¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Category: Físico (page 2 of 3)

Matsuda sensei: comentarios sobre kendo femenino

El sitio ucraniano Kendoguide.org ha comenzado a producir y difundir algunos micro-documentales realmente interesantes. Uno de los más recientes es esta entrevista con Kazuyo Matsuda Rokudan sensei, instructora jefe del Kodokan Kendo Club de Hertfordshire, Gran Bretaña. Fue grabada el año pasado, durante la IX Kharvik Cup.

Matsuda sensei es una  pionera del estudio especializado en kendo femenino y promotora del Seminario Internacional Kobayashi de Mujeres Kenshi. De hecho, fue ella quien nos facilitó los materiales que tradujimos de la penúltima edición. En la entrevista incide sobre un aspecto que Kobayashi sensei impartió en ese mismo seminario: la necesidad de conocer el propio cuerpo y los músculos que más favorecen a nuestro kendo: tríceps (frente al bíceps masculino).  Estas son algunas de las ideas expresadas en el vídeo:

Si queremos superar a nuestros contendientes masculinos necesitamos desarrollar una coordinación perfecta de los movimientos de nuestro cuerpo, por encima de la mayor o menor fuera muscular.

Creo que todo el mundo debería afrontar positivamente el combate con un contrario más grande, y así utilizar la fuerza de éste para construir nuestro ataque.

También en la vida diaria me encuentro con personas que no son agradables y de trato difícil: lo que aprendo en kendo me hace seguir siendo positiva y no desanimarme.

Mamá kendoka. Semanas 1-8

TOCOTÓ. A la primera. Bueno… no tanto como a la primera, pero sorprendentemente rápidos. Tanto que para cuando me quise dar cuenta llevaba un mes zumbando bambú con Cigoto-san à cassette.

Primeros síntomas de que ahora sí que sí

De hecho, antes de considerar pros y contras de entrenar embarazada, resulta que las tres primeras semanas ni siquiera sabía que ya lo estaba mientras continuaba entrenando kendo, iaido y haciendo excursiones por el monte. Esto ha sido más o menos lo que ha pasado hasta hoy:

Semana 1: Todavía no sé que estoy embarazada. Acabamos de volver de viaje y nos vamos otra vez, al Makoto Taikai, así que esta semana sólo entreno iaido.

Semana 2: Regresamos del Makoto Taikai y todavía no sé que estoy embarazada. Hemos gozado de cuatro días intensivos de kendo, iaido, shiai, paella y buffet libre castellonense. Cero molestias. Cero sospechas.

Semana 3 y 4: Todavía no sé que estoy embarazada. Así que retomo la rutina habitual después de un mes de preparativos de boda, cambios de clase y de horario. Kendo. Iaido.

Y BLEEEEEEEEEEEERCH. Empiezan las nauseas.

Semana 5: Ahora sí que ya no podemos disimular: estoy embarazada. Todo va a cambiar. Todo acaba de cambiar. Y lo primero que va a cambiar es mi forma de entrenar. Surgen todas las preguntas del mundo a la vez: ¿puedo entrenar? ¿me va a dejar el médico? ¿voy a tener que llevar fotos y vídeos en el móvil para ir explicando lo que hago al obstetra, a la matrona? ¿me dejarán entrenar en mis dojos?

brandineAsí se imaginan mis padres a una kendoka embarazada

Desde que decidimos tener un bebé empecé a buscar referencias de otras mujeres kenshi que practicaran durante el embarazo. No soy la primera mujer embarazada que hace kendo ni mucho menos: otras muchas han ido compartiendo sus experiencias en Internet, la mayoría en el foro de Kendo World. Todas nosotras compartimos náuseas, problemas crecientes con el bogu y unos cuantos prejuicios temores en la comunidad kendoka. Tan es así que el trabajo con kenshis embarazadas tiene dedicado un capítulo entero en el Reglamento de la Australian Kendo Renmei.

Además de las precauciones lógicas sobar tai atari, do y la intensidad del trabajo surgen a nuestro alrededor, en todo el mundo y en todos los dojos, ideas como estas: “debes dejar de pensar en ti misma y pensar en tu bebé“; “tu entrenamiento afectará al buen rendimiento de la clase“; “yo no pienso entrenar con una mujer embarazada“; y la que se viene repitiendo desde hace un año en mis comidas familiares:

- Al fin y al cabo cuando tengas a tu hijo dejarás el kendo, así que ¿qué más te da dejarlo antes?

Curiosamente, nadie en mi familia, ni en el foro de Kendo World, ha cuestionado nunca que PAPÁ deje el iaido cuando nazca el bebé.

Cada ser humano tiene una idea diferente de la maternidad, y probablemente esta cambie con cada hija o hijo, o conforme crezcan ellos. Por lo pronto, la mía no pasa por convertirme en un sustitutivo de la Central Lechera Asturiana y he decidido que Cigoto-san se acostumbre desde ya a uno de los entornos donde, ya sea con sus padres o por sí mismo en el futuro, pasará una cantidad de tiempo importante. Así que me he puesto en manos de la primera voz autorizada: MI MÉDICO, que me conoce desde hace once años y cuya respuesta fue:

- No tengo ni idea de qué es lo que hacéis con la armadura esa, pero mientras no os deis patadas ni os tiréis al suelo, habla con tu instructor porque por mí bien.

El ejercicio físico no sólo es posible durante la mayoría de embarazos, sino que nos lo recomiendan. Nuestra dificultad es que pocos profesionales de la salud saben realmente de lo que hablamos cuando decimos oiga, es que yo hago kendo.

Con las mismas me fui pues a hablar con la segunda voz autorizada (que se convirtió en la primera persona en saber del embarazo, antes incluso que nuestros padres): EL PROFE BAJITO.

Estoy ya en mi Semana 9 y todo en el dojo ha sido bastante consensuado.  Adiós a competir, en kendo y en iaido. Adiós al fumikomi, adiós al taiatari. Adiós al sonkyo (y a mi caprichoso sentido del equilibrio). Adiós al kakari geiko y a combatir como si fuera el Yeti. Adiós al haya suburi. Adiós a nuestras multitudinarias y embravecidas clases de los sábados. Y adiós con el corazón a muchos días de clase en los que me despierto vomitando cada quince minutos.

Pero.

Hola, paso correcto sin retraer el pie derecho.

Hola, tensión adecuada en la pierna izquierda.

Hola, tenouchi, ¿te acuerdas de mí?

Hola, punta dirigida a donde debe.

Hola, control del cuerpo.

Hola, timing.

Hola, seme.

Es cierto que en la clase donde entreno ahora somos menos kenshis, y con una media de edad de 40 años. No hay grandes diferencias entre la intensidad de mi trabajo y el del resto de mis compañeros. Sin embargo, en mi dojo acostumbramos a tener muchos niveles diferentes dentro de una misma clase, lo cual (en mi opinión) acaba siendo muy beneficioso para todos. Yo no he sentido que mi trabajo se resintiera por trabajar con un compañero nuevo, o recién armado, o que padezca una lesión. Del mismo modo no siento que esté ralentizando el trabajo de nadie, aunque agradezco mucho a mis compañeros y compañeras que estén tratándome ahora mismo como a una reina.

Incluso cuando tengo que salir a vomitar.

Puede que mi embarazo se complique y después de la revisión con el obstetra estos posts sean mucho más cortos. De momento, todo bien. Moai kai!

¿Qué hago yo corriendo por esta montaña arriba y abajo?

Empezamos hoy a traducir, con su permiso, algunos de los interesantes posts del dojo Nanseikan de Melbourne, Australia. El autor del blog de Nanseikan es su instructor Ben Sheppard: son reflexiones surgidas directamente de la enseñanza y la práctica diaria, y vienen a demostrar, entre otras cosas, que lo que nos intriga y seduce del kendo trasciende fronteras. Incluso hemisferios.

Por Caleb Paul, miembro del Melbourne Nanseikan.

 

 

Caleb corriendo el Monte Tiger de Taiwan

¿Que por qué corro por una montaña en esta foto (lo hago cinco veces al día, además con todas esas escaleras? Fijaos en lo que dice este artículo sobre crosstraining en Runners World.

Hay tres razones fundamentales por las que combino entrenamientos:

1. Esta quizá no se aplique a muchos de vosotros: como soy viejo, tengo que variar mi entrenamiento para no lesionarme ni quemarme al repetir y repetir y repetir. Desde el punto de vista del físico, simplemente no podría hacer kendo a diario.

Gracias al senderismo, la MTB, el gimnasio y algo de surf, soy capaz de hacer ejercicio cada día (más de una vez al día a veces, en realidad), y tener una forma que me sería imposible de obtener si solamente hiciera kendo. Para que os hagáis una idea, entre esto y una mejora en la dieta he perdido más de 17 kilos en once meses que llevo en Taiwan; y puedo aguantar en rutas largas más que muchos de mis compañeros diez años más jóvenes. Hace unos pocos meses fui de excursión a un templo en las afueras de Taipei con uno de mis mejores amigos aquí, que está bastante bien de forma. Queríamos comprobar cuánto nos llevaría subir los 1200 escalones: 14 minutos. Eso son 1,43 pasos por segundo. Yo no me entreno en un sentido convencional, no hago pesas, sino que busco sesiones cortas, muy intensas, no para ganar fuerza sino forma. De esas que te tienen todo el tiempo resoplando, pero que son las que necesitas para no resoplar en un kakari geiko, por ejemplo.

Mirad este vídeo:


(este tipo tiene un montón de vídeos buenos)

2. Durante los últimos meses he estado peleando con una lesión realmente molesta entre el pulgar y la muñeca. Otra vez: si solamente hiciera kendo, no entrenaría nada. He tenido que dejar de entrenar como un burro en kendo y medirme más, y trabajo físico de otros modos. Si una parte de mi cuerpo se lesiona puedo modificar el énfasis de mi entrenamiento. ¿Me duele el hombro? Hago más senderismo o más bici. ¿Me duele el tobillo? Hago más tronco superior y core.

3. Finalmente, la motivación es un factor importante para mí. Soy del tipo de persona que se aburre haciendo lo mismo todo el rato: no podría hacer kendo a diario tampoco desde el punto de vista psicológico. Haciendo más actividades me mantengo fresco mentalmente y mi entusiasmo por el kendo sigue por las nubes. El cross training consigue también que cuando me atasco (0 me aburro) con mi kendo no me desanime: no siento que todo es un asco. Combinar no parece muchas veces “entrenar” (aunque los pulmones digan lo contrario), porque es muy divertido.

(C) Caleb Paul 2008

Pincha aquí para leer el original en inglés.

Sobreentrenamiento: siete preguntas antes de decir LO DEJO

1. ¿En serio? Anda ya. Como si fueras el único que ha tenido un mal día. Vale, o un mal mes, o una temporada nefasta. La frustración forma parte de lo que hacemos, tanto que es la tercera vez en un año que hablamos de ella por aquí. Eso debería darte qué pensar.

2.- ¿Te ves más lento? Puede que sientas que no te sale nada, y además que te entra todo. Esto es común cuando estamos trabajando sobre una técnica o defecto concreto: nos vemos haciendo movimientos mecánicos, disociados, se nos olvida lo demás. Pero es mentira: no somos robots ni se nos ha olvidado lo que ya sabíamos. El instinto volverá en el momento en que ese trabajo concreto se vaya incorporando al todo.

3.- Ah, que no es eso. ¿Estás cansado? No cansado de me duelen los pies. Cansado. Duermes mal, estás trabajando por encima de tu jornada, hay algún problema en casa… Esto es algo que no puede medir nadie más que tú. Pero muy a menudo nos creemos que el sobreentrenamiento es para los demás; que por no ser profesionales ni deportistas de elite no estamos expuestos a sus males. Y eso es un mito: los efectos del sobreentrenamiento nos afectan a todos antes o después.

En serio, por ahí no vas bien

Uno de los síntomas es precisamente cansancio crónico. Llevas varios días sin entrenar y te levantas como si te hubieran dado una paliza. Te duelen lesiones viejas que creías curadas. Duermes mal (o no duermes). Aunque no hayamos aumentado nuestras clases ni añadido trabajo extra, puede que por razones cualesquiera hayamos aumentado nuestro esfuerzo. También influye el estrés, si se aproxima una competición o un examen. Un error habitual, no sólo en kendo sino en muchos ámbitos de la vida, es compararse con el de al lado. Puede que esa persona, hoy, se casque 12 horas a la semana, vaya al gimnasio a hacer físico y además corra o nade los domingos. Felicidades. Tú no eres peor ni más flojo porque hoy no puedas hacerlo. Esa persona tiene su propio ritmo y su calendario: no son el tuyo. Es más, no deben serlo. Entregarnos a fondo a lo que hacemos pasa por mejorarnos y superarnos, no por rompernos. Si te rompes no podrás nunca decir eso de “un combate más, uno más”. Más que nada porque no vas a estar allí para hacer el combate anterior.

4.- ¿Verdad que no te entusiasma como antes ir a entrenar? Es más, unido a todo eso del cansancio, ir a  kendo (que estás seguro que te apasiona) no es lo que más quieres hacer de la semana. Y eso que estás seguro de que no puedes vivir sin kendo… o al menos lo estabas hasta hace como quien dice cuatro días. Pues es probable que estés acusando sobreentrenamiento. Otra vieja conocida nuestra, la ansiedad, pasa por casa con más frecuencia de lo normal; pero lo peor es que su prima la depresión viene de camino y es una tía muy pesada.

Hay varios documentos clínicos que sitúan la esgrima como una de las disciplinas más expuestas a los efectos neurológicos del sobreentrenamiento: fatiga, ansiedad, insomnio y la consiguiente pérdida de autoestima. Algo más lejos en las tablas pudimos ver esa abstracción conocida como “Artes Marciales” (sin saber cuál de ellas ha participado en el estudio), donde también se detallaban problemas similares. Cuando llegas a esta etapa, denominada clínicamente sobreentrenamiento parasimpático, no sólo estás hecho una breva como kendoka: tus defensas están por los suelos y tu riesgo de lesión aumenta. Para. Ya. Pero no para dejarlo, sino para pedir ayuda. A tu profesor, a tu médico si es necesario.

5.- ¿Crees que necesitas “desconectar”? Que necesitas descansar está claro: tu cuerpo te lo ha estado diciendo y no has hecho caso. De nuevo, habla con tu instructor: no eres el primero al que le pasa y te va a entender. Prueba a reducir tus horas de entrenamiento durante un par de semanas. A lo mejor sientes que no puedes continuar con un ritmo de seis horas semanales, pero sí con dos, y después con tres, hasta encontrar otra vez ese momento en que estás muriendo y eres feliz.

6.-¿Te parece una buena solución alternar? Muchos de nosotros alternamos con otra arte marcial o con actividades físicas más suaves. No sólo para trabajar el físico sino también para relajar la mente. Hay una serie muy interesante en el blog del Nanseikan sobre esto (que publicaremos traducida a lo largo del mes de marzo). Aunque se enfocan en el trabajo del cuerpo, esta forma de entrenamiento supone un descanso activo y es la “desconexión” que muchas veces necesitamos.

7.- ¿Has encontrado otra cosa que hacer? Ah, que no has sobreentrenado. De hecho llevas dos o tres meses sin aparecer. Quizá has encontrado tu vocación y resulta que no es el kendo. ¡Perfecto entonces! Antes de pasar por la criba, procura plantearte si esto es así o es otra cosa.

 

Referencias:

He consultado varios documentos sobre esto y hablado con una fisioterapeuta amiga (y esta vez no hay nada tachado porque he estado leyendo más que un ratito en Google).

Síndrome de sobreentrenamiento, de Andrea Lera para Soymaratonista.com

Sobreentrenamiento en el boxeo, de Roberto Quesada en Soloboxeo.com

Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto (o seis cosas que hacer en junio cuando estás lesionada)

NEGACIÓN. Te levantas y de buena mañana sientes ese dolorcillo hormigueante en la planta del pie. Y te acuerdas de esa clase en particular, de ese fumikomi mal hecho. De todos esos fumikomis mal hechos. Pero no te ha podido pasar a ti, qué va, si ya te dolía en marzo preparando el examen, hombre, y en abril preparando el campeonato. No puede ser. Pero resulta que sí que es, que tienes una fascitis plantar como un piano, y pasas al estado de CABREO. Luego estás unas semanas intentando ir a entrenar por lo menos iaido; o flojito (NEGOCIACIÓN) así sin fumikomi… hasta que haces el primer jigeiko y te tienes que salir. Pasas una semana más subiéndote por las paredes (es un decir) y lamentándote, y cuando te haces a la idea de que la fascitis ha venido para quedarse un rato sacas la pelota de tenis, la bolsa de guisantes congelados y pides cita con tu fisio.

Pero resulta que sí que es, que tienes una fascitis plantar como un piano, y pasas al estado de CABREO. Luego estás unas semanas intentando ir a entrenar por lo menos iaido; o flojito (NEGOCIACIÓN) así sin fumikomi... hasta que haces el primer jigeiko y te tienes que salir. Pasas una semana más subiéndote por las paredes (es un decir) y lamentándote, y cuando te haces a la idea de que la fascitis ha venido para quedarse un rato sacas la pelota de tenis, la bolsa de guisantes congelados y pides cita con tu fisio.

Avezado kendoka practicando midori geiko

Lo malo de lesiones como tendinitis o fascitis es que no son demasiado dolorosas. No te sientes lesionada y crees que con una semana de reposo podrás volver a entrenar… hasta que entrenas o conduces 20 minutos. En mi caso, voy para tres semanas sin kendo ni iaido y me temo que todavía me queda otra de baja.

¿Qué cosas puedes hacer durante una lesión como esta?

1.- Estarte quieto y cagarte en todo. Va a pasar, no te resistas. Pasa el cabreo como puedas y cuanto antes, y antes también te pondrás a curarte que es lo que tienes que hacer.

2.- Estudia. Kendo es hacer, hacer y hacer, ya lo sabemos. Pero igual que estos últimos meses he empezado a tomar nota del trabajo, estas últimas semanas he tratado de repasar los apuntes de la kendolibreta y a leer algo más sobre kendo. Uno de mis mayores temores al lesionarme era perder, más que habilidades, continuidad de trabajo. Repasar lo último que he trabajado y pensar un poco en algunas cosas pendientes no me está viniendo nada mal.

3.- Lee. Saber lo que anda haciendo (y enseñando) gente como Geoff Salmon ayuda a pensar en los deberes pendientes. También lo que están pasando otros blogokas, como los que enlazamos en la columna derecha. Lo que le sucede a uno, y cómo lo soluciona, sirve  a otros.

4.- Físico dominguero. Una ventaja de tener sólo fascitis plantar (en vez de haberte roto la crisma) es que puedes seguir haciendo físico. No correr ni hacer rutas senderistas, desde luego, pero sí nadar y ejercitarte en casa.

Nadar se hizo complicadísimo en Madrid a partir del 15 de junio. Cerró la piscina de invierno, abrió la de verano, y padecimos una ola de frío que hacía que dormir con manta fuera algo de lo más normal. Hace una semana más o menos empezamos a nadar al fresco. Si todo va bien, espero ir a diario  mientras no pueda entrenar: por lo pronto sigo en 300 metros combinando braza y crawl, y luego algo de buceo para recoger mis pulmones del fondo de la piscina.

En el físico casero, que ahora puedo practicar todos los días, sí he notado una progresión ligera comparado con el mes pasado. Percibes mejora en tus abdominales no sólo porque puedas hacer más series (estoy en tres de 30+30), sino porque puedes hacerlas mejor. El arco de subida y bajada disminuye, y también puedes aumentar la frecuencia entre series. Lo que antes te llevaba la vida ahora puedes rematarlo en media hora. He podido comenzar oblicuos, que en mayo no hubo manera; y dos series de ridículo espantoso sentadillas y fondos.

He aprovechado para aprender algo sobre estos ejercicios para no lesionarme más: esta clase de ejercicios fáciles de hacer son los que, lógicamente, se acaban haciendo mal. A mí me resultó especialmente útil este artículo de Running.es sobre abdominales isométricos (que constituyen ahora la mitad de mis series).

5.- Aprende ejercicios nuevos. Traducir la crónica del seminario de Kobayashi sensei estando lesionada me dio la idea de tratar de repetir sus ejercicios para tríceps y suburi. Se hacen más sencillos cuando los puedes hacer con la mancuerna, y entiendes cosas que no terminabas de visualizar leyendo el artículo, como la inversión de las manos.

6.- Taller. Los shinais que necesitan un repaso; hidratar bien los kotés para el verano; limpiar el bogu o hacer algún remiendo a la ropa. Ahora no tengo la excusa del tiempo para pasar del mantenimiento, así que…

7.- Disfruta del tiempo libre. Si entrenas más de tres días a la semana, seguro que tienes unas cuantas cosas pendientes en casa. Nosotros hemos aprovechado para limpiar el frigorífico. En serio: desconectar no viene tan, tan mal. He ido a visitar a mi familia. He tomado café con mi prima, con mi madre, con varios amigos. He salido a cenar por ahí y he ido a exposiciones. Todo lo que va a ser imposible hacer en cuanto vuelva a entrenar.

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