¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Month: marzo 2013 (page 1 of 3)

Keiko: Taniguchi sensei

Otro clásico: Taniguchi sensei, uno de los últimos novenos danes, probando en keiko a un séptimo dan (Ishida sensei) y dos octavos danes.

Taniguchi sensei tenía en esta demostración (durante el quincuagésimo Campeonato de Japón, en 2002) 82 años. Falleció en 2009.

Otro clásico: Taniguchi sensei, uno de los últimos novenos danes, probando en keiko a un séptimo dan (Ishida sensei) y dos octavos danes.  <span class='embed-youtube' style='text-align:center; display: block;'><iframe class='youtube-player' type='text/html' width='420' height='315' src='http://www.youtube.com/embed/-myBW-ubCiU?version=3&rel=1&fs=1&showsearch=0&showinfo=1&iv_load_policy=1&wmode=transparent' frameborder='0' allowfullscreen='true'></iframe></span>  Taniguchi sensei tenía en esta demostración (durante el quincuagésimo Campeonato de Japón, en 2002) 82 años. Falleció en 2009.  taniguchisenseiSin leer japonés, es difícil encontrar datos sobre los novenos danes que quedan, aunque son menos de cinco. Maruta sensei todavía visita su dojo y enseña, aunque no pueda practicar. Todavía entrena Inoue sensei, también en Kyoto.  Sobre el teclado, es difícil describir técnicamente lo que convierte a los tres jóvenes en alumnos haciendo Uchikomi o Kakari geiko. El Kyudan, como en su momento el Yudan, tiene que ver más con una presencia. Con el espíritu si se quiere. En el año 2001 la ZNKR decidió dejar de otorgar novenos danes, pues quedaban ya muy pocos con vida como para formar el comité que decide su distinción. El Octavo Dan Hanshi es, hoy por hoy, el más alto rango que puede alcanzarse. Mención aparte merecen los altos grados del Dai Nippon Butokukai, que observa su propio sistema de rangos.Sin leer japonés es difícil encontrar datos sobre los novenos danes que quedan, aunque son menos de cinco. Maruta sensei todavía visita su dojo y enseña, aunque no pueda practicar. Todavía entrena Inoue sensei, también en Kyoto.

Es difícil describir técnicamente lo que convierte a los tres jóvenes en alumnos haciendo Uchikomi o Kakari geiko. El Kyudan, como en su momento el Yudan, tiene que ver más con una presencia. Con el espíritu si se quiere. En el año 2001 la ZNKR decidió dejar de otorgar novenos danes, pues quedaban ya muy pocos con vida como para formar el comité que decide su distinción. El Octavo Dan Hanshi es, hoy por hoy, el más alto rango que puede alcanzarse. Mención aparte merecen los altos grados del Dai Nippon Butokukai, que observa su propio sistema de rangos.

Los jueves foto: Blow Up

Imágenes cedidas por Miguel Gallego. El retoque es cosa de La Katana Disléxica

Daniel Arceo en el Curso Trofeo de Kendo Ciudad de Vitoria 2012, con su men puesto, los chikawa bien atados, esperando para hacer su geiko

(C) Miguel Gallego. Todos los derechos reservados

Canon EOS 7D. ƒ/5 ISO 1600 Lente 77 mm

El cazador cazado. Cuando no hace fotos, Daniel Arceo hace kendo.

Que sí, que sí. Hace kendo y nosotros también. Y nos lo tomamos muy en serio.

Y esto es lo que pasa cuando La Katana Disléxica features El Galle

De verdad.

Así limpiaba el bogu que yo la vi

No me imagino a Toshiro Mifune en un Mercadona (queridos compañeros latinoamericanos, disculpad el chorro de chistes gallegos de hoy) y no soy fan de las arengas neoliberales falleras del señor Roig. Pero una cosa os voy a decir: salivo con el día que HACENDADO venda bogus.

Así limpiaba el bogu que yo la vi. Sin sprays caros, sin febreeze, limpiamos el men, el kote y el tare con productos Hacendado, como debe ser.

Os aseguro que este no es un post patrocinado

Lo primero que te llama la atención del kendo es que nunca, nadie, te había hablado del olor. Si has entrenado cualquier otra cosa estarás acostumbrado a transpiraciones intensas, pero esto es distinto. Por eso, limpiar el bogu cada pocos meses será muy beneficioso para la conservación de tu material y para la humanidad en general.

Para saber cómo mantenerlo es impresicindible saber de qué está hecho. La composición del 90% de nuestro equipo es algodón prensado; los chigawa son de cuero, y también las palmas del koté (normalmente de piel de ciervo o ante sintético). Aún se fabrican dos de bambú y piel de raya o laca; pero los nuestros son plásticos. Del mismo modo, la mayoría de los mengane son de aluminio: si el tuyo es de titanio, no necesitas leer este blog.

En este vídeo del UK Kodokan, el sensei enseña a lavar el men sumergiéndolo en un barreño de agua tibia con detergente y suavizante para prendas delicadas. Primero ha retirado los chigawa y los himos; y lo coloca con sumo cuidado para que no se moje la juntura del mengane. El resultado es asombroso, pero yo he llegado a esa edad en la que asumo feliz que soy TORPE. Además tengo tres gatos y dudo que pudiera mantener a salvo el mengane.

De modo que limpio en seco. El producto más recomendado es Febreeze, un microbicida basado en alcohol y amoniaco, inodoro y muy potente. También se puede utilizar sobre el keikogi, en esos cursos de verano de mañana  y tarde: retrasa el momento en que tu chaqueta camina por sí misma. Pero tiene un inconveniente: es caro y se sirve en cantidades muy pequeñas. Tampoco lo venden en cualquier droguería.

Mi alternativa al Febreeze es el limpiador de tapicerías Bosque Verde, la marca blanca de Mercadona. Muy barato y de bajo impacto ambiental, apto para superficies delicadas (recordad el teñido índigo). Es muy sencillo: se espera uno a que el sudor esté seco, se rocía con la espuma, y tras cinco minutos se retira ésta con una esponja húmeda. Hay que ir empapándola cada poco, así que te conviene tener un barreñito con agua templada para ir cambiando. Una vez retirada la pátina se pasa una balleta seca (adivinad: también Bosque Verde) y se deja el men a secar; procurando, para cuidar el color, que no le dé el sol directamente.

Hay quien aconseja una solución de agua con bicarbonato y un cepillo de dientes o cepillo suave para uñas. Tanto da: se trata de no utilizar la parte verde del estropajo, sino la amarilla, la de esponja.

Para hidratar los koté me recomendaron en su momento crema Nivea. La del tarro azul. No he encontrado otra solución mejor ni más barata. Los unto bien, por fuera y por dentro, y los dejo secando el fin de semana. Los restos de crema se retiran con la balleta seca, y a entrenar.

La blogger Belisa también compra Deliplus. La foto es de ella.

Hace poco mi compañera Tania (que comenta en este blog) me recomendó un producto más: gel hidroalcohólico. Ese producto que se hizo famoso durante el hype de la Gripe A.  Nos será muy útil, no tanto para limpiar el men sino para prevenir la acumulación de bacterias en contacto con la piel del rostro. Una friega por dentro del men a la semana le ha ayudado a disminuir rojeces, irritaciones y granitos. Me imagino que también beneficiará a los que tengan problemas al entrenar después de afeitarse. Lo habéis adivinado: la marca de ambas es Deliplus.

Luego están los productos específicos para limpieza de bogu. Este spray es el más barato si lo compras en España. Se vende en Budoexport por 25 euros. Estoy segura de que son excelentes: vienen de Japón, son específicos para el algodón (y el color) de nuestros bogus, pero no tengo ganas ni fondos para comprobarlo. Sé de un compañero que lo raciona cada pocos meses y dice estar contento. Si alguien quiere probar y enviarnos una revisión, será un placer publicarla.

Y por último, aunque parezca una obviedad: nunca, NUNCA, JAMÁS, dejes la limpieza del bogu para luego. En clase todavía nos acordamos de Oriol, que dejó la ropa y el bogu dentro de la maleta unos diez días y se fue de viaje. También nos acordamos del moho verde y del mes largo que estuvo sin entrenar.

Un primer dan de mierda

A menudo comentamos entre kendokas lo diferente que se ven los grados desde nuestras hakamas sin obi. Los artistas marciales llegan al cinturón negro. En kendo o iaido, el primer o el segundo dan son solamente los primeros pasos: no hemos llegado a ninguna parte. Como mucho hemos aprendido a andar después de pasarnos una temporada gateando.

Nací con vértigo y pies planos, y no aprendí a andar hasta los tres años. Quizá por eso, y aunque sé que todos mis compañeros están igual de nerviosos (escribo este post la tarde del viernes 22 de marzo; puede que lo publique el lunes 25, puede que unos meses después; o puede, espero que no, que nunca) para mí, el examen de Shodan de pasado mañana tiene otras implicaciones. Es tanto primer paso como cierre.

Una sola cosa tenía clara cuando empecé este blog: no me interesaban las reflexiones personales. Para reflexionar tengo los  monigotes. Antes que eso prefiero reflejar mi experiencia en la de otros. Pero ahí están. Siete años. Casi ocho, aunque los primeros cinco los recuerdo borrosos. Todos llenos de experiencias personales.

No recuerdo qué día empecé a practicar kendo, pero sí recuerdo que me desmayé en los suburis. Tampoco me acuerdo de qué día me salió bien tal o cual cosa, pero sí la primera vez que EL PROFE BAJITO sonrió de oreja a oreja en un geiko conmigo (en mi primer Huesca, en julio de 2010). Recuerdo el primer geiko que me salió bien, en ese mismo curso, minutos antes, con Agustín Miguel. Él no lo recordará, pero yo sí: el combate y todo lo que me dijo después. Recuerdo también mi primera medalla, y las otras dos; y aunque procuro no darles importancia sería poco honesto omitirlo.

No recuerdo bien las caras. He visto pasar a mucha gente. Pero sí recuerdo aquellas lágrimas en Barcelona, tras un examen de grado como este, al constatar que llevaba cuatro años hiperventilando al final de la fila, y eso si, con suerte, había ido a clase y estaba en la fila. Y también recuerdo quién fue a consolarme y lo que dejó para hacerlo, pero esa historia me la guardo. Recuerdo, a veces muy vívidamente, el pánico a los geikos. Recuerdo muy mal a la gente pero muy bien las lágrimas. No pasa nada: soy muy llorona.

llorona

¿lo ven?

Pero los momentos sí los recuerdo. Los suburis en Riaño, bajo la nieve. El primer día que empecé a entrenar con regularidad, un martes de septiembre de 2009. Recuerdo lo terriblemente mal que lo pasé en mi primer examen. La emoción del primer curso fuera. Mi primera lesión grave, una fractura de Jones que me tuvo tres meses coja, y toda la rehabilitación. Recuerdo borrosamente algunos momentos críticos en mi dojo, y además tengo el poder mutante de no enterarme nunca de los chismes; pero recuerdo muy bien la inundación que se llevó por delante la tarima nueva. Y recuerdo, más intensamente que cualquier otro, el día que todos morimos un poco.

Con los años he acabado por recordar mejor las manos que han tirado de mí que los pies con los que he tropezado. Los rostros que todavía veo coinciden con las primeras, no con los últimos. No creo que sea casualidad. Y eso que recuerdo (y de forma sangrante) las decepciones; pero porque han sido muy pocas. Han sido muchos más los cambios: las personas que se han ganado mi respeto, algunas contra todo pronóstico. Creo que yo también he acabado por ganarme el suyo. Probablemente esto haya sido lo más importante de mis siete años gateando: aprender que me rodean personas reales. Con historias más interesantes, con sombras más verdaderas que ningún samurai de cartulina, a los que no me quiero parecer.

Todo huele a fin de ciclo en las próximas 48 horas. Cambiarán pocas cosas en la práctica, pero otras serán completamente diferentes. Creo que se han terminado los desmayos y los picos de ansiedad, y todas esas lágrimas de que hablaba. En realidad se fueron acabando hace un par de años, pero falta meterlas en una caja y cerrarla con un lazo. Se quedarán dentro de mi men, como durante estos años se quedaban ahí dentro la frustración, el sentimiento de enfermedad y el estigma con él. La soledad, la soledad sobre todo, que ha sido lo peor.

Y empezarán otras. Un cambio de década. Intentar competir un poco más. La maternidad. Cosas que nunca imaginé que me pasarían a mí, como este curso y este examen.

No tenemos cinturones de colores, ni ilustramos nuestras historias en el do. Quizá por eso algunos kendokas tenemos blogs. Habrá posts nuevos también. Ocurra lo que ocurra el domingo habrá más cursos, y más exámenes, y más clases malas y más sudor. Pero si estáis leyendo esto es que otra kendoka ha aprendido a ponerse de pie. Una principiante más. Otro primer dan de mierda, como Moisés y Sebas del dojo Shion de Málaga, con los que me he examinado; como Silvia, Diego, Samuel, Iván, Emilio, Maxi, Ángel y Víctor. Como Javier de Kishinkai Córdoba. Como Jaime de Kenwakai. Como lo será pronto Rodolfo,también de Kenwakai; y Andrés, de Makoto Madrid. Como muy pronto lo serán David, Antonio, José, Darío, Tania, Alba e Irene. Eso ya lo contaremos.

Koryu: Tendo ryu

Por Javi Rodríguez

Hacia el final de una de las últimas clases de iaido uno de nuestros profesores nos habló, no recuerdo a santo de qué, de un vídeo de dos maestras de escuela antigua practicando katas de kenjutsu, una de ellas (en el papel de Shidachi) empuñando dos sables cortos. Y alguien dijo: “Javi, a ver si lo encuentras”.

El caso es que recordaba haber leído algo sobre ese tipo de katas en el libro Koryu: escuela antigua de Ellis Amdur, y releyendo algunos fragmentos di con ello: una escuela antigua que dentro de su currículum practica Nito (manejo de dos sables simultáneamente) con kodachi.

La escuela en cuestión se llama Tendo Ryu Naginatajutsu . Una vez averiguado esto me puse como loco a buscar algún vídeo de sus técnicas, y al final lo encontré.

La creación de Tendo Ryu se atribuye a Saito Denkibo Katsuhide, que llamó a su escuela Ten Ryu, la escuela del cielo, tras un duelo con un asceta y una “iluminación”. Como muchas escuelas de esa época, Ten-Ryu contemplaba el uso de varias armas. Sus documentos más antiguos mencionan instrucciones para el manejo de la espada, otras armas, tácticas para el campo de batalla, luchas a caballo y cuerpo a cuerpo, e incluso metafísica. La escuela fue evolucionando y se dividió en varias líneas, que se especializaron en el manejo de alguna de esas armas.

Pero fue el sucesor de una de esas líneas quién eligió la naginata como arma principal a finales del siglo XIX. Su nombre era Mitamura Kengyo, y es a partir de aquí cuando la escuela pasa a denominarse Tendo Ryu, la escuela del camino del cielo. Mitamura Chiyo, su esposa, fue una destacada maestra de la escuela.

Tendo Ryu en el Kobudo Taikai 2010(C) Jeff Broderick naginatajutsu, koryu, doble kodachi contra jo. Los kata que se realizan con naginata y espada corta reflejan con sumo realismo las limitaciones de un arma tan larga en distancia corta. La practicante (o el practicante) que maneja la naginata la arroja al suelo y desenvaina con rapidez el kodachi para acabar con su oponente cuando este acorta la distancia y la naginata se vuelve ineficaz. El origen de estas técnicas es doble: por un lado la lucha cuerpo a cuerpo, en la que se empleaban armas pequeñas; y por otro la defensa femenina, consistente en clavar una daga (kaiken) a un adversario que pretendiese usar su superioridad física o técnica  en el combate a corta distancia.

Tendo Ryu en el Kobudo Taikai 2010(C) Jeff Broderick

La naginata ha estado asociada por la historia a la mujer samurai, rozando el cliché: se usó mucho en batalla, pero las mujeres bushi tenían el deber de defender el hogar y la familia de cualquier agresión. La versatilidad de este tipo de alabarda les permitía encarar diferentes armas. En la práctica de hoy, aunque continúa la tradición de grandes maestras, también los hombres practican naginatajutsu, igual que las mujeres acceden a otras armas.

Se conservan 120 kata de Tendo Ryu, trabajados en parejas, con naginata, sable, kusarigama (hoz con cadena), dos sables, sable corto, naginata vs. kodachi y jo. La aproximación al jo viene de entenderlo como una naginata partida durante la batalla.

Los kata que se realizan con naginata y espada corta reflejan con sumo realismo las limitaciones de un arma tan larga en distancia corta. La practicante (o el practicante) que maneja la naginata la arroja al suelo y desenvaina con rapidez el kodachi para acabar con su oponente cuando este acorta la distancia y la naginata se vuelve ineficaz. El origen de estas técnicas es doble: por un lado la lucha cuerpo a cuerpo, en la que se empleaban armas pequeñas; y por otro la defensa femenina, consistente en clavar una daga (kaiken) a un adversario que pretendiese usar su superioridad física o técnica  en el combate a corta distancia.

Como se puede ver en el vídeo se practican kata muy interesantes con dos sables cortos y con jo. En este caso no entendido como bastón, sino como el asta de una naginata.

Referencias:

Koryu: escuela antigua. Ed. Shinden, 2007. Como decía antes, un libro muy interesante. Incluye fotos de maestras de Tendo ryu practicando katas con dos sables e incluso explicando cómo luxar el codo de un oponente para que no pueda escapar mientras se acaba con él. Además de algunos fragmentos de opinión de Abe Toyoko sensei , una de las maestras más fuertes de esta interesante escuela y gran budoka.Koryu: escuela antigua. Ed. Shinden, 2007. Como decía antes, un libro muy interesante. Incluye fotos de maestras de Tendo ryu practicando katas con dos sables e incluso explicando cómo luxar el codo de un oponente para que no pueda escapar mientras se acaba con él. Además de algunos fragmentos de opinión de Abe Toyoko sensei , una de las maestras más fuertes de esta interesante escuela y gran budoka.

 

 

 

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