¿que haces QUÉ?

Kendo. ¿Kempo? No, kendo. ¿Kenzo? No, kendo, el arte marcial ¿Judo? No, kendo. ¿Tendo? No, mira, te lo explico aquí que acabamos antes

Month: diciembre 2012 (page 1 of 4)

Los viernes geiko: En garde!

Hay unos cuantos vídeos por Internet de duelos de kendo vs. esgrimistas. La mayoría están, en general, mal rodados. Y como de kendo algo conocemos todos, quizá nos interese comparar lo que creemos que sabemos con esta crónica, bellamente rodada y montada, del Club de Esgrima gallego 100tolos:

 

A ver esos comentarios. Cuánto hay.

Los jueves, foto: Rei

Las fotos de esta serie pueden verse en su tamaño original haciendo click sobre la imagen.

Saludo

Saludo

Rei es un saludo. Y también es etiqueta y agradecimiento. Cuando entras en el dôjô, te inclinas. Cuando sales del dôjô, te inclinas. Inclinarte es mostrar respeto y aprecio. Es por esto por lo que es muy importante hacerlo bien.

En Kendô podemos hacer una inclinación en pie o sentados. En la inclinación en pie, debes ser consciente de la diferencia entre inclinarte ante tu oponente o compañero y la inclinación a los más mayores, a aquellos de mayor grado y a Shômen.

Cuando saludais con una inclinación debeis apreciar y respetar al otro. Es parte del Kendô. Sin esos sentimientos, no significa nada. Entended por qué lo hacemos y hacedlo adecuadamente, para que signifique mucho.

Rei

Rei

El Kendô empieza y acaba con rei.

Mientras que el carácter “Rei” se traduce habitualmente como “inclinarse”, su significado literal así como la virtud del Bushi- do a la que hace referencia es “cortesía”. Además, encabeza los conceptos de rei- gi y rei- ho. Rei-gi significa “etiqueta” o “modos de etiqueta”, haciendo referencia a las técnicas o acciones en las que se muestra cortesía y respeto, mientras que rei-ho es un término que expresa las reglas o conceptos de la cortesía y el respeto, y que veremos en extensión más adelante en esta, vuestra bitácora.

Rei-gi es una parte extremadamente importante del Kendô. Las reglas básicas provienen del muy formal sistema social de Japón. De forma resumida, rei-gi está basado en el respeto al sensei, a los amigos kenshi, a la equipación… respeto por el dôjô, vamos. En la práctica, esto no es tan simple. Hay un método definido para cada acción y fallar al adherirse al adecuado comportamiento puede tomarse como una señal de falta de instrucción y, en algunos casos, como un verdadero insulto.

Es imprescindible saber en qué consisten tanto rei- gi como rei- ho para no incurrir en faltas graves cuando visitamos otros dôjôs. Nunca cae bien una persona maleducada, pero si encima vienen a insultarte a tu propia casa, eso es imperdonable. Y para eso están estas normas que pueden ser más o menos estrictas. No seremos “más papistas que el Papa”, ni “más japoneses que los japoneses”, pero respetamos tanto a los nuestros como a los que vienen de fuera o a los que vemos cuando nosotros somos los visitantes.

El post de La Fortaleza Escondida

¿Cómo se representa al samurai en la ficción? Entre miércoles pop y miércoles pop vamos a ir viéndolo de vez en cuando. El análisis fílimico se lo dejamos a los que saben, y aquí nos vamos a enredar con las cosas que nos gustan.

Hacia el final del segundo acto de La Fortaleza Escondida, los protagonistas son descubiertos y atacados en medio del bosque. El pánico se apodera de los dos campesinos, Tahei y Masakishi, y el General Rokurota Makabe se dispone rápido a proteger a la princesa Yuki.

La princesa, sin embargo, se sienta en un tocón.

Ya nos habían dicho al principio que el comportamiento de Yuki Hime sería inusual: su padre el Daimyo la educó como a un varón y la preparó para heredarle. Monta a caballo, grita, se cabrea y baila. No llega a tocar una espada ni una alabarda: su arma favorita es una irónica vara de bambú. Pero da igual: no tenemos duda de que estamos ante una guerrera. Nos lo dice la escenografía: una samurai de principio a fin.

en el escondite

en el escondite

Escena final de La Fortaleza Escondida (1958) de Akira Kurosawa, con Toshiro Mifune. Este plano os recordará a Star Wars, y con razón.

en el castillo
(sí, en efecto)

O puede que no.

 

 

 

 

 

 

D. Trull escribe sobre La Fortaleza que, siendo el más jidai-geki de los jidai de Kurosawa, no lo es en el retrato de sus personajes: ni Yuki es una doncella inocente ni Makabe es simpático o siquiera heroico; y los dos se pasan la película con los pantalones arremangados, como un campesino cualquiera. No es algo nuevo: La Fortaleza es de 1958, posterior a Los Siete Samurai y a Donzoko, que también contaron con Toshiro Mifune encarnando a samurais guñones, borrachos, que no tenían etiqueta ni la conocieron. Precisamente es a través de sus antihéroes como Kurosawa explora el concepto del honor, que él asocia siempre a la lealtad. También en su obra de ambiente moderno: si alguien no ve que Duelo silencioso es un drama samurai, es que no sabe de qué van las películas de samurais.

En este caso, Makabe y Yuki no son ronin sino fugitivos disfrazados, pero su condición de nobles también es puesta en cuestión durante el viaje. Yuki Hime asume su deber no sólo para con su familia sino para con la humanidad: es la muerte de otra adolescente, la hermanita de Makabe, la que le da la oportunidad de sobrevivir y contraatacar, y condicionará su relación con los dos campesinos, con sus generales, y con el resto de la población. Kurosawa, dado a la metáfora, hace a la princesa jugarse el pellejo para salvar a una campesina de su edad.

Probablemente, lo que la escenografía nos dice es que Yuki tiene el espíritu, pero la posición tiene que ganársela. Es la misma princesa en el tocón y en el palacio, pero ya no es la misma persona.

Tampoco es convencional el uso de las armas. La Fortaleza Escondida es un drama de época (jidai-geki), no una “película de katanas” (Chanbara, género de acción, pero no necesariamente sobre samurais). Apenas hay combates. Makabe desenvaina una vez y no corta  a nadie (para eso hay que esperar a Yojimbo). Yuki se las apaña con una vara de bambú. Y, sin embargo, la intencionalidad de ambos elementos es clarísima:

Cartel original en japonés de  La Fortaleza Escondida (1958) de Akira Kurosawa, con Toshiro Mifune. Logo de la Toho en la que fue su última producción con Kurosawa

Cartel original de la película

A pesar de la mística que relaciona al bushi con su espada, los instrumentos de batalla a partir del periodo Edo eran la alabarda, el arco y el arcabuz. El arma icónica de las mujeres de casta samurai era la naginata. Si entraban en combate lo hacían para tener ventaja y resultados, no para relacionarse místicamente con nada.

Fotograma de La Fortaleza Escondida, de Akira Kurosawa (1952) con Toshiro Mifune y la princesa Yuki con su vara

Poder de la vara

Pero esta vara de bambú sí es un símbolo, no un arma. Es una espada. Yuki no puede ir armada puesto que va disfrazada de campesina, pero la vara representa ese rango que se está ganando por el camino. En otro fotograma famosísimo, el estandarte de su padre se sobreimpresiona sobre el rostro de la joven. Otro atributo samurai, y eminentemente masculino.

El cine histórico de la época no representaba a las mujeres nobles de esa manera: hasta los años 60, la característica que define a estos personajes es el pudor. Yuki, ya lo hemos dicho, no se representa pudorosa, ni física ni emocionalmente; y abre la puerta a esas heroínas pulp de la década siguiente.

La vara de Yuki me recuerda a las viñetas de Forges, cuando doña Concha persigue al inútil de su marido con una batidora de mano. En una película sembrada de elementos humorísticos, este es probablemente el único que se permite la protagonista.

Antes refería que si alguien no ve Vivir o Duelo Silencioso como películas de samurais es que no sabe de qué van las películas de samurais. Kurosawa sostuvo siempre que con La Fortaleza quería entretener y nada más, pero las metáforas y la subversión de la iconografía siguen siendo suyos y de sus guionistas habituales: Ryûzô Kikushima (Trono de Sangre) y Hideo Oguni (Vivir y Los siete samurais). Nos demuestran de nuevo que eso que llamamos honor o valor no tiene nada que ver con la clase, el género, la época o la posición internacional de un país como Japón, intentando entenderse a sí mismo desde entonces.

 Referencias

“No imagino mi vida sin Budo”. Hablando con Fay Goodman

En el segundo post de este blog, en vísperas del Campeonato de Europa de Iaido, colgué un vídeo de Fay Goodman sensei. Gracias a la gestión de mi profesor Santiago Velasco conseguí intercambiar una serie de correos con ella y le propuse esta entrevista, que espero sea la primera de muchas más.

Fay Goodman es Séptimo dan Renshi en Muso Jikiden Ryu Iaido y Octavo dan en Shinto Ryu. Actualmente se dedica a la enseñanza de Iaido y Jodo a tiempo completo en su propio dojo, Masamune, en Birmingham. Es artista, diseñadora de joyas, productora musical y documentalista, y dirije su propio estudio, Goodmedia.

Fotografía de Fay Goodman Nanadan Sensei en su Iaido Dojo, Masamune, en Birmingham, UK

(c) Fay Goodman – Masamune Dojo

Según tengo entendido, su relación con el Budo comenzó a través del Karate. ¿Qué edad tenía entonces?

Empecé a los 15 años, en un sistema llamado Shodin Tao, que incluía Karate Shotokan como base principal, y otros sistemas como el taekwondo. De ahí empecé a estudiar formas puras como Aikido o Shukokai Karate. Era muy bien sistema. Llegué al Iaido a través de uno de mis compañeros de Shodin Tao.

El Shodin Tao es un arte marcial mixta creada en 1964 por el instructor del SAS Alan K. Hunt, que se practica fundamentalmente en Reino Unido y Francia.

¿Le resultó difícil compaginar karate y iaido mientras los practicó al mismo tiempo? ¿Qué equilibrio tuvo que hacer entre ambas prácticas?

Al haber estudiado y practicado ya varias formas puras, empezar a hacer iaido se sentía como una evolución natural: llegué al Iai por casualidad, como he dicho. Nunca había oído hablar del iaido, así que no estaba buscándolo. Me fascinó y me involucré totalmente en el aprendizaje de este arte tan bella: la primera etapa no fue fácil, fundamentalmente a causa de un sable muy pesado que no me convenía, pero ¡fue un gran inicio! Me di cuenta de que el Iaido se adaptaba muy bien a mis otras prácticas y me proporcionó una buena base.

Por otro lado, tanto Karate como Iaido son Budo. ¿Cómo se relacionaba una práctica con otra? ¿Ha podido con los años aplicar principios del Karate al Iai (o viceversa)?

Interesante pregunta. Todas las Artes Marciales, si se enseñan correctamente y se estudian con dedicación, son muy beneficiosas tanto para la mente como el cuerpo y el espíritu. Personalmente, trato el iaido por separado en tanto su aproximación, su sentimiento y actitud son únicas: llevamos una espada y trabajamos para ser uno con la espada (de la misma manera que trabajamos para unir la mente, el espíritu y el cuerpo).

Cuando hago karate, utilizo mis movimientos y mi energía interior para defenderme y atacar utilizando mi propio cuerpo. El equilibrio es distinto, con eje de gravedad bajo, los pies bien firmes en el suelo. El aikido, por otra parte, tiene movimientos fluidos en las partes superior e inferior del cuerpo, mientras que el centro se mantiene fuerte. La gente que conozco que llega al iaido desde el karate suele adaptarse rápidamente a las posiciones _aunque tienen que trabajar su talón trasero_, pero sus cortes son, habitualmente muy duros, con mucha fuerza. Los practicantes de aikido suelen cortar mejor, ya que aplican los principios de suavidad y fluidez. Sin embargo, les cuesta un poco más dar con la postura correcta.

Todavía disfruto practicando sistemas mixtos, ya que puedes obtener lo mejor de cada mundo, siempre que se respete cada arte en su identidad y con sus fortalezas particulares.

¿Está ahora concentrada en el Iaido?

Sí. Creo que Iaido y Jodo son ahora mi objetivo principal, pero siento que es importante para mí continuar practicando otras artes, especialmente si tienes en cuenta aspectos como la defensa personal o el ejercicio físico.

The Practical Encyclopedia of Martial Arts

Portada de The Practycal Enciclopaedia of Martial Arts (ed. 2004)

¿Cuándo empieza uno a enseñar? Usted no es sólo sensei, también es una divulgadora: ha escrito varios libros y dirigido un documental sobre Budo. ¿Siempre tuvo la divulgación o la enseñanza entre sus objetivos?

Practicar artes marciales, y en concreto la práctica del iaido, me ha dado muchísimo. No puedo imaginarme mi vida sin la belleza de las artes que practico. Hacerme profesora fue un proceso natural: podemos dar mucho de nosotros cuando ayudamos a los niños (o a gente de cualquier edad) a hacerse una idea de lo que les espera si practican: les dará confianza, autoestima, agilidad, forma física disciplina y concentración… ¡sólo para nombrar unas pocas cosas!

Hábleme de su escuela, el Dojo Masamune. ¿Cómo empezó todo?

Estaba estudiando iaido en Birmingham y acabé totalmente sola: la gente empezó a mudarse o dejaron de entrenar por motivos de salud. Para mantener el dojo en marcha, decidí abrir yo misma una escuela y ver qué pasaba. Yo ya estaba enseñando Shinto Ryu (que es mi sistema mixto de Karate, Aikido y Jujutsu) junto a mi hermano Clive, así que enseñar iaido parecía la progresión natural.

Además de instructora y divulgadora, Fay sensei es artista. Tiene su propia compañía de producción musical y documentales, Goodmedia, a través de cuya obra la conocí yo. Ha dirigido el documental Lady Samurai (que sigue el proceso de su examen de séptimo dan en Japón) y producido otro, Black Belt, que está disponible online.

¿Cómo empezó Goodmedia?

Goodmedia se constituyó en 2003, pero no empecé realmente a desarrollar la compañía hasta 2007: había dejado mi trabajo para cuidar de mi madre y dedicarme al cien por cien a mi propia empresa. Me sentía muy cómoda dirigiendo documentales y produciendo música. La música es mi primer amor: empecé a tocar el piano y a componer a los seis años.

¿Cuáles son sus próximos proyectos después de Lady Samurai?

Lady Samurai fue un regalo para mi hermano, y si puedo continuar compartiendo mis experiencias para ayudar a otras personas, lo haré encantada.

Lady Samurai es un nombre que me puso un periodista de la revista Combat hace muchos años, después de una exhibición en Londres. Se quedó y mucha más gente empezó a llamármelo, así que no me quedó otra que asumirlo. Mi viaje a Japón para obtener el Renshi era algo muy especial, y quería que mi hermano Clive viniera conmigo. Habíamos compartido mucho ya, sobre todo como artistas marciales. Sin embargo, él estaba muy enfermo y desgraciadamente pronto moriría. Así que quise grabarlo todo para él, para que pudiera ser parte de mi experiencia. Sentía también que ojalá aquello pudiera animar a otras personas a seguir su corazón y sus sueños, y creer que nada es imposible. A posteriori, experimentar todo aquello no fue fácil, pero descubrí quiénes de mi entorno estaban auténticamente a mi lado, y por ello estoy extremadamente agradecida.

Hablando de Lady Samurai. En mi vida como kendoka he vivido y presenciado algunas situaciones de, ya que no discriminación, sí cierto paternalismo hacia las mujeres kenshi; y me gustaría saber si ha pasado por algo semejante.

Esta es una cuestión interesante, de la que se podría hasta escribir un libro: de hecho, hace tiempo empecé un libro sobre el tema, y quizá sería hora de terminarlo. Sé a qué te refieres, y lo entiendo completamente. No es fácil, y he tenido que aprender una lección muy importante sobre dejar estar las cosas, mostrar compasión hacia cualquiera con quien entrene o a quien enseñe. He pasado por momentos difíciles, que me entristecen todavía cuando pienso en ellos, pero del mismo modo he tenido apoyos y detalles conmigo de lo más inesperados, que me han devuelto la sonrisa, me han dado esperanzas, y me han devuelto la fe en la naturaleza humana.

¿Ve alguna diferencia entre las artistas marciales de hoy y las de sus días de principiante?

Había muy pocas mujeres cuando yo empecé. Durante muchos años era la única  chica: otras iban y venían, nunca se quedaban mucho debido a lo duro del entrenamiento. Cuando me invitaron a un evento de la World Martial Arts fui la única instructora presente, pero me sentí respetada y me trataron bien.

Tengo una muy buena relación con otras sensei. Hay un vínculo especial entre las mujeres budoka: una comprensión interior, y una conexión entre nosotras a través del Budo. Su apoyo y sus ánimos son sorprendentes, y tengo muchas historias que algún día compartiré. Me siento privilegiada de haber conocido a otras maestras, y haber entrenado con ellas. Ahora son amigas muy especiales, a las que respeto inmensamente.

¿Cómo ve el futuro Fay Goodman sensei? ¿Cómo le ha enseñado el Budo a afrontarlo?

El Budo es mi vida, y me ha enseñado muchas cosas. En realidad continuo aprendiéndolas cada día, y esta es la belleza del Budo: aprender sobre nosotros mismos en profundidad, si estamos en silencio un momento.

Creo que las cinco virtudes del hakama [las tablas de la parte delantera] son igual de importantes que el plisado trasero, que simboliza nuestro esfuerzo que hacemos para convertirlas en una. Estas virtudes son Honor, Humildad, Justicia, Lealtad y Respeto. He aprendido a no renunciar nunca a nada que crea que es importante y especial para ayudar a los demás. He aprendido lo importante que admitir con honestidad que nos hemos equivocado y a soltar cuando no podemos cambiar una situación o a una persona con la que discrepamos.  He aprendido humildad para aceptar mis deficiencias y a difundir la paz, la armonía y la buena voluntad allí donde pueda.

"No imagino mi vida sin Budo". Hablando con Fay Goodman

En el segundo post de este blog, en vísperas del Campeonato de Europa de Iaido, colgué un vídeo de Fay Goodman sensei. Gracias a la gestión de mi profesor Santiago Velasco conseguí intercambiar una serie de correos con ella y le propuse esta entrevista, que espero sea la primera de muchas más.

Fay Goodman es Séptimo dan Renshi en Muso Jikiden Ryu Iaido y Octavo dan en Shinto Ryu. Actualmente se dedica a la enseñanza de Iaido y Jodo a tiempo completo en su propio dojo, Masamune, en Birmingham. Es artista, diseñadora de joyas, productora musical y documentalista, y dirije su propio estudio, Goodmedia.

Fotografía de Fay Goodman Nanadan Sensei en su Iaido Dojo, Masamune, en Birmingham, UK

(c) Fay Goodman – Masamune Dojo

Según tengo entendido, su relación con el Budo comenzó a través del Karate. ¿Qué edad tenía entonces?

Empecé a los 15 años, en un sistema llamado Shodin Tao, que incluía Karate Shotokan como base principal, y otros sistemas como el taekwondo. De ahí empecé a estudiar formas puras como Aikido o Shukokai Karate. Era muy bien sistema. Llegué al Iaido a través de uno de mis compañeros de Shodin Tao.

El Shodin Tao es un arte marcial mixta creada en 1964 por el instructor del SAS Alan K. Hunt, que se practica fundamentalmente en Reino Unido y Francia.

¿Le resultó difícil compaginar karate y iaido mientras los practicó al mismo tiempo? ¿Qué equilibrio tuvo que hacer entre ambas prácticas?

Al haber estudiado y practicado ya varias formas puras, empezar a hacer iaido se sentía como una evolución natural: llegué al Iai por casualidad, como he dicho. Nunca había oído hablar del iaido, así que no estaba buscándolo. Me fascinó y me involucré totalmente en el aprendizaje de este arte tan bella: la primera etapa no fue fácil, fundamentalmente a causa de un sable muy pesado que no me convenía, pero ¡fue un gran inicio! Me di cuenta de que el Iaido se adaptaba muy bien a mis otras prácticas y me proporcionó una buena base.

Por otro lado, tanto Karate como Iaido son Budo. ¿Cómo se relacionaba una práctica con otra? ¿Ha podido con los años aplicar principios del Karate al Iai (o viceversa)?

Interesante pregunta. Todas las Artes Marciales, si se enseñan correctamente y se estudian con dedicación, son muy beneficiosas tanto para la mente como el cuerpo y el espíritu. Personalmente, trato el iaido por separado en tanto su aproximación, su sentimiento y actitud son únicas: llevamos una espada y trabajamos para ser uno con la espada (de la misma manera que trabajamos para unir la mente, el espíritu y el cuerpo).

Cuando hago karate, utilizo mis movimientos y mi energía interior para defenderme y atacar utilizando mi propio cuerpo. El equilibrio es distinto, con eje de gravedad bajo, los pies bien firmes en el suelo. El aikido, por otra parte, tiene movimientos fluidos en las partes superior e inferior del cuerpo, mientras que el centro se mantiene fuerte. La gente que conozco que llega al iaido desde el karate suele adaptarse rápidamente a las posiciones _aunque tienen que trabajar su talón trasero_, pero sus cortes son, habitualmente muy duros, con mucha fuerza. Los practicantes de aikido suelen cortar mejor, ya que aplican los principios de suavidad y fluidez. Sin embargo, les cuesta un poco más dar con la postura correcta.

Todavía disfruto practicando sistemas mixtos, ya que puedes obtener lo mejor de cada mundo, siempre que se respete cada arte en su identidad y con sus fortalezas particulares.

¿Está ahora concentrada en el Iaido?

Sí. Creo que Iaido y Jodo son ahora mi objetivo principal, pero siento que es importante para mí continuar practicando otras artes, especialmente si tienes en cuenta aspectos como la defensa personal o el ejercicio físico.

The Practical Encyclopedia of Martial Arts

Portada de The Practycal Enciclopaedia of Martial Arts (ed. 2004)

¿Cuándo empieza uno a enseñar? Usted no es sólo sensei, también es una divulgadora: ha escrito varios libros y dirigido un documental sobre Budo. ¿Siempre tuvo la divulgación o la enseñanza entre sus objetivos?

Practicar artes marciales, y en concreto la práctica del iaido, me ha dado muchísimo. No puedo imaginarme mi vida sin la belleza de las artes que practico. Hacerme profesora fue un proceso natural: podemos dar mucho de nosotros cuando ayudamos a los niños (o a gente de cualquier edad) a hacerse una idea de lo que les espera si practican: les dará confianza, autoestima, agilidad, forma física disciplina y concentración… ¡sólo para nombrar unas pocas cosas!

Hábleme de su escuela, el Dojo Masamune. ¿Cómo empezó todo?

Estaba estudiando iaido en Birmingham y acabé totalmente sola: la gente empezó a mudarse o dejaron de entrenar por motivos de salud. Para mantener el dojo en marcha, decidí abrir yo misma una escuela y ver qué pasaba. Yo ya estaba enseñando Shinto Ryu (que es mi sistema mixto de Karate, Aikido y Jujutsu) junto a mi hermano Clive, así que enseñar iaido parecía la progresión natural.

Además de instructora y divulgadora, Fay sensei es artista. Tiene su propia compañía de producción musical y documentales, Goodmedia, a través de cuya obra la conocí yo. Ha dirigido el documental Lady Samurai (que sigue el proceso de su examen de séptimo dan en Japón) y producido otro, Black Belt, que está disponible online.

¿Cómo empezó Goodmedia?

Goodmedia se constituyó en 2003, pero no empecé realmente a desarrollar la compañía hasta 2007: había dejado mi trabajo para cuidar de mi madre y dedicarme al cien por cien a mi propia empresa. Me sentía muy cómoda dirigiendo documentales y produciendo música. La música es mi primer amor: empecé a tocar el piano y a componer a los seis años.

¿Cuáles son sus próximos proyectos después de Lady Samurai?

Lady Samurai fue un regalo para mi hermano, y si puedo continuar compartiendo mis experiencias para ayudar a otras personas, lo haré encantada.

Lady Samurai es un nombre que me puso un periodista de la revista Combat hace muchos años, después de una exhibición en Londres. Se quedó y mucha más gente empezó a llamármelo, así que no me quedó otra que asumirlo. Mi viaje a Japón para obtener el Renshi era algo muy especial, y quería que mi hermano Clive viniera conmigo. Habíamos compartido mucho ya, sobre todo como artistas marciales. Sin embargo, él estaba muy enfermo y desgraciadamente pronto moriría. Así que quise grabarlo todo para él, para que pudiera ser parte de mi experiencia. Sentía también que ojalá aquello pudiera animar a otras personas a seguir su corazón y sus sueños, y creer que nada es imposible. A posteriori, experimentar todo aquello no fue fácil, pero descubrí quiénes de mi entorno estaban auténticamente a mi lado, y por ello estoy extremadamente agradecida.

Hablando de Lady Samurai. En mi vida como kendoka he vivido y presenciado algunas situaciones de, ya que no discriminación, sí cierto paternalismo hacia las mujeres kenshi; y me gustaría saber si ha pasado por algo semejante.

Esta es una cuestión interesante, de la que se podría hasta escribir un libro: de hecho, hace tiempo empecé un libro sobre el tema, y quizá sería hora de terminarlo. Sé a qué te refieres, y lo entiendo completamente. No es fácil, y he tenido que aprender una lección muy importante sobre dejar estar las cosas, mostrar compasión hacia cualquiera con quien entrene o a quien enseñe. He pasado por momentos difíciles, que me entristecen todavía cuando pienso en ellos, pero del mismo modo he tenido apoyos y detalles conmigo de lo más inesperados, que me han devuelto la sonrisa, me han dado esperanzas, y me han devuelto la fe en la naturaleza humana.

¿Ve alguna diferencia entre las artistas marciales de hoy y las de sus días de principiante?

Había muy pocas mujeres cuando yo empecé. Durante muchos años era la única  chica: otras iban y venían, nunca se quedaban mucho debido a lo duro del entrenamiento. Cuando me invitaron a un evento de la World Martial Arts fui la única instructora presente, pero me sentí respetada y me trataron bien.

Tengo una muy buena relación con otras sensei. Hay un vínculo especial entre las mujeres budoka: una comprensión interior, y una conexión entre nosotras a través del Budo. Su apoyo y sus ánimos son sorprendentes, y tengo muchas historias que algún día compartiré. Me siento privilegiada de haber conocido a otras maestras, y haber entrenado con ellas. Ahora son amigas muy especiales, a las que respeto inmensamente.

¿Cómo ve el futuro Fay Goodman sensei? ¿Cómo le ha enseñado el Budo a afrontarlo?

El Budo es mi vida, y me ha enseñado muchas cosas. En realidad continuo aprendiéndolas cada día, y esta es la belleza del Budo: aprender sobre nosotros mismos en profundidad, si estamos en silencio un momento.

Creo que las cinco virtudes del hakama [las tablas de la parte delantera] son igual de importantes que el plisado trasero, que simboliza nuestro esfuerzo que hacemos para convertirlas en una. Estas virtudes son Honor, Humildad, Justicia, Lealtad y Respeto. He aprendido a no renunciar nunca a nada que crea que es importante y especial para ayudar a los demás. He aprendido lo importante que admitir con honestidad que nos hemos equivocado y a soltar cuando no podemos cambiar una situación o a una persona con la que discrepamos.  He aprendido humildad para aceptar mis deficiencias y a difundir la paz, la armonía y la buena voluntad allí donde pueda.

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