¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Month: febrero 2013 (page 1 of 4)

Los jueves, foto: nunca pondrás tu cara por donde pisan tus pies

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Esta semana tengo una foto con la que voy a ilustrar una anécdota que me ocurrió hace años en el club donde empecé (la asociación hispanojaponesa Tora). Salía yo de entrenar tan contento y sudado, inocente y poco sabedor de la pata que iba a meter en escasos segundos, pero que me serviría para aprender un poquito acerca, ya no de Kendô, si no de cómo son las artes marciales, y por qué nuestro amigo Andrés habla de reiho en este artículo  de su blog con tanta puntería.

El caso es que, una vez acabábamos de entrenar, y para no estorbar a los chicos de Budo-Taijutsu que entraban después, a menudo nos quitábamos el bogu fuera de clase. Yo, en mi ignorancia, dejé por un instante el men apoyado con el men gane (la reja, vamos) en una mesa. Dio la casualidad de que pasaba por allí el dueño de la asociación, octavo dan de Karate; y ante tal agravio saltó de la recepción y cogió el men, diciendo con voz grave (esa que todos conocéis, cuando un japonés te está diciendo “eso no se hace”) que nunca, nunca algo que usas para proteger tu cabeza ha de estar apoyado contra el suelo o directamente sobre una superficie, en este caso la mesa. Nunca pondrías tu cara por donde pasas los pies (o la suela de los zapatos), ¿verdad? Pues algo similar. Tu cabeza siempre por encima de tus pies.

Vale. ya he divagado suficiente. Ahora la foto:

¿Seguro que está apoyado en el suelo?

¿Seguro que está apoyado en el suelo?

La persona que dejó este men en el suelo se aseguró, igual que hizo aquél sensei de Karate, de que el men no estuviera tocando el suelo… porque hay un tenugui (que, por cierto, se lee “tenugüi”) debajo. Ese símbolo separa la cabeza de los pies.

Un “bravo” para quién lo haya hecho. Yo sé quién es y, me arriesgaría a decir que él sabe quién es. Pero no voy a señalar, que después me pasan cosas.

Me he convertido en la muerte (High School of the Dead)

No hace falta el psicoanálisis. Nos fascina el samurai, y no sólo por lo que le cuelga. Nos creemos lo que sea. Nuestro shinai es nuestra alma y cuando el anormal del jefe hace uno de sus chistes de mierda que le ríe media oficina, mantenemos el tipo pensando en el honor, la honestidad y las otras cinco cualidades. Para el imaginario occidental, el samurai siempre está solo, sin más compañía auténtica que su espada. De ahí esos anuncios que enfatizan la soledad masculina, en constante búsqueda de la perfección o de la pureza. La espada deja de ser un instrumento para convertirse en avatar. Siempre singular, siempre limpia.

Y al contrario, cuando la katana pasa a manos de un personaje femenino, es que van a llover hostias.

No di con High School of the Dead buscando samurais, sino a rebufo de The Walking Dead. Zombies en un Instituto: las metáforas se acaban haciendo solas. No esperaba conocer a Saeko, capitana del equipo escolar de kendo. Y mucho menos, que su entrada fuera machacarle la cabeza a un muchacho herido de muerte con un bokken: otra metáfora que superficialmente recuerda al kaishakunin, pero que habla en realidad de la condición misma de la espada, aunque sea de madera (aunque no sea una espada sino una pala o un taladro). La diferencia entre vivir y morir. El criterio para decidir quién puede vivir y quién debe morir. En suma, el poder.

Ukenagashi. Kiriotoshi. Sobrevive, mata. Siguiente nivel.

 

No di con High School of the Dead buscando samurais, sino a rebufo de The Walking Dead. Zombies en un Instituto: las metáforas se acaban haciendo solas. No esperaba conocer a Saeko, capitana del equipo escolar de kendo. Y mucho menos, que su entrada fuera machacarle la cabeza a un muchacho herido de muerte con un bokken: otra metáfora que superficialmente recuerda al kaishakunin, pero que habla en realidad de la condición misma de la espada, aunque sea de madera (aunque no sea una espada sino una pala o un taladro). La diferencia entre vivir y morir. El criterio para decidir quién puede vivir y quién debe morir. En suma, el poder.

Algo tiene Saeko en común con los samurai de la ficción moderna: su carácter solitario. Dice tener miedo de sí misma, de un carácter violento que es precisamente lo que más necesita el grupo.  Aunque matar mucho pueda venir bien en medio del apocalipsis zombie, Saeko no quiere asumir su condición de líder porque no se siente merecedora de tal cosa. Perder el control, la pesadilla social del japonés.

Takashi o Kohta, los dos personajes masculinos, son aficionados a las pistolas. Cuanto más grandes mejor. Saeko y Rei hacen kendo y sojutsu (buena chica de familia tradicional) aunque ésta última acaba pasándose también a las automáticas. A lo largo del manga Saeko no le hace ascos a las armas de fuego, pero, en un momento delicioso, pasará del bokken para llevarse una espada familiar de un altar shinto. El guionista Daisuke Sato es especialista en el género histórico militar y no sé qué pensar de sus intenciones. No sé dónde acaba el símbolo y empieza el locurón. Cuando Saeko acepta su lado oscuro mata más, y mata mejor. Es más sexy. Hasta parece tener más tetas. Pero será su compañero, Takashi, el otro líder sobrevenido del grupo de supervivientes, quien asuma en su lugar el deber de liquidar a unos niños infectados. Después de todo, la mujer guerrera del imaginario mítico no puede ser una cosa sin ser a la vez la otra. No hay guerreras travestidas en la ficción de samurais, porque las bugeisha no se transforman en bushis.

 

Para Saeko, el carácter sagrado de la espada va asociado a la muerte. La virilidad es innecesaria. El origen de su katana es sombrío: el templo pertenece a los Miyamoto, los padres de Rei. Una familia inmensamente rica e increíblemente facha. La señora Miyamoto, shirasaya incluida, es un poco lo que podría ser Saeko de mayor, si no se hubieran metido los zombies en medio.

pero INCREÍBLEMENTE

 

¿Y qué ocurre con el simbolismo erótico de la katana y la mujer guerrera, que tantos buenos ratos nos hace pasar? Pues al final todo son bragas, sostenes y poco más. No hay tensión sexual entre Takashi y Saeko, al menos de momento (la serie vuelve a publicarse este año). Veremos si Saeko Busujima se convierte en una loba solitaria al estilo de sus contrapartes masculinos, o sigue repartiendo tajos a base de bien. Pero la mujer con katana, en la cultura pop, sabe mucho más de matar que de follar. Mucho más.

Referencias:
Web oficial de HSOTD en inglés

Restaurar tu iaito

Por Javier Villa

Esta vez me tenéis aquí para explicaros una forma sencilla y eficaz de restaurar las piezas de vuestro iaito.

En primer lugar, tenemos que saber que la mayoría de piezas que nos venden como oxidadas a manoenvejecidas a mano son en realidad pintadas a mano, y con el tiempo decolorarán a ese tono anaranjado que estamos tan acostumbrados a ver. Este tipo de piezas pintadas se utilizan en los koshirae (estilos) que utilizamos casi todos: abaratan el coste final del iaito y, a pesar de la decoloración, nos aguantará muchísimos años. Por supuesto hay piezas que no decoloran, aunque son algo (o mucho) más caras.

A algunos les gusta que las piezas vayan adquiriendo su tono anaranjado. Dicen que es señal de que el iaito se utiliza y de que uno entrena. Pero a otros, como servidor, nos gusta que nuestro iaito esté como el primer día: puede que hayamos comprado un iaito réplica de alguna katana histórica, y por mucho que entrenemos con él, queremos que siga como nueva. Como las antiguas.

¿Empezamos?

Primero debemos comprobar el estado de las piezas del iaito.

Esta vez me tenéis aquí para explicaros una forma sencilla y eficaz de restaurar las piezas de vuestro iaito.  En primer lugar, tenemos que saber que la mayoría de piezas que nos venden como oxidadas a mano o envejecidas a mano son en realidad pintadas a mano, y con el tiempo decolorarán a ese tono anaranjado que estamos tan acostumbrados a ver. Este tipo de piezas pintadas se utilizan en los koshirae (estilos) que utilizamos casi todos: abaratan el coste final del iaito y, a pesar de la decoloración, nos aguantará muchísimos años. Por supuesto hay piezas que no decoloran, aunque son algo (o mucho) más caras.   A algunos les gusta que las piezas vayan adquiriendo su tono anaranjado. Dicen que es señal de que el iaito se utiliza y de que uno entrena. Pero a otros, como servidor, nos gusta que nuestro iaito esté como el primer día: puede que hayamos comprado un iaito réplica de alguna katana histórica, y por mucho que entrenemos con él, queremos que siga como nueva. Como las antiguas.    ¿Empezamos?  Primero debemos comprobar el estado de las piezas del iaito.   Así estaba el menuki al principio  Si están simplemente decoloradas necesitaremos pintura para metales, lija, barniz especial para metales y un juego de brochitas de precisión. La pintura la podemos adquirir en cualquier tienda de bricolaje. También nos puede servir, por ejemplo, la que utilizan para las figuras de Warhammer.  Después lijamos las piezas para quitar los restos de pintura original, y las secamos bien bien antes de aplicar la pintura.  Ahora, armándonos de paciencia, toca pintarlas. El fuchi y el kashira son lo más fácil. Los menuki requieren MUCHO OJO para que no se escape la brocha y acabemos pintando el tsuka-ito.  Cuando estén bien secas, aplicamos el barniz. Así le daremos una capa protectora para que tarden más en decolorar: yo le doy a mi iaito una capa de barniz cada semana o dos semanas.   Detalle del menuki durante la operación ¿Qué ocurre cuando las piezas de nuestro iaito se han oxidado? Nada. Simplemente compraremos pintura para metales apta para aplicar sobre el óxido. Nos saldrá un poco mas cara, pero es la única forma de que éste no vuelva a rebrotar. En este caso aplicamos la pintura directamente sin lijar; luego damos la capa de barniz, y listo. Dejamos secar un par de días y volveremos a tener nuestro iaito como nuevo.

Así estaba el menuki al principio

Si están simplemente decoloradas necesitaremos pintura para metales, lija, barniz especial para metales y un juego de brochitas de precisión. La pintura la podemos adquirir en cualquier tienda de bricolaje. También nos puede servir, por ejemplo, la que utilizan para las figuras de Warhammer.

Después lijamos las piezas para quitar los restos de pintura original, y las secamos bien bien antes de aplicar la pintura.

Ahora, armándonos de paciencia, toca pintarlas. El fuchi y el kashira son lo más fácil. Los menuki requieren MUCHO OJO para que no se escape la brocha y acabemos pintando el tsuka-ito. Cuando estén bien secas, aplicamos el barniz. Así le daremos una capa protectora para que tarden más en decolorar: yo le doy a mi iaito una capa de barniz cada semana o dos semanas.

Javi villa nos explica cómo restaurar las piezas del iaito que han quedado decoloradas: menuki, seppa, tsuba, kashira... con pintura para metales.

Detalle del menuki durante la operación

¿Qué ocurre cuando las piezas de nuestro iaito se han oxidado? Nada. Simplemente compraremos pintura para metales apta para aplicar sobre el óxido. Nos saldrá un poco mas cara, pero es la única forma de que éste no vuelva a rebrotar. En este caso aplicamos la pintura directamente sin lijar; luego damos la capa de barniz, y listo. Dejamos secar un par de días y volveremos a tener nuestro iaito como nuevo.

El fuchi y el kashira son lo más fácil. Los menuki requieren MUCHO OJO para que no se escape la brocha y acabemos pintando el tsuka-ito.

Al final del proceso

tsuba

Así queda nuestro fuchi

Las fotos que os paso las ha hecho mi compañero Luis Aranda, y el paciente es un iaito que Gonzalo Herranz (iaidoka de Zanshin Madrid) vendió a otro de nuestros compañeros. Esperamos que os sirva de utilidad.

Seguramente es el bus de datos: reiníciese y verá qué bien.

Cualquier tarde de  viernes, vestido de flamenco. Llevas una hora preguntándote por qué no estás en casa viendo un DVD con el bol de palomitas que compraste en “XXL Boles”.  Pues no: estás en tu dojo, con cansancio mental y físico después de una linda semana de trabajo. Y entonces…

El segundo de los tres kata que estás haciendo de seguido se va de tu cabeza a tomarse una caña fría. Y tú pones cara de estúpido consternación.

Cualquier tarde de  viernes, vestido de flamenco. Llevas una horita preguntándote por que no estás en casa viendo un DVD con el bol de palomitas que compraste en "XXL Boles".  Pues no: estás en tu dojo, haciendo iaido, con cansancio mental y físico después de una linda semana de trabajo. Y entonces...  El segundo de los tres kata que estás haciendo de seguido se va de tu cabeza a tomarse una caña de cervecita fría. Y tú pones cara de estúpido consternación.

Esto nos puede pasar a todos. Lo que ocurre es que a mí me pasa mucho. El problema de mis “vacíos cerebrales”, como yo los llamo, es que no puedes recordar rápidamente. Y los tres segundos que tienes para actuar, tus 30 compañeros no pueden seguir, porque te pueden sajar en canal o empalarse en tu sable. Lo cual lo hace todo más incómodo. Si tienes suerte y te pasa al principio, alguien se da cuenta y te sopla.

Si fuéramos maquinas, vendría el técnico y diría: “le falta RAM, caballero”, y no sabrías si comprarte memoria extra o una vaca. Quedarse en blanco es algo complicado, pero no tiene más solución que estar concentrado y relajado.

Y esto es lo que me pasó en mi primer Campeonato de Madrid de Iaido, el segundo sábado de febrero de 2013.

En sus primeros torneos uno va  a ver qué pasa, gane o no gane da igual: hay que pasárselo bien.

¿Y qué pasó? Que tú vas todo tranquilo, haciendo bromitas, y cuando llegas a la fila de combates dices: “qué calor hace aquí, parece que han puesto la calefacción”.  El calor aumenta, saludas a tu contrincante, y empieza el combate. La cosa es que sigues sudando como un pollo, hace un calor que ni en Sevilla en 15 de agosto. Tanto, que tu cabeza no funciona bien. Terminas como puedes para que un rato después te des cuenta de que no hacía calor: los nervios te han hecho un feo.

¿Qué podemos hacer? NADA. Cuando te pasa te aguantas, no hay solución. ¿O sí?

Según mi profesor, cuarto dan de Iaido, la respuesta es “sigue bailando”. Hace pocos días, en una prueba de embu, me inventé un kata yo solito: me faltaba sacar el cartelito de “OUT OF ORDER”. Da igual en lo que te hayas equivocado. El otro competidor puede haberla liado parda, los jueces estarán mirándole a él  y no darse cuenta; o en un examen, pueden valorar tu presencia (zanshin), y que exhales la idea al tribunal: “no señores, el kata es así”.

Ante estos sucesos lo mejor es salir contento: ya sabes lo que te puede pasar.  Sea en un entrenamiento, exibición o lo que sea.

Los viernes keiko: Hachidan, el reto extenuante

Como la mayoría de documentales que vamos comentando aquí, este es otro clásico. No descubrimos nada compartiendo Kendo’s grueling challenge, producido hace más de quince años por National Geographic, sobre el examen de octavo dan de Ishida sensei y otros postulantes, en una agotadora prueba de varios días en Japón. Pero es importante para varios de nosotros verlo juntos, y compartirlo para los que todavía no lo conozcan o no lo hayan visto entero.

Son 45 minutos en total. Estos son los primeros, y si no queréis cargar el documento completo, el usuario de Youtube del que hemos incrustado lo ha dividido en segmentos, con algo más de calidad que el enlace anterior.

Se trata de una obra de 1996, y como decimos, archiconocida en la red kendoka. Sin embargo, ha despertado ánimos dispares entre los maestros que la conocen. Uno de sus detractores es George McCall, editor de Kenshi247.net (lo cual debería bastar para levantar al menos una de las cejas cuando te pongas a verlo). No comprendo bien sus suspicacias, aunque puedo entender que estamos ante una narración muy clásica, muy americana en muchos sentidos: un foco mental basado en una tragedia personal, el ganador y también el perdedor, que suspende el examen a pesar de merecerlo moralmente; historias a las que el género documental nos tiene acostumbrados y que damos por hecho. Somos animales narrativos, y en National Geographic hace muchos años que lo saben.

Puede que en este enfoque emocional del proceso del examen se pierdan muchos detalles que para nosotros budokas sean tanto o más importantes, aunque la mayoría de nosotros, honestamente, no seríamos capaces de verlo todavía. National Geographic no es, sin embargo, un estudio divulgador de Budo. Hacen cine. Y el cine requiere sus héroes, sus villanos, sus viajes interiores y todo eso que nos ha hecho sufrir por la pobre gacela Thompson que corre delante de una gueparda, por más que ésta última tenga mucha hambre y dos cachorros que criar.

En todo caso, si te has puesto nervioso en tu primer examen de grado (¡o de kyu!), saber lo que hay allí, a lo lejos, casi al final del camino, te dará un poco de perspectiva.

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