¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

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Mamá kendoka semanas 28-39: Papá Iaidoka

Tras nueve meses, y a punto de parir Mamá Kendoka, ¿qué tiene que decir Papi? Nada, para papi sin problemas. O bueno…

homer

“¿Que este año TAMPOCO vamos a Fontenay?”

Nos enteramos de que íbamos a ser padres al segundo mes. Coincidía con un cambio de dojo así que este cambio, siempre muy profundo para cualquiera, para nosotros lo fue todavía más: cambio de horarios, de sistema de enseñanza, de objetivos… y seguimiento de Mamá Kendoka (y iaidoka), de sus náuseas, bajadas de tensión, y alguna vez tener que ir corriendo detrás de ella para recordarle que ESTÁS EMBARAZADA, COPÓN en medio de algún keiko o kata.

Pero el embarazo es una gran experiencia para compartir entre dos. Gracias al trabajo que tengo he podido seguir el nuestro día a día. En cada consulta, en cada nueva vivencia del proceso. Durante esos nueve meses papá Iaidoka tiene que ayudar, apoyar… pero también hacer más que eso, y preparar todo para cuando nazca Bebékenshi, que es como nos ha dado por llamar a la Bebé en la red. También significa tomar decisiones difíciles, como dónde y de qué manera entrenar, o dejar a un lado la preparación de mi examen de iaido porque tengo que pasar más tiempo con mi hija y su madre. Pero eso significa ser un equipo, y nosotros somos un equipo. Dentro de poco, uno de tres.

Entrábamos en el segundo trimestre cuando tomamos una de esas decisiones difíciles: Huesca a tomar por saco. Huesca + mujer embarazada de cinco meses conduciendo + entrenamiento = complicado. Pero viajamos a Valencia a visitar a nuestros amigos, que nos reciben a los tres con los brazos abiertos, incluyendo una inolvidable clase de iaido en Makoto Shin Kai, aunque era su horario de kendo, para que pudiéramos entrenar ambos. Y eso que la espada de mi señora empezaba a necesitar su propio espacio orbital para hacer saya biki alrededor de ESO.

En verano, entre el segundo y el tercer trimestre, también comenzaron las clases de preparación al parto. Estas clases no son sólo para las madres, sino para los dos. Si además eres un papá o mamá con discapacidad, es bueno que acudas a tus clases porque ayudarás a otras parejas a vencer el miedo a la diversidad.

Y sobre todo, si piensas parir, haz Iaido, o Kendo.  Cuando te das cuenta que el “empuja” del parto es hacer seme en Mae, tu vida cambia. Te enseñan a poner la cadera para empujar a la vez que tu compañera… y es e-xac-ta-men-te nuestra forma de mover la cadera. Las kendokas, que tiráis men, que hacéis tai atari, lo sentiréis más, pero los iaidokas también tenemos que hacerlo. También la respiración es parecida (coge aire rápido, suelta aire leeeeeeeeeeento). Y sobre todo te sientes mucho más suelto, no tienes el miedo al ridículo que otros papás de la clase sí tenían. Por cierto, pocos padres todavía acompañando a sus embarazadas.

Y llega el tercer trimestre, el “parto del hombre”. Las limitaciones de movilidad de tu señora que te da la brasa cuando deja de entrenar, que se agobia, que insiste en hacer midori y claro, no la vas a dejar sola por Madrid con su propio campo gravitatorio. Pero tu vida sigue: ser padre no es sólo ser el compañero de la madre; en mi caso, la Universidad, el carnet de conducir que ahora nos hará falta. Fabricar una cuna y pintar y preparar la habitación de la nena. Prioridades que siguen cambiando y que van a más. Vamos, que en septiembre y octubre ha hecho iaido Rita.

El parto ya casi ha llegado, y en él comienza realmente el trabajo de papá. Después hay que ayudar a que la Mamá se recupere presta. A la  hija la ha llevado nueve meses la madre, con lo cual Papi Iaidoka tiene doble tarea, cuidar a su bebé y a su mujer. El doble de trabajo para él y la mitad para ellas.

Y aunque no hago kendo, tengo claro que a partir de ahora iremos a kendo los tres, que para algo es nuestra segunda casa.

“Pero no le digas a mamá que es mucho más molón el iaido”

Pon un cascao en tu dojo: nueve ventajas del Budo inclusivo

¡Acción mutante! ¡Hajime!A principios de verano fuimos a visitar a nuestros amigos de Kaizen Iaido. Estuvimos un buen rato practicando San Po Giri, el séptimo kata de ZNKR Iai.

Tres direcciones, tres enemigos. Izquierda, derecha… y no hablemos del juego de pies. LA FIESTA para un disléxico.

En un momento dado, Gonzalo, que llevaba el entrenamiento, me dijo: “espera un momento”. Y me explicó el orden y la dirección de los pies paso a paso. Lo curioso es que, según me contó después, nunca se le había ocurrido explicarlo de esa manera. En ese sentido mi diversidad funcional y mi dislexia fueron una ayuda para mejorar las técnicas de otros (empezando por mi señora que estaba al lado), y le ayudaron un poco a él a enfocar el kata de otra manera.

Así que de vuelta a casa estuvimos pensando en estas cosas de la integración y la discapacidad. Siempre pensamos que una persona discapacitada puede ser bienvenida a pesar de su discapacidad… Pero ¿y si pensáramos en la discapacidad como una ventaja en lugar de como un inconveniente?

Por ejemplo:

1. Hay que decirlo: una cuota es una cuota.

2. Ya tendrás varios cascaos dentro de tu dojo y ni te habrás dado cuenta. El día que matricules a un cascao digamos “oficial” (visible), algunas particularidades que no entendías tendrán sentido.

3. ¿Buscas gente fiel y comprometida para tu dojo? Pues los alumnos cascaos somos en esto… lo mismo que los demás.

Algunos estamos un poco hartos de que los medios digan que somos más cariñosos, que tenemos más espíritu de superación, más comprometidos o que tenemos un sexto sentido. Vamos, que puede que tu alumno cascao se dé de baja a los pocos meses porque el kendo o el iaido no eran lo suyo.

¡Que pagas la cena y lo mismo va y te deja!

4.  Algunos cascaos pagamos menos a Hacienda. Y esto es PERFECTO para calentar a la gente antes de los keikos.

5. Tendrás que improvisar. Y aplicarás lo que descubras a tu didáctica, lo cual te ayudará con todos tus alumnos.

6. Queda bonito presumir de un dojo inclusivo ante amigos y conocidos.

7. Aunque te imponga al principio, no necesitarás mucho más esfuerzo que para trabajar con otros principiantes. Quizá algo más de imaginación.

8. El SUBIDÓN. Cuando tu cascao empiece a progresar, para qué engañarnos: te sentirás muy satisfecho. No sólo por su progreso, sino porque habrás ayudado un poquito a que las personas que funcionamos distinto demos un paso más hacia la igualdad de oportunidades.

9. Tu nicho de potenciales alumnos aumenta. ¿Te imaginas a diez ciegos con katana?

Este sábado, los quehacesQUEkas estuvimos apoyando de nuevo la VIII Marcha por la Visibilidad convocada por el Foro de Vida Independiente. Se celebró simultáneamente en España y Portugal. Puedes leer el Manifiesto aquí, y si lo deseas, enviarlo a tus representantes políticos y comunitarios.

Keiko: Nanami Miyasaka (y el enésimo “querer es poder”)

¿Os imagináis un keiko sin oír tu kiai? ¿Sin escuchar el PUM de los fumikomi? A sus 16 años, Miyasaka-san está acostumbrada a hacer eso desde los diez. O más bien, oye su kiai y el de sus oponentes con manos y pies:

Lo que veis es un reportaje del programa News Zero, de la cadena Nippon TV Broadcast. Miyasaka ha participado por primera vez en el Campeonato Japonés de Kendo Junior junto al equipo de su instituto de Tokio, el Nittai-Ebara. Es la única alumna sorda de su clase, y la única kenshi sorda del dojo. En este artículo del blog de la Comunidad Sorda de Japón Miyasaka cuenta que, al no poder percibir la presión de su oponente por el kiai, su técnica consiste en llevar la iniciativa del ataque y no plantearse mucho más. Lo que, como a cualquiera de nosotros con nuestras técnicas, a veces le sale y a veces no. Quiere seguir haciendo kendo y enseñando kendo en el futuro a personas sordas, algo común entre muchas personas con diversidad funcional que, llegado el momento, sentimos el deseo de abrir camino a otras.

Kendo discapacidad: Nanami Miyasaka, kendoka sorda que usa lengua de signos

Captura del reportaje

Y como aquí no hablamos japonés (de momento) decidimos pedir ayuda para entender a Miyasaka-san a Cristina Marcos Arias, buena amiga de este blog, doctora en Bioquímica y socia de la hoy extinta APSSBB, Asociación de Personas Sordas de Bilbao y Bizkaia y colaboradora puntual de Euskalgorrak. Cristina es sorda bilingüe y pudo entender algunos signos de Miyasaka-san, similares a la Lengua de Signos Española.

Y Cristina nos contó que lo que Miyasaka signa se parece muchísimo a los signos españoles para discriminación, marginación, depresión y barreras. Claro que cuenta mucho más, pero si os fijáis, Miyasaka no tiene intérprete de lengua de signos en clase ni en el dojo. Debe llevar una libretita para comunicarse con sus senpai, sus profesores y sus compañeras, que voluntariosamente le escriben las instrucciones.

Al contrario que en España y en la mayoría de países de América Latina, en Japón la LS no tiene ningún reconocimiento oficial. Ninguna institución pública tiene la obligación de proveer intérpretes (otra cuestión es si la ley se cumple en España). Tan sólo a partir de la preparación de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos Tokio 2020 han comenzado en 2014 cursos extensivos de interpretación. Y esto, que puede parecernos un detalle a los oyentes, no lo es para una joven que tiene que ir las 24 horas del día con un cuaderno; o como decía Cristina:

¿Haríais vosotros el Camino de Santiago de rodillas? Porque podéis, ¿verdad? Y entonces, ¿por qué una kendoka sorda tiene que escribir todo el rato?

Es habitual cuando vemos vídeos de personas con discapacidad practicando artes marciales el exclamar QUÉ CRACK!, qué espíritu de superación, ¡qué lección! O decimos que “le ha echado UN PAR“. Incluso en nuestra web, para presentar a Herberwest, escribimos que es “iaidoka, experto en pegarse con WordPress, hacer fotomontajes imposibles y en que, leyendo sus posts, te des cuenta de si a ti no te sale es porque no quieres.”

Eso es un error.

¿Por qué? Cuando lo hacemos, llevados de todo corazón por la admiración hacia su esfuerzo y la buena ejecución de esos katas o combates, inconscientemente estamos reforzando el discurso de la excepcionalidad. No es casualidad que este sea el único vídeo en que unas personas discapacitadas hacen kendo con un esfuerzo extremo y notable, aunque lo hagan “mal”. Y mira que hay vídeos de kendo con todo tipo de chorradas peculiaridades, desde patinaje sobre hielo a globos. Pero los discapacitados siempre son esos cracks: personas únicas, que hacen todo lo que nosotros podemos hacer. O como nos seguía diciendo Cristina:

No da ninguna tranquilidad hacer algo sabiendo que nos están quitando el derecho a fracasar y no sentirse mal por ello.

Por eso el enfoque de este reportaje es tan importante, porque Minasaka hace un kendo dedicado, rápido, intenso, y da un poco igual que gane o pierda el shiai.

Lo cierto es que hoy, en España, muy pocas personas con discapacidad pueden permitirse entrenar en entornos inclusivos. Cuando sucede, hay detrás una voluntad de acero por su parte, la de sus familias y la de los instructores, que muchas veces tienen que improvisar sobre la marcha para adaptarse. Nuestra Federación carece de programa permanente de formación en discapacidad, y eso que el Judo es olímpico, paralímpico y Special Olympic (¿por qué tiene que tener categoría aparte, y llamarse especial, el deporte para personas con discapacidad intelectual?). Asociaciones como la gallega SOLCOM atienden cada año casi un centenar de denuncias de padres y madres cuyos hijos con discapacidad son excluidos de actividades extraescolares y deportivas en el colegio, a veces por carecer de un elevador de silla de ruedas o no saber dónde alquilar un coche adaptado. O suceden cosas como que la chilena Carolina Pérez, tetrapléjica, aikidoka y campeona de tenis en silla de ruedas no pueda librar un torneo porque la pista carece de una simple rampa de acceso. Ningún periódico español tiene versión en Lectura Fácil. Nosotros tampoco, aunque es una tarea pendiente para esta temporada.

De los tres editores de este blog, dos somos personas con discapacidad reconocida. Podemos decir que hemos tenido mucha suerte, aunque la vida de una persona con discapacidad no debería regirse por la suerte o por la fuerza de voluntad… o no más que la de cualquiera. Por eso no creemos en el anuncio infame del chico del colacao con parálisis cerebral: puede hacer parapente pero no entrar a hacer pis en una discoteca o ni siquiera entrar con su silla, porque los bares de copas prefieren pagar la multa (si llega a haber denuncia) que adaptar un baño o perjudicar su imagen.

Muchas veces nos regañan por usar un discurso negativo en torno a la diversidad funcional. No creemos que sea así: sólo queremos valorar el esfuerzo de los budokas con discapacidad en su justa medida. Y sobre todo queremos que, más pronto que tarde, los kendokas, iaidokas, karatekas con discapacidad motriz, ciegos, sordos, autistas o con discapacidad intelectual puedan ser una realidad tan numerosa que no nos sorprenda que hagan bien un kata o nos aticen el men de nuestra vida. O que si lo hacen igual de mal que nosotros… pues dé lo mismo.

Si quieres más información sobre deporte y discapacidad:

Foro de Vida Independiente y Divertad

Asociación SOLCOM – Diversidad Funcional y Derechos Humanos

Nosotros También

Mamá kendoka semanas 16 a 22: Mamá iaidoka

Ya están ahí. ¿Las oís? Son LAS HORMONAS.

Ya están ahí. ¿Las oís? Son LAS HORMONAS.      Y eso que sólo estamos presupuestando el carrito...  Entre ellas, la tensión y los 42º a los que hemos llegado en este mes de julio, Lo Inevitable ha acabado por llegar. En mi dojo de kendo, los horarios de fin de temporada se basan en mawari geiko, keiko libre sin clase técnica. El hecho de que tus compañeros estén haciendo combate no elimina las oportunidades para aprender, pero acudir al dojo a 40 grados para hacer midori geiko requiere una buena dosis de voluntad.  No es que no se pueda hacer keiko durante el embarazo: cada embarazo lleva su proceso y yo aquí cuento simplemente mi experiencia sin estrapolar. Yo llevo desde mayo sin hacer combate y me siento muy feliz y enfocada en el aprendizaje y no lo echo de menos nada.  Además, siempre nos quedará el iaido, ¿no?  Hacer iaido durante el embarazo ha sido más difícil que hacer kendo: añadido al hecho incontestable de que yo soy una kendoka que hace iaido y no una iaidoka, el iaido requiere mucha concentración; y ésta no es fácil de conseguir cuando estás lidiando con las náuseas del primer trimestre, los cambios de temperatura corporal y la tensión arterial del segundo en adelante.  Por supuesto, conforme avanza la gestación empiezas a adaptar tu entrenamiento. Se acabó subir y bajar 15 veces por kata y bajar a seiza como la gente normal. Si mi equilibrio es de natural un poco caprichoso, con la apertura progresiva de la pelvis se ha vuelto imprevisible, y me bastó una caída de culo al principio para darme cuenta de que tenía que hacerme la geisha una temporada.  En cuanto a los katas de suelo tenía dos opciones: trabajar todo el tiempo de pie o al contrario, no ponerme de pie. Escogí esta última opción tras comprobar que puedo seguir profundizando en detalles como el ritmo, los movimientos o la propia inclinación del cuerpo. Con el kata Uke Nagashi no hay negociación posible: se hace el kata menos veces de lo habitual, mucho más despacio.  Los momentos más festivos del iaido durante el embarazo los han dado los detalles posturales: la espada ya no puede ir en su sitio y la medida de "los puños" que utilizamos para colocar la tsuba directamente desaparece. Mi tsuba ya está a la altura de Calasparra. La hakama de iaido ha ido bajando de forma inversamente proporcional a cómo ha subido la hakama de kendo, aunque en iaido hay menos riesgo de pisársela. Hace un par de semanas, compartiendo entrenamiento con los amigos de Makoto Shin Kai, desapareció también el obi: a esa altura no puedes llevarlo todo y pretender hacer saya biki alrededor de este pedazo de circunferencia.  Queda una semana de clase de kendo y de iaido: no hay kendotour para mí este año. Algo tendré que hacer.

Y eso que sólo estamos presupuestando el carrito…

Entre ellas, la tensión y los 42º a los que hemos llegado en este mes de julio, Lo Inevitable ha acabado por llegar. En mi dojo de kendo, los horarios de fin de temporada se basan en mawari geiko, keiko libre sin clase técnica. El hecho de que tus compañeros estén haciendo combate no elimina las oportunidades para aprender, pero acudir al dojo a 40 grados para hacer midori geiko requiere una buena dosis de voluntad.

No es que no se pueda hacer keiko durante el embarazo: cada embarazo lleva su proceso y yo aquí cuento simplemente mi experiencia sin estrapolar. Yo llevo desde mayo sin hacer combate y me siento muy feliz y enfocada en el aprendizaje y no lo echo de menos nada. Qué va. Qué va. Qué va.

Además, siempre nos quedará el iaido, ¿no?

Hacer iaido durante el embarazo ha sido más difícil que hacer kendo: añadido al hecho incontestable de que yo soy una kendoka que hace iaido y no una iaidoka, el iaido requiere mucha concentración; y ésta no es fácil de conseguir cuando estás lidiando con las náuseas del primer trimestre, los cambios de temperatura corporal y la tensión arterial del cuarto mes en adelante.

Por supuesto, conforme avanza la gestación empiezas a adaptar tu entrenamiento. Se acabó subir y bajar 15 veces por kata y ponerse en seiza como la gente normal. Si mi equilibrio es de natural un poco caprichoso, con la apertura progresiva de la pelvis se ha vuelto imprevisible, y me bastó una caída de culo al principio para darme cuenta de que tenía que hacerme la geisha una temporada.  En cuanto a los katas de suelo tenía dos opciones: trabajar todo el tiempo de pie o al contrario, no ponerme de pie. Escogí esta última opción tras comprobar que puedo seguir profundizando en detalles como el ritmo, los movimientos o la propia inclinación del cuerpo. Con Uke Nagashi no hay negociación posible: se hace el kata menos veces de lo habitual, mucho más despacio. He dejado de hacer Tsuka Ate, porque lo que necesito trabajar del kata es precisamente lo que ahora no puedo trabajar.

Los momentos más festivos del iaido durante el embarazo los han dado los detalles posturales: la espada ya no puede ir en su sitio y la medida de “los puños” que utilizamos para colocar la tsuba directamente desaparece. Mi tsuba ya está a la altura de Calasparra. La hakama de iaido ha ido bajando de forma inversamente proporcional a cómo ha subido la hakama de kendo, aunque en iaido hay menos riesgo de pisársela. Hace un par de semanas, compartiendo entrenamiento con los amigos de Makoto Shin Kai, desapareció también el obi: a esa altura no puedes llevarlo todo y pretender hacer saya biki decentemente alrededor de este pedazo de circunferencia.

Ya están ahí. ¿Las oís? Son LAS HORMONAS.  Ya están ahí. ¿Las oís? Son LAS HORMONAS. Y eso que sólo estamos presupuestando el carrito... Entre ellas, la tensión y los 42º a los que hemos llegado en este mes de julio, Lo Inevitable ha acabado por llegar. En mi dojo de kendo, los horarios de fin de temporada se basan en mawari geiko, keiko libre sin clase técnica. El hecho de que tus compañeros estén haciendo combate no elimina las oportunidades para aprender, pero acudir al dojo a 40 grados para hacer midori geiko requiere una buena dosis de voluntad. No es que no se pueda hacer keiko durante el embarazo: cada embarazo lleva su proceso y yo aquí cuento simplemente mi experiencia sin estrapolar. Yo llevo desde mayo sin hacer combate y me siento muy feliz y enfocada en el aprendizaje y no lo echo de menos nada. Además, siempre nos quedará el iaido, ¿no? Hacer iaido durante el embarazo ha sido más difícil que hacer kendo: añadido al hecho incontestable de que yo soy una kendoka que hace iaido y no una iaidoka, el iaido requiere mucha concentración; y ésta no es fácil de conseguir cuando estás lidiando con las náuseas del primer trimestre, los cambios de temperatura corporal y la tensión arterial del segundo en adelante. Por supuesto, conforme avanza la gestación empiezas a adaptar tu entrenamiento. Se acabó subir y bajar 15 veces por kata y bajar a seiza como la gente normal. Si mi equilibrio es de natural un poco caprichoso, con la apertura progresiva de la pelvis se ha vuelto imprevisible, y me bastó una caída de culo al principio para darme cuenta de que tenía que hacerme la geisha una temporada. En cuanto a los katas de suelo tenía dos opciones: trabajar todo el tiempo de pie o al contrario, no ponerme de pie. Escogí esta última opción tras comprobar que puedo seguir profundizando en detalles como el ritmo, los movimientos o la propia inclinación del cuerpo. Con el kata Uke Nagashi no hay negociación posible: se hace el kata menos veces de lo habitual, mucho más despacio. Los momentos más festivos del iaido durante el embarazo los han dado los detalles posturales: la espada ya no puede ir en su sitio y la medida de "los puños" que utilizamos para colocar la tsuba directamente desaparece. Mi tsuba ya está a la altura de Calasparra. La hakama de iaido ha ido bajando de forma inversamente proporcional a cómo ha subido la hakama de kendo, aunque en iaido hay menos riesgo de pisársela. Hace un par de semanas, compartiendo entrenamiento con los amigos de Makoto Shin Kai, desapareció también el obi: a esa altura no puedes llevarlo todo y pretender hacer saya biki alrededor de este pedazo de circunferencia. Queda una semana de clase de kendo y de iaido: no hay kendotour para mí este año. Algo tendré que hacer.     Y eso que sólo estamos presupuestando el carrito...  Entre ellas, la tensión y los 42º a los que hemos llegado en este mes de julio, Lo Inevitable ha acabado por llegar. En mi dojo de kendo, los horarios de fin de temporada se basan en mawari geiko, keiko libre sin clase técnica. El hecho de que tus compañeros estén haciendo combate no elimina las oportunidades para aprender, pero acudir al dojo a 40 grados para hacer midori geiko requiere una buena dosis de voluntad.  No es que no se pueda hacer keiko durante el embarazo: cada embarazo lleva su proceso y yo aquí cuento simplemente mi experiencia sin estrapolar. Yo llevo desde mayo sin hacer combate y me siento muy feliz y enfocada en el aprendizaje y no lo echo de menos nada.  Además, siempre nos quedará el iaido, ¿no?  Hacer iaido durante el embarazo ha sido más difícil que hacer kendo: añadido al hecho incontestable de que yo soy una kendoka que hace iaido y no una iaidoka, el iaido requiere mucha concentración; y ésta no es fácil de conseguir cuando estás lidiando con las náuseas del primer trimestre, los cambios de temperatura corporal y la tensión arterial del segundo en adelante.  Por supuesto, conforme avanza la gestación empiezas a adaptar tu entrenamiento. Se acabó subir y bajar 15 veces por kata y bajar a seiza como la gente normal. Si mi equilibrio es de natural un poco caprichoso, con la apertura progresiva de la pelvis se ha vuelto imprevisible, y me bastó una caída de culo al principio para darme cuenta de que tenía que hacerme la geisha una temporada.  En cuanto a los katas de suelo tenía dos opciones: trabajar todo el tiempo de pie o al contrario, no ponerme de pie. Escogí esta última opción tras comprobar que puedo seguir profundizando en detalles como el ritmo, los movimientos o la propia inclinación del cuerpo. Con el kata Uke Nagashi no hay negociación posible: se hace el kata menos veces de lo habitual, mucho más despacio.  Los momentos más festivos del iaido durante el embarazo los han dado los detalles posturales: la espada ya no puede ir en su sitio y la medida de "los puños" que utilizamos para colocar la tsuba directamente desaparece. Mi tsuba ya está a la altura de Calasparra. La hakama de iaido ha ido bajando de forma inversamente proporcional a cómo ha subido la hakama de kendo, aunque en iaido hay menos riesgo de pisársela. Hace un par de semanas, compartiendo entrenamiento con los amigos de Makoto Shin Kai, desapareció también el obi: a esa altura no puedes llevarlo todo y pretender hacer saya biki alrededor de este pedazo de circunferencia.  hakama_iaido_embarazada     Cómo será de largo el iaidogi y NI ASÍ  Queda una semana de clase de kendo y de iaido: no hay kendotour para mí este año. Algo tendré que hacer.

Cómo será de largo el iaidogi y NI ASÍ

Queda una semana de clase de kendo y de iaido: no hay kendotour para mí este año. Algo tendré que hacer.

Mamá kendoka semanas 9 a 15: comienza el strip tease

“Pues no se te nota nada” decía mi madre. “Pues no se te nota nada” decía mi cuñada. “Pues no se nota nada de nada” decían en el dojo. Hasta que llegó la novena semana y se notó.

No me juzgues y agarrame los palos que vamos pal dojo

Hacer kendo en el primer trimestre de embarazo no es que haya sido especialmente duro: lo peor en mi caso han sido las náuseas.  Pero a partir de la semana 10-12 la cosa empieza a crecer (como todavía no sabemos si llevamos kendoka o kendoko, en vez de la cosa le llamaremos El Bebé). A la vez que crece El Bebé se organiza un lío de tripas y asaduras haciéndose hueco que ríete tú del camarote de los Marx.

En la semana 12, definitivamente, a la ausencia de fumikomi y de taiatari se añade algo que todas sabíamos que iba a llegar: el striptease del bogu. La kendoka embarazada no puede llevarlo todo encima, pero lo que nunca imaginé es que lo primero en desaparecer fuera el men. Durante el embarazo el diafragma y los pulmones también tienen que recolocarse, y es frecuente sentir problemas para respirar. No es sólo la posición la que influye en este proceso, que se llama disnea; pero sea por falta de espacio o por tener la progesterona a tope, la sensación de falta de aire se vuelve constante y bastante molesta durante el entrenamiento. Sé que a otras kenshis embarazadas no les ha ocurrido (he leído en los foros a algunas que han estado haciendo ji geiko hasta el séptimo mes), pero así está siendo para mí.

Kendo hakama premama

Obsérvese la ventilación extra de tobillos que aporta la hakama sobaquera

Inmediatamente después del men desapareció el tare, porque cuando el hakama tiene que colocarse a la altura del sobaco bastante ingeniería ya es acoplar el nudo del himo debajo del bombo y encima el do para proteger al Bebé. La última vez que me lo puse parecía que llevaba aletas.

Eso influye en el entrenamiento definitivamente: a partir de ahora soy una nueva con do y kotés. Echo mucho (MUCHO) de menos el keiko, tanto que el otro día, celebrando nuestros nuevos kyus, conseguí que me dejaran colarme a los combates con el men puesto (“Arancha, ¿llevas tú el tiemp…? ¡Arancha qué haces, qué haces!”). La relación con la técnica cambia: te concentras más en la distancia y la precisión, en pulir los malditos defectos de punta y el tenouchi. A la vez, el otro se da cuenta de que no necesita transformarse en un Panzer para hacerme men.Agradezco a mis compañeros y compañeras la paciencia: esto empieza a ser un experimento colectivo, y creo que todos vamos a salir beneficiados: tanto para las futuras mamás del dojo como para kenshis con lesión crónica o movilidad reducida.

Los cambios corporales siguen avanzando de la semana 12 a la 18: la buena noticia es que las náuseas han desaparecido definitivamente. Tampoco sufro la hinchazón de pies o la retención de líquidos de la que hablan constantemente las matronas que me voy encontrando. La noticia mala es que la tensión me ha bajado a la altura de los tobillos, en proporción inversa a la elevación del hakama, y funcionar todo el tiempo a cámara lenta determina tanto las clases de kendo como todo lo demás. Algunos días he sido incapaz de entrenar, y las dos últimas semanas trabajé sólo una de las dos clases.

Últimamente recibo consejos diversos además de la legión de tías, vecinas y parientes con la solución de-fi-ni-ti-va sobre gestación y crianza. Uno de los más comunes es:

- No te fatigues porque El Bebé necesita oxígeno.

Y aunque no deja de ser cierto, mi matrona me dijo en la última consulta:

- No te fatigues… pero cánsate. Cánsate un poco.

Así que he decidido confiar en ella. Total, en breve tendré que dedicarme sólo al iaido y al kendo… simbólico, así que voy a aprovechar todo lo que pueda.

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