¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

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Hemos visto: revista Dokkodo num. 8

Andaba ya con ganas de dedicarle un post (que ya ves tú) al trabajo que Antonio García Piñar y su equipo están llevando a cabo en la revista digital Dokkodo, y la colaboración de nuestro amigo Marcos Sala en el último número es una excusa más que apropiada.

Portada de Dokkodo n. 8

Portada de Dokkodo n. 8

Hace años que los artistas marciales estamos huérfanos de publicaciones específicas para un campo como el nuestro, a medio camino entre lo deportivo y lo artístico. Queda por redefinir cómo encaja el deporte en general en el mundo de la cultura, y por qué, en mi opinión injustamente, se habla de cultura Y deporte, como si éste fuera un fleco que va colgando. Y del fleco colgamos nosotros, que además nos tenemos que batir con la Era de Acuario y el mundo otaku, tan voluntarioso pero (en ocasiones) tan alejado de la realidad. En este estado de cosas, escasean las revistas de artes marciales en español y los escasísimos ejemplos que han sobrevivido al boom de los 80 son más bien un catálogo de productos que publicaciones de actualidad o investigación. Y es razonable que así sea, porque a sus editores les interesará comer tres veces al día y pagar el servidor o la imprenta. Pero el caso es que esa es nuestra realidad, y en este panorama llegó Dokkodo.

Dokkodo es una revista de artes marciales, pero no sobre artes marciales japonesas, ni tradicionales, ni sobre deportes de contacto. De hecho resulta muy gratificante ver contenidos frecuentes sobre esgrima española. No se trata de artículos académicos pero sí de investigaciones detalladas, en las que los autores ponen años de experiencia al servicio de la comunicación, sin concesiones al Flipaojutsu y con todo el rigor de que son capaces. Se echa de menos algo de edición en los textos, a veces un poco demasiado entusiastas.

Marcos y Shimizu sensei en un gasshuku en Alicante (c) Dojo Seishukai

En este espacio se sitúa la última contribución de Marcos Sala, dedicada a su escuela de Naginatajutsu, Ryo En Ryu,  y más específicamente a su maestra, Shimizu Nobuko sensei. Acusa la exhaustividad a que Marcos nos tiene acostumbrados, en sus intervenciones aquí y en sus aportaciones académicas, y que en ocasiones pueden resultar un tanto apabullantes.

Sin embargo, la entrevista con la maestra es aguda y francamente interesante. Destruye algunos de los mitos que nos hacemos sobre las escuelas antiguas: Shimizu comenzó a practicar a los 31 años, nada que ver con esas leyendas de niñas pequeñas hiriéndose las manos en un patio bajo la lluvia de otoño. Las preguntas nos muestran a una mujer respetada en el campo marcial y en el académico, a una investigadora de carrera y una pedagoga de amplias miras. Sobre el papel de las mujeres en el Budo (un tema que aquí no interesa absolutamente nada), la maestra sugiere un rol proactivo, relacionado con la iconografía tradicional japonesa de lo femenino. Valores que representan a ese tipo de mujer en grupos mixtos, más que adaptaciones del Budo a las mujeres.

Dokkodo es una publicación gratuita que se financia con publicidad. Habría que preguntarse si, para garantizar la continuidad de estas iniciativas, los lectores podríamos (o deberíamos) firmar suscripciones. Si no, el panorama divulgativo del Budo continuará a merced de la voluntad y el entusiasmo de sus practicantes.

 

Como la lluvia de otoño y otras cosas fuera de temporada: leyendo Autumn Lightning

Grado arriba grado abajo, Matías Vain Rodríguez es un novato. Lleva menos de un año practicando kendo y iaido. Pero es uno de nuestros lectores más activos, nuestro primer amigo uruguayo, y lo más importante: se ha leído el libro. Esta es su reseña de Autumn Lighting: the education of an american samurai.

Grado arriba grado abajo, Matías Vain Rodríguez es un novato. Lleva menos de un año practicando kendo y iaido. Pero es uno de nuestros lectores más activos, nuestro primer amigo uruguayo, y lo más importante: se ha leído el libro. Esta es su reseña de Autumn Lighting: the education of an american samurai.

Autumn Lightning está escrito por Dave Lowry, el mismo autor de Persimmon Wind, libro en el que Lowry contaba sus experiencias en Japón entrenando en los principios de la Yagyu Shinkage-ryu, que en su momento fuera comentado aquí. De hecho es precedente de ese libro y ambos forman una suerte de saga. En aquel Lowry iba a reunirse con su sensei en Japón después de mucho tiempo sin verse, para proseguir con el entrenamiento. En este, Lowry nos cuenta como siendo un adolescente  conoce al Sr. Kotaro, un ingeniero japonés de mediana edad, y a su esposa Kaoru (que es tan importante para la formación de Lowry como lo fue su sensei). Al mismo tiempo, intercaladas con esta narración, hay una serie de viñetas acerca de los fundadores de la Yagyu Shinkage ryu, la escuela de guerra de los shogunes Tokugawa, de la cual Lowry es practicante.

Puedo ir diciendo que esas son las partes del libro que más me gustaron, será por mi afición a la novela histórica, será porque se ambientan en el mismo período en que se ambientaba Shogun, la muy divertida pero totalmente inexacta novela de James Clavell que a muchos nos metió en el Japón antiguo. Esta es la del final del período usualmente llamado Sengoku, que terminó cuando Tokugawa Ieyasu sube al poder. Tokugawa y su un tanto excéntrico (para la época) maestro de esgrima Yagyu Munetoshi son protagonistas junto con otros de este libro y Lowry toma los hechos históricos (hasta donde se puede confiar en ellos) puntuales y los adereza con diálogos y narrativas de su cosecha, permitiéndose cierta licencia poética; cosa de que uno se compenetre con la historia de su escuela, que es lo que él quiere contar. Funciona.

Lowry1

Foto de juventud de Lowry
(C) Black Belt Magazine

Por la prosa sólo, el libro es muy recomendable y me arriesgaría a decir que una persona ajena al mundillo de las artes marciales lo puede encontrar de su gusto: el resto de la obra no desmerece sus capítulos históricos y, sea hablando de técnicas de kenjutsu con bokken, ironizando sobre el pésimo acento  de la esposa de su sensei o discutiendo conceptos tan intrincados y elusivos como el shibumi –la estética del despojo y la simpleza, que da a lo japonés su sabor tan particular- Lowry lo hace todo ameno y de fácil lectura, además de ser muy instructivo.

Evidentemente Lowry pasó mucho tiempo cultivando su lenguaje lleno de lindas florituras que le permite darle a la cosa un aire “de período” y a veces se le hace difícil abandonarlo cuando está contando otra cosa. Uno se encuentra cosas del estilo de “y Fulana atravesó el patio del centro comercial como el viento de Amatsu atraviesa los campos de sorgo” (cita no textual).

Sobre la temática, bien. Lowry es practicante de Shinkage-ryu, todo un nombre en las artes marciales clásicas. Tiene muchos años haciendo esto. Yo no.

Así que la mayoría de lo que diga a continuación es como si lo dijera un completo extraño y pido que me perdonen si digo muchas burradas.

El libro trata tangencialmente las artes marciales, siendo como es autobiográfico y centrándose en la experiencia de practicar una escuela antigua. No hay mucha discusión sobre técnicas propiamente dichas. Además, como estudiante de Koryu, Lowry no puede revelar lo que él desee. Aun así se mencionan cosas que nosotros kendokas no vamos a dejar de reconocer, como la noción de zanshin, o los sufrimientos de cualquiera que tuvo que aprender a sentarse en seiza y similares, aunque es una óptica distinta y que muestra las claras las diferencias entre nuestra disciplina y la forma en que se practicaba y vivía el arte del sable en los tiempos en los que era usado para el combate y la guerra.

Hay también conceptos como el ya citado shibumi, que además de ser una cualidad de minimalismo estético es también una virtud individual. Más de una vez Lowry habla de su sensei como un “hombre de shibumi”, y dado la manera en que lo describe las palabras que más me vienen a la mente son “parsimonia” o “parquedad”. Me gustaría ver dónde queda situado el shibumi y conceptos asociados en el famoso debate de Ética vs. Estética, siendo que muchas veces los japoneses parecen hacer de su estética una ética y viceversa.

En todo caso la estética, el apego a las formas, pero también a lo que hay debajo de ellas, es un tema central. Uno piensa en la práctica de Lowry como artista marcial. Más de una vez toca el asunto de las artes marciales como Arte (Lowry usa el termino bugeisha, artista de guerra, frente al más común budoka, seguidor de una vía marcial): la cualidad de practicar koryu como quien preserva un objeto de arte viviente, por contraposición a las Gendai Budo o artes marciales modernas (“un koryu no es algo que uno adapta a su vida, más bien al revés”, cita más o menos textual que es uno de los leit-motivs de ambos libros). Lowry no es dado a debatir: dice lo que piensa. Si te gusta bien, y si no, también.

Pero sus opiniones, nos gusten o no, están bien razonadas. Lowry da lo mejor de sí para hacernos comprender el porqué de las mismas. Contra lo que uno pueda suponer demuestra una sorprendente falta de elitismo, bastante menos que en la mayoría de los practicantes de koryu y wannabes asociados que se suelen encontrar en Internet. Sí, para él kendo es una disciplina más cercana al deporte de lo que le gustaría, pero más de una vez se le puede sorprender vertiendo palabras de simpatía o hasta admiración (y más le vale, porque si uno ha de creer sus historias el fundador de Yagyu tiene indirectamente la culpa de todo, al haber inventado el fukuro shinai). La misma simpatía que hacia otras artes marciales de nueva escuela.

Lo único que para mí empaña sus ideas es el sutil pero siempre presente orientalismo que se filtra en las mismas. Entendible por cierto, porque Lowry debe pertenecer a la segunda o tercera generación de artistas marciales orientales en Estados Unidos y eso le pegó fuerte. No se trata tanto de que Lowry piense que lo japonés es lo mejor de lo mejor, sino que los argumentos que usa para ilustrarlo son producto de cierto desconocimiento de cualquier cosa que no sea el área en la que es experto. Conste que Lowry es un hombre de vasta cultura, pero como muchos apasionados de una cosa, su visión puede en ocasiones volverse algo estrecha.

Además de divulgador del Budo, Lowry es un reputado crítico gastronómico. (C) Saint Louis Magazine

Por ejemplo, hablando del trabajo de caderas y la importancia de fortalecer el área del vientre característica de las artes marciales japonesas, Lowry hace una comparación con el boxeo bastante errada: el argumenta que el boxeador, como todo deportista occidental, desarrolla el énfasis en la fuerza de sus brazos y torso superior, y eso le resta eficiencia a sus golpes que “sólo aturden” mientras los de un karateka, por ejemplo, “matan”.

Sin desmerecer el golpe del karateka, 20 años de artes marciales mixtas (en donde el box es un componente del entrenamiento de striking), torneos de estilo libre y una triste historia de gente muerta en el ring antes de que se empezaran a usar guantes (porque los guantes son para eso, además de proteger la mano del que pega) lo desmienten bastante, al menos en cuanto a la efectividad del boxeo como arte de lucha. Y tengo entendido que el entrenamiento de box es de los más completos en cuanto a las áreas que trabaja, ya que la mecánica del golpe depende de muchas cosas. Pero en fin, tampoco quiero entrar en un debate que además de largo es improductivo, porque al final del día sólo estamos defendiendo variados caminos para llegar a la misma cosa.

En todo caso todo es sutil, opinable (como dije antes, yo estas cosas las toco de afuera, casi) y no arruina para nada la lectura del libro, que como he dicho antes, es ameno e instructivo, la mejor de las combinaciones.

El libro se puede conseguir en edición impresa como en formatos electrónicos a través de la página de Shambhala Publications, la editora del libro. La edición de Kindle, que es la que yo usé, está bien, y viene con un práctico glosario con los términos manejados en el mismo. Tiene algunas fotografías en blanco y negro, y pequeños dibujos al comienzo de cada capítulo, que reproducen los modelos de tsuba desarrollados por un famoso herrero de la línea Yagyu.

La edición de Kindle cuesta a la fecha 11,99 dólares americanos y tiene 192 páginas; la edición impresa cuesta 19,95 dolares y tiene 194 páginas con tapa a color. Desgraciadamente todo esto en inglés, cosa de esperar con el poco mercado que tienen estos libros, pero esperemos que en algún momento cambie. De hecho si yo empezara a publicar material sobre koryu en español, comenzaría por estos volúmenes, que pueden interesar también a otro tipo de público, dada la buena pluma y la temática exótica.

Ishin, Deshin. Leyendo Persimmon Wind

Hay dos maneras de aproximarse a los libros de artes marciales: la técnica, en forma de manual didáctico o  divulgación; y la que podríamos llamar especulativa, donde caben estudios históricos, biografías y las más de las veces tratados que tienen más que ver con el libro de autoayuda. Dentro de este segundo género de literatura marcial encontramos otro tipo de obras, que seguramente no nos  darán las claves de la técnica secreta del templo de la muerte, pero que nos permitirán descubrir la complejidad de lo que practicamos.

Persimmon Wind, a martial artist journey in Japan es una de esas obras. Cuenta la estancia de su autor, Dave Lowry, en casa de su maestro de Yagyu Shinkage Ryu kenjutsu, muchos años después de que éste regresara a Japón y sus clases quedaran interrumpidas. Es a la vez la historia de un aprendizaje entendido como compromiso personal, del alumno pero también y sobre todo del maestro, más allá de la transmisión técnica o del estilo. Y es un retrato del Japón de los 90, antes de que lo kawaii se hiciera con sus calles y cuando encontrarse un turista occidental era, si no extraordinario, al menos inusual.

Se trata de un relato de la experiencia personal, del efecto de la práctica en la identidad y en la formación del propio carácter. No esperes una obra de referencia: si quieres “saber cosas” sobre artes marciales o sobre Yagyu Shinkage Ryu, tu hombre es Ellis Amdur (que por cierto es un entusiasta del trabajo de Lowry). Pero su plasmación de la vivencia personal pone en palabras sensaciones que nos resultarán familiares a todos nosotros. No es un manual de Budo, pero resulta un buen referente para contar en qué consiste hacer QUÉ.

Lowry (dcha) practicando con Meik Skoss
(fuente: Koryu.com)

 

El peregrinaje de Lowry empieza realmente en otro libro, Tormenta de otoño, publicado por Shambhala en 1985 y que fue una de las primeras aproximaciones al estudio del koryu desde dentro fuera de Japón. Su relato de cómo la vida de un adolescente puede cambiar para siempre con el maestro adecuado se sobrepone a la crónica de su aprendizaje marcial. Poco o nada sabemos de Kotaro Ryokichi, el maestro de Lowry, salvo que su empresa le envió a San Luis, Missouri; que allí vivió durante 15 años y que un día su vida se tropezó con la de un muchacho de la ciudad.

Veinte años después de su regreso a Japón, el alumno, ya un hombre adulto y budoka experimentado, reafirma esa intimidad conviviendo con su maestro en su casa a las afueras de Suwa. Kenjutsu, iaido, shodo y comida (mucha comida), practicadas sin prisa, sin calendarios de temporada ni horarios de clase. Un Japón que entonces como hoy permanece intacto, pero también desconocido incluso para la mayoría de los japoneses.

Lo que viene a contar esta obra más allá de lo autobiográfico tiene que ver con el papel del Koryu Bujutsu en el Japón contemporáneo: nos dice que sólo un 3% de los nipones practican budo tradicional; los viejos iaidokas se refieren con simpatía al judo o al kendo como deportes. Y sin embargo, la práctica que nos describe el autor permanece latente en las tradiciones japonesas más extendidas. Está en los templos, en los baños termales, en normas de cortesía y en festivales folklóricos.

Itto Seki, la roca de Yagyu-sato (C) Koryu.com

A pesar de su tonalidad melancólica, hay poco espacio para la morriña en Persimmon Wind. El alumno ha crecido y la conversación que se establece con el sensei es la de dos hombres maduros. Conceptos como la lealtad, la obligación o el honor son entendidos como universales, aunque sus manifestaciones sean diferentes. No se exime de crítica a la sociedad japonesa: se habla de la guerra, de su efecto sobre la población rural, del desarraigo. Acompañamos a un anciano al santuario de Yasukuni, le vemos llorar, y le oímos preguntarse para qué. La tradición no le da una respuesta.

Persimmon Wind (que podría traducirse con el mucho menos poético “viento con aroma de caqui”) toma su título de uno de los párrafos finales. Mientras un tifón se aproxima a Suwa y toda la ciudad se prepara para protegerse, el viento trae el olor de los huertos de caquis. En pocos días, Lowry deberá volver a los Estados Unidos. Su recorrido por Japón, su peregrinaje, toda la experiencia de aprender de corazón a corazón con su maestro se resume en algo tan sutil y a la vez tan permanente como el olor de las frutas.

Cuando Tuttle perdió los derechos de Persimmon Wind Diane y Meik Skoss lo rescataron para el catálogo de Koryu.com (si no conoces su web, no sé qué haces leyendo esto). Dispone de edición kindle, como la gran mayoría de sus libros. Escribe una columna mensual en la revista Black Belt Magazine, y recibe cartas de detractores reprochándole su falta de realismo y su apego excesivo a la tradición.

 

Leyendo Kyudo: la vía del arco

Poco antes de decidirme a hacer kendo estuve practicando tiro con arco. Mi padre es arquero de bosque, le he acompañado a menudo e incluso estuve federada, aunque confieso que lo que me gustaba era ir al campo con mi padre y sus amigos más que tirar flechas. Mi dojo acoge un grupo de kyudo y EL PROFE BAJITO, que también es kyudoka, me prestó hace unos meses este libro de Luigi Genzini.

Portada de la edición alemana de Kyudo, la vía del arco, de Luigi Genzini sensei

Kyudo, la vía del arco

Dada la escasez de obras de referencia (también) de kyudo en español decidí traducirlo. Resulta condenadamente complicado considerar un texto como este, ya que yo no he practicado nunca kyudo, la copia que nos llega es esta traducción al inglés del original alemán y además el autor es italiano. Conseguir un documento coherente en español que hiciera justicia al esfuerzo de Genzini ha supuesto tiempo de lectura comprensiva y algo de investigación; y eso que se trata de un volumen de apenas 78 páginas.

Genzini, instructor de Heki To Ryu en Roma, ha sido uno de los promotores del kyudo en Italia, con más de 30 años de práctica. Kyudo, la vía del arco recopila varios años de trabajo y seminarios con su maestro, Genshiro Inagaki, maestro principal del estilo Heki Ryu Insai Ha y noveno dan hanshi. Muchos de los contenidos del libro son anotaciones directas escuchadas al sensei a lo largo de muchas visitas, y en ocasiones no se sabía muy bien a qué párrafo podían corresponder, de manera que opté por sacarlas del texto y destacarlas en la maqueta. Ha sido necesario también consultar con páginas de recursos de arquería en español para cotejar algunos conceptos, lo que me ha llevado a descubrir sitios tan interesantes como The Kyudo Project o Arqueros de Albal.

Las lecturas sobre budo cambian cuando tú misma eres budoka. Lees un libro de kyudo o de iaido desde la perspectiva del kendoka: si además se ha tirado con arco algunos capítulos pueden ser realmente reveladores, como el dedicado al teno uchi o las reflexiones sobre buscar la oporunidad, no prolongar ni anticipar el instante de tiro (hanare).

Al contrario de lo que solemos imaginar del kyudo, Inagaki sensei se revela en este libro como un técnico preciso y un budoka contundente: es consciente de la profundidad y la delicadeza de su disciplina (“la técnica es como la espada, el ritual como la saya de la espada“) pero también de que el kyudo moderno tiene su origen en aquellos días en que la pericia con el arco suponía vivir un día más.

Hoy la importancia de dar en el blanco está subestimada en pro del ceremonial. En kendo ganar o perder significa vivir o morir, luego se demanda un entrenamiento psicológico, del espíritu, para golpear satisfactoriamente. Los orígenes de Heki Ryu, así como los del kendo, están en el campo de batalla, donde era de vital importancia dar o no dar en el blanco: significaba la vida o la muerte. Es por esto por lo que Ashi Bumi es tan importante: una vez lo haces, una vez “ha nacido el espíritu” [lit.]: has tomado ya la decisión.

Es este un aspecto en el que Inagaki (y Genzini) insiste en varios pasajes del libro:

El cuerpo principal del kyudo moderno se creó hace unos 90 años por un grupo de personas fascinadas por Europa y los EE.UU. Eso es sólo una nueva moda que niega el pasado. Dar en el blanco no es fácil, y como no eran capaces de dar en el blanco, decidieron eso de que dar en el blanco no es importante”. Pero el auténtico valor está en otra parte, más allá de las modas. El valor está en superarse y perfeccionarse uno mismo, y esto se ejercita con espíritu. Para aumentar el nobi ai y mejorar la técnica, necesitas entrenar el espíritu, luchar con uno mismo.

El kyudo no es sólo práctica y espíritu, sino también conocimiento, dice también el volumen. Como con la espada, en ocasiones vemos desde fuera un ritual que suena (de nuevo) a metafísica, y leer a una de las máximas autoridades en la materia colocando ese ritual en su contexto, desmitificándolo y en definitiva desnudándolo de retórica (una flecha, un muerto), resulta cuanto menos refrescante.

El arquero que no conoce el arco que utiliza, que no conoce su instrumento, es él mismo un instrumento, nos dice Inagaki sensei. El libro de Genzini  no tiene editor español, de modo que si deseas una copia de la traducción, puedes enviarnos un e-mail.

Leyendo Kendo: a comprehensive guide

Supongo que para Geoff Salmon habrá resultado difícil seleccionar los contenidos de este primer libro, después de 40 años de kendo, muchos de los cuales de docencia, y cinco dedicados a la divulgación en su blog Kendo Info (que aparece en la columna de enlaces). He leído las críticas a Kendo: a comprehensive guide to japanese swordsmanship  y no podían ser más positivas, pero me quedaban dudas sobre la distribución de un contenido que él mismo ofrece semanalmente en Internet. En serio, no sé qué hacéis leyendo esto cuando necesitáis leerle a él.
La respuesta es que Kendo: a comprehensive guide es una obra de introducción al kendo bien definida y con contenidos independientes de la bitácora, aunque las ideas que más interesan a Salmon sensei también están ahí. Seme, tame, pensamientos en torno al kirikaeshi… Tanto que se echa de menos algún enlace a pie de página a posts como este, donde profundiza en aspectos concretos de la técnica o el trabajo en general.

Supongo que para Geoff Salmon habrá resultado difícil discriminar qué contenidos incluir en este primer libro, después de 40 años de kendo, muchos de los cuales de docencia, y cuatro años dedicados a la divulgación en su blog Kendo Info (que aparece en la columna de enlaces). He leído las críticas a Kendo: a comprehensive guide to japanese swordsmanship y no podían ser más prometedoras, pero me quedaban ciertas dudas sobre la distribución de un contenido que detalla, con experiencia y excelente redacción, semanalmente en Internet. En serio, no sé qué hacéis leyendo esto cuando necesitáis leerle a él.  La respuesta es que Kendo: a comprehensive guide es una obra de introducción al kendo bien definida y con contenidos independientes de la bitácora, aunque las ideas que más interesan a Salmon sensei también están ahí. Seme, tame, pensamientos en torno al kirikaeshi... Tanto que se echa de menos algún enlace a pie de página a posts como este, donde profundiza en aspectos concretos de la técnica o el trabajo en general.

Una de las ilustraciones de Katsuya Masagaki

Cuando se trata de libros sobre kendo tampoco podemos esperar grandes diferencias entre unos y otros en lo que a contenidos se refiere. Men es men, pero sí cambia, y mucho, la forma de aproximarse a su enseñanza. Mientras en Kendo, the definitive guide obtenemos referencias que podríamos calificar de enciclopédicas (lo cual puede resultar muy útil para resolver dudas puntuales), en el libro de Salmon la aproximación es más básica: es un poco Kendo for dummies, me dijo el compañero que me lo prestó. Y, en efecto, el libro tiene la vocación de texto introductorio para nosotros principiantes, incluso para quien todavía está mirando por la rendija de la puerta decidiendo si se mete o no se mete. Pero no es necesariamente pobre o escaso, si tenemos en cuenta que escribe un instructor de kendo, y que el volumen puedes tenerlo al alcance de la mano a la vuelta del dojo.

Un ejemplo es qué capítulos “sorpesa” nos encontramos en cada uno de estos libros: en El Libro de Pepe, cómo no, era el suburi en el que tanto insiste Antonio Gutiérrez (que también aparece en el libro de Salmon). En éste leemos con detalle sobre el trabajo de pies, y ejercicios de calentamiento y estiramientos post-clase. Esos que en ocasiones se dejan de hacer por la promesa de una ducha y una cerveza, y que son importantes para relajar las articulaciones tanto como la mente, después de un esfuerzo del calibre de un keiko. Cada vez que me encuentro con estos contenidos que no esperaba, me percato de que quizá debería prestarles más atención en el dojo.

No hace falta repetir que el kendo se aprende haciendo y no leyendo porque no somos idiotas, pero saber cómo lo enseña otro puede servirnos como una forma más de midori geiko. Verbalizar aquello que practicamos con el cuerpo, aunque sea en texto ajeno, nos acerca más a nuestro propio kendo.

El libro está disponible en Amazon en formato papel (13€) y Kindle (8€).

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