharma. Menos densa que las cremas para pies de Eucerin o Neutrogena, viene en un frasco de 200 ml que se puede comprar en farmacias y parafarmacias. Este tipo de productos suele cundir bastante, pero para las temporadas bajas de callos la combinamos con esta otra de (♫tachán♫) Deliplus. Como en la mayoría de productos Mercadona no indica el porcentaje de urea, pero mi podóloga me dijo que está en torno a un 8%. Es poco para un tratamiento intensivo, pero es una buena hidratante y se absorbe rápido. Además viene en un tubo de 125 mililitros que puedes llevar en la bolsa y aplicarlo después de la ducha, antes de calzarte.

Hay algunas consumidoras que la rechazan por considerarla demasiado acuosa: no es el caso, y de hecho es más densa en aplicación que la dermiurea. Ésta deja cierta sensación de polvillo una vez se absorbe: por eso es un producto algo incómodo para los callos de las manos. Hay cremas de manos con urea en el mercado, pero lo cierto es que de momento me apaño con mi hidratante corporal o, en caso de necesidad, del tarro de Nivea que tengo para los kotés.

Uno de los souvenirs que me he traído del curso de Eiga sensei en Gandía han sido unas grietas hermosísimas producto del cambio de suelo. Ya estoy hidratando a tope, pero la visita a mi esteticista, Su Si, es cuestión de horas. Su Si lleva diez años en Vallekas y ha puesto de moda entre mis vecinas las uñas decoradas y el tinte de pestañas, del que me cuenta que era especialista en Shanghai. No puedo lucir una de sus obras de arte en las manos y ya me da rabia, pero mi kendo duele mucho menos gracias a ella y a Eva, mi podóloga.

Por qué necesitas comprarte una bicicleta (y adoptar un perro)

Se prodiga poco, pero en su imprescindible blog de kendo EL PROFE STATHAM publicó hace tiempo el artículo “¿Qué ha hecho el kendo por mí?” que la mayoría de kenshis que conozco podríamos suscribir casi coma por coma. Si hay algo que los kendokas, que los artistas marciales tenemos en común, es que lo que aprendemos va mucho más lejos de lo que llega el zanshin de un men.

No sé si el kendo me ha hecho mejor persona o hago kendo porque quiero ser mejor persona. En todo caso no es algo que pueda juzgar yo: siempre hay cosas que podría hacer mejor, decir mejor. Sobre todo callarme más y mejor (es curioso que mi anticipación sea mi principal defecto con y sin el shinai en la mano, ¿eh?). Como musulmana tengo claro que Kendo es Jihad: lo que me pone más lejos de mis propias limitaciones y por tanto me acerca un poco más a Dios. Concretando, me hace pensar cada día en mis propios límites físicos y sensoriales y adaptarlos a mi trabajo: no creo en las grandes historias de superación de discapacitados con tres carreras, dos doctorados y varios trofeos. Superarse no es ser el mejor a pesar de: es simplemente ser, lo mejor posible, todo lo que una es.

Y por eso he aprendido a montar en bicicleta. A los 39 años, échale huevos.

Desde que heredé una Otero de cuarta mano en julio llevo ya tres caídas, una de ellas en Segovia, cuesta abajo, tipo proyectil. Todavía conservo todos los dientes. Mi único límite autoimpuesto es que el guantazo no sea lo bastante serio como para lesionarme, de modo que no suelo cogerla en ciudad, ni siquiera en carriles ciclistas. No pedaleo para hacer físico. Pedaleo porque es lo más difícil que haré en mi vida: sufro vértigo desde que nací y mi sentido del equilibrio es muy creativo. Así que mínimo una vez al mes me calzo un casco y me voy por ahí a superar el reto de hacer por lo menos cien metros en línea recta. Casi nada.

Todos peleamos a diario con impedimentos y frustraciones. Estas pueden acabar por ser letales: no puedo seguir porque no soy mu bueno; o no soy tan bueno como antes; o los hay más buenos. Como si los más buenos estuvieran a salvo. Cada vez que me pongo el casco las mato un poquito, y suelto lastre para cuando me pongo el men y tengo que pegarme conmigo misma para superar un rato más entrenando. “Hoy ya has hecho algo”, que diría EL PROFE BAJITO. Algo. Hoy. Ya podemos tatuarnos en la frente Ichi Go Ichi E, que se nos olvida (a mí, al menos) con asombrosa facilidad.

apisonadora

y quien dice un perro…

Mi perro, Brarn, que me ha acompañado en muchas excursiones por el campo, no ha podido ya correr detrás mío con la bicicleta. Con quince añazos, cien en tempo perro, uno tiene que cuidarse. Los últimos dos años he organizado mi agenda para pasar todo el tiempo posible con mis perros, que viven con mis padres. Y eso ha supuesto perder alguna clase de kendo y muchas de iaido. Todos tenemos expectativas y por lo tanto, igual que antes, todos padecemos frustraciones: mis perros, a quienes les importa un pepino que pase de grado o vaya a tal o cual torneo, me han enseñado a vivir un poco más en el momento. De modo que al final, todo lo que hacemos dentro y fuera del dojo es Budo si sabemos hacerlo.

Hace 50 días que murió mi perro, y 25 horas que murió nuestra gata. Toda mi familia colabora con protectoras y he participado en varios rescates: a veces llegas tarde y los animales que salvas sólo tienen tiempo de aprender lo que es un abrazo, una manta o un juguete y poco más. Pero nunca había experimentado tan de cerca la separación de mis mejores amigos.

Brarn, Rufo y Shira ya estaban en mi vida cuando cogí un shinai por primera vez. Uki y San llegaron más tarde (y por eso San, mi tercer gato, se llama San, una vez descartados Koté y Men). Todos han estado cerca los días que me desplomaba en el calentamiento, las noches que llegaba diciendo lodejolodejolodejolodejohoylodejo, y esos días de euforia que crees que van a durar eternamente hasta que vuelves a cagarla. Las últimas semanas he compartido con varios kenshis cierto miedo a no estar a la altura en el inminente ya curso con Eiga sensei. De la noche a la mañana el miedo ha desaparecido: no caben demasiadas emociones cuando te enfrentas al vacío. Lo cual, desde cierto punto de vista, también es una lección de kendo.

Así que no doy por perdidos ni uno solo de los días que he cambiado el dogi por unas zapatillas y he caminado con Brarn por las lindes infinitas de La Mancha.

 

Si te apuntas a lo de la bicicleta (o tu equivalente para matar demonios) pero no tienes claro lo del bicho, quizá quieras echar una mano a alguna protectora que te pille cerca. Yo tengo el honor de colaborar con La Bienvenida de Ciudad Real y PPP Mallorca que trabaja con pitbulls, los más injustamente tratados quizá de todos los perros. Hay directorios por comunidades autónomas como este.

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